Este evento, que parece ser de origen estadounidense, es realmente originario del Reino Unido, se remonta al siglo XIX, y se ha convertido en una celebración importante entre los meses de mayo y junio, para los jóvenes y sus familias: el final de una etapa, y el inicio de una nueva aventura. Si le preguntamos a un profesional de venta en moda, la contestación, seguro, es menos poética: adolescentes en un estado febril, que no saben qué ponerse, nada les parece bien y con nada se ven favorecidos.
A todo esto, añadiremos a la mamá, hermana o amiga, intentando que se compre lo que le gusta a ella, o cuestionando el gusto de la interesada: “Ese color no te favorece, no te acopla bien a tu figura, o es muy escotado”, y la vendedora cortándose, simbólicamente, las venas con una percha.
Salvemos de este comentario a los muchachos, que, como en muchas cosas, lo siento, son más facilones. Estrenar, posiblemente, su primer traje chaqueta, es una nueva experiencia, que les hace sentirse más adultos, y van a dar poca guerra.
Una graduación es un evento festivo, sin duda, pero cargado de emotividad y cierta solemnidad, por ello requiere de elegancia para los chicos:
salir de los tejanos y las deportivas es lo correcto, y son muy apropiados los trajes de chaqueta en colores negros, marinos y grises, en todos sus matices. La corbata es un elemento extraño para ellos, y muchos optan por no llevarla, y no me parece mal, les da algo más de frescura. Que los vamos a ver raros, seguro; cuellos y corbatas torcidas y un desaliño natural que solo se elimina con los años, y, en algunos casos, ni con eso. Precisamente los accesorios pueden reflejar tu personalidad: corbata, tirantes, lazo (uno de mis maestros en moda, Rafael Marín, de Grand Style, decía que no se llama pajarita, que es lazo, que la pajarita es la compañera del pajarito).
Resueltos los chicos, entramos en materia, las jóvenes:
“Mamá, ¿qué me voy a poner para mi graduación? Debe ser elegante, pero no exagerado, ¿y que quedará mejor, corto o largo? Todas estas deliberaciones quedarán en el limbo de las intenciones cuando empiecen a probarse. Insisto: flaco favor el de muchas madres, demasiadas para mi gusto, intentando influir en su decisión, como si todavía estuvieran comprando el traje de la primera comunión, donde su criterio se imponía con fuerza.
Pues bien, son apropiadas ambas opciones: vestidos cortos y largos; si es de día, no hay duda, un vestido corto, con colores neutros, azules, rosa palo, verdes suaves o amarillo pastel, son muy apropiados.
Huyamos del blanco tanto para la mañana o la noche, aunque hay quien lo recomienda (en mi opinión, puedes parecer una novia), y optaría por los marfiles o beiges. Por la noche, tendría en cuenta, lo primero, tu morfología: si eres alta y delgada, un vestido largo es perfecto, estiliza tu cuerpo; si eres más bajita, los vestidos de cóctel en corto pueden alargar tus piernas y sacar un mejor partido a tu figura. Igualmente, si no eres muy alta, o tienes mucho pecho, aléjate de tejidos florales grandes, adornos voluminosos en el escote, o mangas abullonadas. Los estampados son muy personales, pero si buscas elegancia, la solución son los vestidos lisos o con estampados pequeños; es un clásico, pero el negro es una apuesta segura.
Colores apropiados para la noche en vestidos largos, aparte del negro, los burdeos, rojo, morado, esmeralda y los tonos metálicos, plata, oro o cobre; las aberturas en la pierna, moderadas; los escotes, palabra de honor o la espalda al aire, terminarán esa imagen elegante.
Hay un estilismo que me parece muy refinado, y que reconozco que no pueden llevar todas las mujeres, pero es tremendamente elegante, o a mí me lo parece: el traje chaqueta negro con camisa blanca. Un traje sofisticado, que puede ser en raso, sin duda, con un tejido con peso o caída, bien estrecho, marcando figura o un tanto oversize; la camisa con volumen en los puños o cuello, dándole sofisticación y un aspecto muy elegante.
Lo mejor es buscar una prenda que se acople bien a tu cuerpo y que te favorezca, después se elige el tono y el estilo, es lo fundamental; recuerdo un spot publicitario mítico con Naomi Campbell y Claudia Schiffer donde la primera lucía un vestido amarillo espectacular; las señoras venían y preguntaban por ese vestido, había casos donde no se podía y además era imposible; por eso, ¡mamás!: dejen crecer a sus niñas, seamos realistas con nuestras características físicas, y ajustemos una prenda con posibilidades de favorecer. Seguro que será un día precioso, que no olvidarán y lucirán muy elegantes.











