“Y escribo por el arte que inventaron
los que el vulgar aplauso pretendieron,
porque, como las paga el vulgo, es justo
hablarle en necio para darle gusto.”
– Lope de Vega –
Hay leyes muy sencillas que explican el mundo. Por ejemplo, la gravedad: si tiras una piedra al aire, termina cayendo.
O el principio de Arquímedes: cuando intentas mantener algo bajo el agua, el agua empuja hacia arriba con una fuerza proporcional al empeño que pongas en hundirlo.
La política, que a veces se presenta como un arte muy sofisticado, suele obedecer a reglas bastante parecidas.
Porque existe otra ley, menos conocida pero bastante fiable. Podría formularse así:
“Una verdad total o parcialmente sumergida por errores o artificios experimenta un empuje hacia arriba proporcional al esfuerzo que se hace por mantenerla hundida.”
Dicho de forma sencilla: cuanto más se intenta mantener algo bajo el agua, más energía acumula para volver a salir.
El pasado día 18 se publicó un nuevo barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas, ese instituto público que pagamos entre todos para intentar averiguar qué piensa el país.
Las encuestas políticas tienen algo de meteorología.
Se recogen datos.
Se aplican modelos.
Y al final aparece un pronóstico bastante convincente sobre lo que está pensando España en ese momento.
Durante unas horas todo parece muy claro.
Los gráficos son elegantes.
Las interpretaciones también.
Y algunos portavoces hablan con una seguridad que haría palidecer a los presentadores del tiempo cuando anuncian tormenta con sol radiante.
Pero la política tiene una particularidad interesante: la realidad suele intervenir más tarde.
A veces, unos meses después.
A veces, el día de las elecciones.
Y entonces ocurre algo curioso.
Los números que parecían tan sólidos empiezan a moverse.
Las tendencias cambian.
Las certezas se vuelven más prudentes.
Y el país termina haciendo lo que el país quiere hacer, que es una costumbre bastante difícil de predecir desde un despacho.
Arquímedes descubrió hace más de dos mil años una cosa muy sencilla: cuando intentas hundir algo en el agua, el agua empuja hacia arriba.
La política tiene fenómenos parecidos.
Porque el problema de intentar hundir un corcho es que el agua no suele leer el informe.
Y, sin embargo, siempre aparece alguien dispuesto a explicar con gran convicción que el corcho, en realidad, es de plomo.
Pero el agua sigue siendo agua.
Y la realidad tiene una paciencia infinita.
Puede tardar un poco.
Pero termina apareciendo.
Y en estas cosas siempre recuerdo algo que decía mi abuelo Melchor, que de política sabía lo justo, pero de la vida sabía bastante.
Decía:
“Hijo, cuando mucha gente se empeña en decir que el río va para un lado, lo mejor es mirar el agua.
El agua siempre acaba encontrando el camino cuesta abajo.”- Melchor de Astracán
Faldón de Astracán y Crespo












