
¿En qué momento hemos perdido el norte? ¿Cómo es posible que un periodista escriba esto en una red social? ¿En qué momento le pareció gracioso o una buena idea?. Tengo varias teorías. La que parece más evidente, es que se trata de uno de esos que van de listos, “intelectuales” que se creen que sus defecaciones mentales son graciosísimas. Otra es, que es un esbirro que cumple órdenes sin cuestionarse nada, y que, por lo visto, recibió la orden de “agitar el avispero”.
De indignar lo suficiente, como para recibir una catarata de insultos (bien merecidos) y aprovechar para ir cerrando cuentas. Y mientras escribo este artículo, se confirma que así ha sido. Presume de haber recopilado más de 300 amenazas. Claramente esta era su intención. Y lo de cumplir las órdenes también se confirma, porque una asociación fundada por este periodista recibió 660.000 euros en subvenciones del gobierno ( segun La Gaceta ).
Muchos medios están comprados, sus informaciones son sesgadas, tendenciosas o directamente mentiras. Y lo peor que les podía pasar son las redes sociales. Hoy en día, cualquier persona lleva una cámara encima. Cualquier persona en cualquier parte puede transmitir vídeo y fotografías y eso hace muy difícil tener el monopolio de la información.
Hace ya bastante tiempo, que la desaparición de muchos medios y televisiones es una muerte anunciada.
Por mucho que lo intentan, “no se pueden poner puertas al campo”. Las redes son empresas supranacionales a las que les importa, entre nada y menos, los miserables intereses de estos medios. Les da igual si desaparecen, no son su negocio.
La polarización con la que nos tienen entretenidos, en gran parte es culpa de estos medios y los intereses políticos que están detrás. El incesante goteo de escándalos, los ataques y las mentiras ya no dependen solo del interés político de los medios. Entre esto, están las redes sociales. Y lo cierto es que hay mucha “broza” en uno u otro polo.
Lo cierto, es que una mentira da la vuelta al mundo antes de que la verdad se haya calzado. Esto lo saben unos y otros. Esto es de primero de manipulación.
Desde hace ya bastantes años el monopolio de la información está desapareciendo y a las televisiones, por ejemplo, les quedan muy pocos espectadores. lo más probable es que se les estén muriendo, porque muchos son personas muy mayores. Y no hay reemplazo. La gente ve cada vez menos la tele. Y, sobre todo, tras el “bajón” de hace cuatro años, con las turras durante la pandemia. “Risas aseguradas” ¿lo recuerdan?, mientras, miles de ancianos morían abandonados en las residencias. Mientras nos aburrían de forma inmisericorde con los “Aló presidente”, el señor de la almendra y los balbuceos de Yoli, la gente se moría y ellos nos atormentaban con una serie de Carlos Bardem “el hermanísimo”.
Otro tanto ha ocurrido con prensa escrita. Hemos normalizado lo de definir la prensa como de derechas o de izquierdas. Y no sabemos por qué, nadie define como “neutral” a ningún medio.
Con este panorama, no es de extrañar que cuando entran en pánico (como ahora con la riada) intenten todo tipo de maniobras. Y por descontado, siempre hay un bobo disfrazado de listo que se presta al juego y les hace el trabajo sucio. Las redes sociales y en especial X, más conocida como Twitter, son una jungla. Se mezcla todo tipo de información verídica o falsa, con interpretaciones o tergiversaciones a gusto del consumidor polarizado. Sacar algo en claro supone un gran esfuerzo, por lo que muchos, han optado por simplificar y creer a pies juntillas lo que digan los de “su cuerda”.
De esta algarabía pueden salir cosas tan infames como el mentado twit, mensajes tan miserables que cuesta creer que existan.
Otro intento, es esa nueva ley que quiere colarnos el gobierno, intentando que los usuarios tengan que rectificar si lo que están diciendo no conviene al poder. Una estupidez del tamaño de Australia. Hay una y mil formas de saltarse a la torera la ley. Ya lo dice el refrán “hecha la ley, hecha la trampa”. Repito, que están intentando poner puertas al campo y no depende de ellos. Están intentando manipular la realidad con su neolenguaje, pero al final lo único que consiguen es contaminar el diccionario. Antes, algo era verdad o era mentira. Ahora tenemos el “bulo”, que depende de la conveniencia del bando emisor y del bando receptor. Absolutamente fascinante












