Ni series americanas, ni telenovelas turcas. Ahora lo que mola son los K-dramas. Aquellas series coreanas que han conseguido conquistar nuestro corazón.
Hace no mucho tiempo, estaba sentada en el sofá junto a mi abuela y mi perro. Era verano. La pasábamos compartiendo en casa debido al calor. Estábamos buscando qué ver en el catálogo de Netflix. Pero lamentablemente, llegamos al mismo problema frecuente: mucho bestseller, pero nada nos tentaba. Fue así cuando le dimos la oportunidad a estas series coreanas.
Me resulta muy gracioso. Mi abuela era muy cerrada de mente. Creo que nunca habíamos pensado en ver producciones asiáticas al ser “de otro universo”. “Son todos iguales”, pensábamos ante la falta de familiaridad con la diversidad de rostros en Asia. Pero una vez que empezamos nuestra primera serie, no hubo vuelta atrás.
Mi abuela, con todo el tiempo a su disposición, ha visto todas las series coreanas de Netflix. Le encantan. Hasta se ha aprendido los nombres de los actores: “¿Has visto esta serie de Lee Min-ho?”. Y una aquí sin aprenderse ni los nombres de actores españoles.
Las comedias americanas destacan por el mismo transcurso de siempre. Si son de amor, dos personas se enamoran, surge un problema y vuelven a quedar juntos al final (ya que odiamos el pesimismo). Las telenovelas turcas nos mantienen en tensión. Destacan por la cantidad de horas, capítulos y el fanatismo por parte de las canguras que me cuidaban de pequeña.
Las series coreanas no son muy largas. Se parecen a las americanas, aunque en mi opinión, a veces tienden a ser más cursis, creativas y exageradas. Si hay amor, suena una canción que aunque no la entendamos, es más romántica que la de cualquier serie norteamericana.
“Tu abuela mola”, dicen mis amigas. Una de las mejores series K-dramas que he visto con ella ha sido “Crash Landing on You” (o “Aterrizaje de emergencia en tu corazón”). Obviamente, se trata de romance, pero no queda solo ahí: hay una trama que llama la atención, una historia detrás. Los dos protagonistas se convirtieron en pareja en la vida real, y eso tiene sentido, porque siempre veíamos ese brillo en sus miradas.
También hemos visto “Boys Over Flowers” (o “Casi el paraíso”). Me la enseñó mi abuela. Veíamos un capítulo casi todos los días. El grupo de chicos parecía ser casi como “los Jonas Brothers” de Corea.
La última que vimos fue “Bon appétit, majestad”, una serie parecida a “Outlander” por su temática, solo que más alegre y con comida.
Quizá los K-dramas sean un recordatorio de que a veces vale la pena darle una oportunidad a lo nuevo, incluso a lo exagerado, a lo cursi, a lo diferente. Porque, sin darnos cuenta, esas historias que vienen de tan lejos pueden abrazarnos cálidamente… como una tarde de verano junto al sofá, la abuela y el perro.










