Todos hemos sido jóvenes, y esa juventud suele venir acompañada de cierta idiotez, por lo que, de alguna manera, todos hemos sido idiotas alguna vez. Yo, al no estar muy lejos de mi juventud, mantengo mi estupidez en unos altos niveles, pero sin duda recuerdo el momento en el que fui realmente un imbécil profundo.
Corría el año 2015 y yo tenía 14 años cuando salió una de las series que revolucionó el mundo, una de las series que convirtió a Netflix en la plataforma que es hoy día: Narcos. Narcos fue una serie que blanqueó el crimen y protagonizó el auge de las series sobre narcotráfico y crimen organizado.
Siempre se ha romantizado a los criminales, desde Scarface (El precio del poder) hasta Dahmer
Sin embargo, el impacto cultural que tuvo la serie narcos no tuvo parangón; fue una explosión que alcanzó todos los países y todos los niveles de la sociedad. Y lo peor, alcanzó todas las edades, con una romantización de la vida criminal y cierta empatía hacia los criminales.
Los jóvenes defendían a Pablo Escobar, un asesino en masa, un psicópata que dirigía una de las mayores organizaciones criminales y cometía las mayores atrocidades disfrutando de ellas. Muchos otros querían imitarlo, conseguir lo que consiguió porque, como te venden en la serie, “él empezó desde abajo”; vamos, un poco más y te lo ponen a la altura de Amancio Ortega.
Y entre aquellos jóvenes imbéciles que defendían las actuaciones de este asesino, estaba yo
Imbécil, imbécil, con todas las letras y acento en la e. Recuerdo discusiones con mi padre sobre si este narcotraficante había sufrido, si lo que había conseguido lo había conseguido por sus propios medios; vamos, como si fuera un empresario.
Mi pobre padre tuvo que aguantar una sarta de estupideces que nunca se cansó de escuchar y de rebatir, hasta que yo, encendido, me iba de la cocina y me ponía otro episodio. Me llegó a enviar una entrevista al hijo de Pablo Escobar, Juan Pablo Escobar, en la que él mismo decía el daño que hacían series como esta y lo que fue realmente su padre, un asesino.
Yo, en mi delirio, obvié esta entrevista y seguí defendiendo a capa y espada al mayor criminal colombiano de la historia
Por suerte, el tiempo pasa y las personas evolucionan, y aunque a veces no dejamos de ser imbéciles, comenzamos a pensar las cosas por nosotros mismos y a quitarnos las vendas que nos tapaban los ojos. Tuvieron que pasar un par de años y la fiebre del narcotráfico para que reposara los pensamientos y, en ese momento, llegó a mis manos Gomorra, un libro de Roberto Saviano en el que se contaba la verdad sobre el crimen organizado.
Y es que netflix y cada vez más plataformas apuestan por historias de asesinos, psicópatas y criminales de todo tipo
Pero no hay tantos títulos que hablen de personas como Martin Luther King, como Mandela… Es obvio que el crimen siempre atrae más que la bondad, pero a lo que juegan estas empresas es muy peligroso. En la serie de 2022 de Dahmer, podemos ver a un joven atlético, fuerte, rubio y guapo como protagonista, que, aunque conserva cierto parecido con el carnicero de Millwaukee, su atractivo desborda el del original.
Cada vez los criminales en las series son más guapos, atractivos y simpáticos, lo que te ayuda a empatizar con él y a confundir la realidad con un relato falso
Hannibal Lecter era lo que era y su aspecto lo decía, y aunque podías llegar a empatizar con él, la propia película te marcaba que era el malo y que era un psicópata; te marcaba una línea que cada vez es más difusa en las series actuales.
Es esta romantización de los criminales que perpetran cada día paltaformas como Netflix la que cada vez confunde más a jóvenes y adultos, vendiendo una fantasía disfrazada de “true crime”, en la que los criminales obtienen un reconocimiento que nunca se merecieron, mientras otras figuras se pierden en el olvido












