Los sanitarios y la población general estamos asistiendo atónitos e indignados ante el esperpento que ha provocado nuestra Administración Sanitaria con la nefasta o mejor dicho nula planificación de la administración de vacunas contra el covid-19.

Advertimos ya en el mes de diciembre, con gran preocupación, que desconocíamos el plan de vacunación que debía desarrollar nuestra Conselleria de Sanidad. Por desgracia ha quedado claro que lo desconocíamos porque sencillamente creemos que no existía. Asíha quedadomás que claro a la luz de la sucesión de los acontecimientos.

El Ministerio de Sanidad dejó muy claro en su instrucción el orden y prioridad en esta primera tanda de vacunación. Instrucción totalmente lógica y sensata. En primer lugar a los más vulnerables es decir a los ancianos de residencias de tercera edad y el personal a su cuidado. En segundo lugar el personal sanitario de primera línea, para luego vacunar al resto de personal sanitario y finalmente a las personas de alto riesgo social. Grupos perfectamente definidos y conocidos por nuestros responsables de la Conselleria de Sanitat. Pues bien, esa falta de previsión se ha puesto de manifiesto sólo con menos del 1% de la población en vías de vacunación, que no vacunada ya que no han recibido las dos dosis necesarias.

No quiero pensar que ocurrirá cuando tengamos que vacunar a grupos de población mucho más grandes y externos a la plantilla de trabajadores de la Conselleria de Sanitat. La falta de planificación, de un orden nominal para la administración de las vacunas ha tenido como primera consecuencia que “florezca” la picaresca. Ha  psasado que descubramos día a día personas, generalmente políticos con cargos de responsabilidad, que se han vacunado sin pertenecer a ninguno de estos cuatro grupos prioritarios. Si mal esta saltarse el orden de prioridad peor es permitir que esto suceda. Estas personas no solo no deberían haberse vacunado, simplemente no deberían haber podido.

Eso ha ocurrido porque una vez más se han hecho las cosas mal, se ha improvisado, no se ha contado con el ofrecimiento que una y otra vez hemos hecho los profesionales (colegios, sociedades científicas, sindicato profesional) volviendo a tropezar con la misma piedra. Esto ha provocado que profesionales de primera línea a fecha de hoy sigan si estar vacunados. En el caso concreto de los que tienen la “desgracia” atender pacientes covid en centros privados estén TODOS sin vacunar ni perspectivas a recibir la vacuna que les corresponde.

Y con la segunda dosis ¿qué pasará?, ¿habrá suficientes para que nadie que haya recibido la primera dosis se quede sin revacunar?,  ¿Se citará correctamente a las personas que han recibido la primera dosis en plazo? o ¿se consentirá que se pierdan esas dosis puestas?. La improvisación tiene esas cosas, que dudamos y tememos que por una mala planificación perdamos muchas o pocas de esas dosis que nos llegan a cuenta gotas. Ritmo que de mantenerse prolongará la vacunación mucho más allá de las promesas del Ministerio de Sanidad.

La solución no es “castigar” a los infractores dejándoles sin segunda dosis de la vacuna como ha ordenado el Sr. President de la Generalitat, no estamos para tirar ni una sola Sr. Puig. La solución pasa en primer lugar por asumir responsabilidades y depurarlas. En sancionar contundentemente a quien se ha saltado deliberadamente el protocol y fundamentalmente HACER BIEN LAS COSAS. Es decir planificar y contar con la ayuda desinteresada que los profesionales ofrecemos día a día.

Víctor Pedrera Carbonell
Secretario General del Sindicato Médico CESM-CV