La caja de Pandora está abierta, y este verano tenemos diversión para rato. Uno de los grandes chanchullos políticos está al descubierto. El chanchullo en cuestión es que mucho “militante” está ocupando puestos públicos, con jugosos emolumentos y sin titulación, y lo que es aún peor, sin conocimientos.
Me puedo imaginar cómo va esto.
Padre militante en el partido que, tras disfrutar de su sueldo público durante décadas, quiere lo mismo para su camada.
Pepito (el militante perruno):
– Mira a ver si me colocas al niño que es un poco vago y muy zote.
Manolito (cánido ascendido a depredador):
– ¡Nada hombre! eso está hecho. Hay un puesto en “la bufa la gamba” de la Dipu. Te lo coloco ahí el mes que viene.
Pepito:
– ¿Y para eso de “la bufa la gamba” no hace falta una licenciatura? Es que el niño no tiene ni estudios secundarios. Es tonto con avaricia.
Manolito:
– Pepito, no te preocupes, sacamos de por ahí el título de algún funcionario con oposición aprobada, y hacemos un apaño en una reprografía. Es fácil.
Pepito:
– ¿Y el trabajo que conlleva ese puesto quién lo va a hacer? Porque el niño ¡ni de coña!
Manolito:
– No te preocupes, por debajo de ese puesto hay funcionarios con oposición aprobada que se encargan del curro. El niño como si no aparece por la oficina. Total, con que se deje caer en dos actos y le hagan dos fotos lo tenemos arreglado.
Pepito:
– ¡El partido es mi vida!
Y así más o menos es cómo debe de ir la cosa. No sabemos cuántos habrá, ni en qué puestos, pero lo lógico es empezar a verificar titulaciones en los puestos más altos. Las sorpresas no se harán esperar. A partir de ahí, se va bajando y la diversión continuará, porque los “amigos de mis amigos son mis amigos”.
Lo cierto es que, si no estamos peor, seguramente es porque hay funcionarios de verdad, que hacen el trabajo y justifican esos sueldos.
Pero, cuando hay que tomar decisiones y los de abajo se ponen de perfil porque la cosa no es responsabilidad suya, en ese momento, llegan los problemas. Problemas para los contribuyentes, por supuesto, porque, aunque el niño de Pepito haga una estupidez, nadie le va a pedir responsabilidades y mucho menos va a tener que asumir consecuencias, para eso ya se buscan algún juez simpatizante con las siglas del partido.
Esto ocurre porque, posiblemente, como nadie quiere problemas, los títulos y demás requisitos nadie los verifica. Se admiten, y así no hay problemas con “los de arriba”. Tampoco debe de haber mucho control con lo que hace Pepito o Manolito. O más bien con lo que “no hacen”.
Y así es cómo llegamos a la actual situación. Ministerios plagados de parásitos, instituciones infectadas y muchas ya, con necrosis. Servicios públicos chapuceros en el mejor de los casos y en el peor, totalmente ineficaces. Trámites farragosos, citas previas para pedir cita. Teléfonos con robots y musiquitas. Oficinas vacías que no te pueden dar cita hasta dentro de seis meses…
Y, sin embargo, curiosamente, si se pierde el tiempo un poco y se mira cuánta gente hay en tal o cual organismo, ministerio o cualquier cosa de esas tan “oficiales”, uno se encuentra con tantos puestos que parecen la corte de Luis XIV.
“El real portador del real bacín”. O, traducido al español: el subsecretario del secretario del delegado comarcal del director adjunto del director para la “bufa la gamba” para la sostenibilidad y la igualdad de género. Alto funcionario con sueldo anual de seis cifras, coche oficial, “casa oficial”, dietas y “beneficios”.
¿Quién no lo querría? ¿Quién no lo querría para sus hijos?
Pues ya sabe, afíliese al partido correcto, o al incorrecto (siempre puede cambiar de chaqueta) y empiece a pelotear y aplaudir como una foca cuanta ocurrencia escuche en los mítines del Secretario General, el Coordinador general y el sursuncorda. No olvide tampoco radicalizarse y echar espumarajos frente a cualquier cosa que se salga de su ideario, y voilà. Algún día ese puesto puede ser suyo. Y lo que es aún mejor, sus hijos pueden acabar ocupando puestos similares. Sin estudios, sin conocimientos ni experiencia. Su militancia puede hacerlos ganadores de un sueldo Nescafé de por vida. ¿Quién se va a enterar?
¿Quién puede venir a tocar las narices? ¿un funcionario que opositó durante años y al fin está “colocado”?. ¡Ni por asomo!.
De lo único que debe cuidarse es de la competencia. En los demás partidos puede haber gente tan “hambrienta” como usted, que, con tal de quitarle la silla, son capaces de abrir la caja de Pandora. Aunque la epidemia se extienda de forma generalizada, y salgan los pecadillos de moros y cristianos.
Sin profundizar mucho, salta a la vista que hay muchos, muchísimos puestos inútiles, duplicados o triplicados, para poder colocar a los “fieles” de cada parroquia. Puestos cuyos requisitos son muy exigentes, por (creo yo) dos razones. La primera es que sea muy difícil acceder de forma honesta, para (y esta es la segunda razón) poder colocar a dedo a quien se quiera.
Así que ya sabe, no trabaje, no estudie. Afíliese.












