¿Podría llegar a secretario general y candidato a la presidencia en cualquier partido? Desde luego que sí. No hay filtro. Solo manda la pasta.
Esto es España, con esa Constitución “que todos nos hemos dado” y que nos ha traído hasta aquí. Con esa ley electoral totalmente injusta y con una serie de mecanismos de juguete, que nos protegen tanto como un paraguas durante un huracán. Muchos se preguntan con inocencia ¿ cómo es posible que gente que ahora está en la cárcel haya ocupado un ministerio? Pues es muy sencillo. Seguramente, no son la excepción. Habría que investigar a qué se dedican sus señorías, los expresidentes y demás políticos, una vez dejan su poltrona o cuando aún la calientan con sus posaderas. Nos íbamos a quedar de piedra.
Pero el verdadero problema es que lo consentimos y, es más, lo normalizamos.
El verdadero problema es que Jack el Destripador podría presentarse a un debate electoral con las manos manchadas de sangre y mucha gente le votaría para que no gobernaran “los otros”. Gente que te argumentaría tranquilamente que esos “otros” serían peor. Entre esa gente, que es un montón, están los que solo miran por su pensión, los que odian al contrario por cosas que ocurrieron a otras personas hace ya casi un siglo y gente que abrazaría cualquier causa, menos aquella que le afectara directamente. Gente que todavía cree que vivimos en el primer mundo. Gente que no es capaz de admitir la profunda degradación de España en éstas dos últimas décadas.
En España, Jack podría ser presidente. A Jack le firmarían las leyes que le dieran la gana, porque una vez en la Moncloa, a Jack no lo sacarían ni con agua caliente.
Jack tendría un país entero para saquearlo sin que la justicia ni las fuerzas del orden lo detuvieran de inmediato. Jack podría estar años, jugando al gato y al ratón con todos. Nadie querría “mojarse”. Jack podría invadir todas y cada una de las instituciones y ponerlas a su servicio. Jack podría hacerse fabricar un cetro y una corona y nadie podría detenerlo.
No es por dar ideas, pero estoy segura de que hay quién argumentaría en televisión que Jack, es como Dexter; un asesino múltiple pero que solo asesina a “los malos”. Que la sangre que mancha sus manos es “justa”. En esto estamos.
Y quién debería oponerse, no se opondría. Estarían jugando al ajedrez para ver cómo ocupar la poltrona de Jack, llenar el congreso de sus acólitos y con ellos las arcas de su partido. Mientras, España se hundiría como se está hundiendo. Las infraestructuras deshechas, las instituciones plagadas de parásitos, los servicios degradándose cada vez más y los españoles apañándose solos ante cualquier desgracia.
Lo último que le importa a cualquier político en este país son los españoles. Somos bajas o daños colaterales.
Lo último que le importa a la justicia y sus agentes es hacer eso, justicia. Lo que realmente le preocupa a cualquier cargo en España es mantenerse. La excusa, “la presunción de inocencia” que para usted podría no existir si la denuncia es por violencia de género, pero que, si es por malversación de fondos o negligencia criminal, se convierte, por arte de magia, en “muy presunta, inocencia inocentísima”. Pueden pasar veinte años mientras se busca la forma de que el culpable no llegue a pisar el trullo, y que, si lo pisa, a los cuatro días, esté en la calle y con la pasta a buen recaudo. Si usted piensa que esto no es así, haga una lista con aquellos que han cometido este tipo de delitos y compruebe cuantos están en la calle.
Si, esa frase que tanto molesta a nuestros mandamases es más cierta que nunca. “Solo el pueblo salva al pueblo”.
Comprobado. Y ya es hora de que el pueblo, la sociedad civil, pida cuentas. Ya es hora de que tomemos cartas en el asunto y empecemos a emplear las pocas herramientas que tenemos. Ya es hora de exigir los cambios necesarios. De no hacerlo vamos al abismo.
No podemos consentir que gente que nos roba, nos abandona en las catástrofes y no da un palo al agua, nos gobierne y haga con nuestro dinero lo que le viene en gana. No podemos consentir que “lo público” se convierta en un pesebre de vagos y vividores que solo atienden a su nómina.
Espero, de corazón, que no tengamos que lamentar ni una sola desgracia más por la degradación profunda en la que nos hemos sumido, pero lamentablemente, todo apunta a que puede pasar cualquier cosa. Cuando a lo más alto puede llegar lo más bajo, nada bueno puede salir de ahí.












