Desde Vox llevamos tiempo advirtiendo de un intento constante de diluir la identidad valenciana. Lo ocurrido con Diana Morant en las Fallas no es una anécdota: es la confirmación.
No es un error. No es un lapsus. No es casualidad. Es una forma de hacer política.
La visita de la «líder» socialista a Valencia durante estos días deja una imagen difícil de maquillar: improvisación, desconexión y oportunismo.
Viene a las Fallas, pero no las conoce. Pisa Valencia, pero no la entiende. Habla, pero no acierta.
No era una visita institucional más. Era una operación política en toda regla. Con encuestas en contra y un contexto complicado, decidió refugiarse en el calor popular de las Fallas. Balcones, mascletás, cámaras… y finalmente la Ofrenda a la Virgen de los Desamparados.
Hasta ahí, todo dentro de lo previsible.
El problema llegó después.
Porque cuando alguien pisa Valencia y no sabe ni cómo se llama la Cremà, no estamos ante un simple error. Estamos ante algo más profundo.
“Cremada”…
Así, sin matices. Sin corrección. Sin respeto.
¿De verdad alguien que aspira a presidir la Generalitat no sabe cómo se llama uno de los actos más importantes de nuestras Fallas?
¿De verdad estamos ante un despiste… o ante algo mucho más evidente?
Diana Morant viene a Valencia y no sabe ni cómo se llama la Cremà.
O no venía preparada… o venía a lo que venía.
Y ahí está la clave.
Porque no fue solo el gazapo. Fue el contexto. Fue el mensaje. Fue el momento elegido para soltar un “no a la guerra” completamente ajeno al acto.
Dice “cremada”.
Dice “no a la guerra”.
Pero no dice ni una sobre Valencia.
¿Dónde está el respeto?
¿Dónde está el conocimiento?
¿Dónde está el compromiso real con lo nuestro?
Cuando no conoces lo que pisas, acabas intentando cambiarlo.
Cuando no respetas lo que es, acabas diluyéndolo.
Cuando no entiendes Valencia, acabas atacando su esencia.
Y eso es exactamente lo que empieza a percibirse. No como un error aislado, sino como una tendencia.
Confundir la Cremà no es un error. Es una declaración.
Porque primero llegan los lapsus.
Luego las reinterpretaciones.
Después las imposiciones.
Y al final, la desaparición de lo propio.
Valencia no se traduce.
Valencia no se adapta.
Valencia no se negocia.
Pero hay algo aún más revelador en todo esto. Mientras ocurría este episodio, Morant decidía ausentarse de la sesión de control al Gobierno para estar en Valencia.
¿Qué era más importante?
¿Cumplir con su responsabilidad o salir en la foto?
¿Trabajar por los españoles o hacer campaña en Fallas?
La respuesta, por desgracia, ya la hemos visto. “Cremada”, pancartas y postureo. Ni idea de Valencia, pero mucha prisa por cambiarla.
No es un lapsus. Es un plan.
Y frente a quienes vienen a “catalanizar” las Fallas, Vox lo tiene claro: defender lo nuestro, proteger nuestra identidad y respetar nuestras tradiciones.
Aquí no hay “cremada”. Aquí hay Cremà. Y eso no se toca ni se tocará jamás.
José Gosalbez Payá
Portavoz GM Vox Ayuntamiento de Valencia
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