Durante una maratón unos sanitarios intentaban hacer su trabajo y atender a una persona. Algunos de los participantes no pararon en ningún momento, impidiendo salir a la ambulancia.
¿Cómo hemos llegado a esto? Pues de la misma forma que hemos llegado a normalizar y romantizar otras muchas cosas absurdas. De la misma forma que hemos retorcido la realidad y el lenguaje. Con consignas vacías, con palabras bonitas y exaltando cosas que, o no merecen la pena, o son directamente mentira.
Se ha glorificado el deporte hasta el paroxismo.
Se ha llegado a calificar a deportistas como “héroes”. Se ha inculcado durante décadas una fe incuestionable en el deporte y en los deportistas, convirtiendo por “arte de birlibirloque” al que hace deporte en “buena persona”. El deporte es bueno sin discusión, lo que se hace durante su práctica es bueno sin discusión, a quien lo practica hay que facilitarle las cosas “porque está haciendo el bien”. No se dice así de claro, pero es lo que todo el mundo percibe.
Los participantes de la maratón no pararon su carrera por varios motivos, pero el más inquietante es que antepusieron sus “marcas” o finalizar la carrera, por delante de facilitar la atención médica a otro ser humano. Lo importante para estos “héroes” es contar después su marca, hacer un relato y contárselo a todo aquel que no pueda escapar a tiempo. Porque una de las cosas más curiosas, es que a muchas personas no les basta con practicarlo, “tienen que compartirlo”. Y lo comparten como un logro personal que curiosamente creen que interesa al prójimo.
No podemos englobar en esta categoría de “héroes” a todas las personas que hacen deporte, porque sería tan estúpido como meterlas a todas en el mismo saco.
Pero tampoco podemos callar y otorgar. Lo visto durante esa carrera demuestra muchas cosas y la primera es que tenemos distorsionadas muchas cuestiones que deberían estar claras. De ahí que encontremos enjambres de ciclistas circulando sin ninguna precaución y de cualquier forma por cualquier vía. Que no usen los famosos carriles bici porque no les da la gana. Que se metan a toda velocidad por sendas reservadas para caminantes y encima te griten para que te apartes, porque frenar un poco no entra en su ecuación. Porque están convencidos de que tienen derecho a ello. Porque están haciendo deporte, porque es sanísimo. “Porque ellos tienen ese derecho por encima de los demás”. Esto que parece una coña no lo es. Con sus actos, muchos lo demuestran.
Nos han estado adoctrinando sobre las bondades del deporte durante más de un siglo, pero en los últimos años se han pasado. Aquello de que el deporte transmite valores es más que cuestionable a la vista de lo sucedido.
Calificar a un futbolista de “héroe” del partido, compartir el triunfo de un deportista con todo un país, o crear cantares de gesta y biografías edulcoradas sobre gente que ha batido marcas o ganado trofeos, es lo que nos ha traído hasta aquí. Lo que han conseguido es que un montón de gente considere más importante finalizar una carrera que facilitar el trabajo a los sanitarios. Porque no perciben que su actuación esté mal. No comprenden que su actitud pueda perjudicar a otro. Porque están haciendo deporte. Porque llevan meses entrenando para poder llegar a la meta. “Porque se lo merecen”.
Si Nadal gana Roland Garros no comparte el premio conmigo. Ni con ningún otro español. Nosotros no hemos ganado nada, lo ha ganado este señor, de lo cual yo me alegro, pero no tiene mayor importancia para mí. Comprendo que el fútbol como espectáculo arrastre masas, es un negocio boyante, pero no comprendo los saraos como las maratones contra el cáncer, ni las marchas por los derechos humanos en Mali. No comprendo que corten media ciudad para hacer esos aquelarres que no van a arreglar nada y que son una molestia. ¿Cree usted que una carrerita nos acerca más a la cura del cáncer? Está usted en su derecho. Como a decir que la tierra es plana o que existe el Yeti.
La prueba de que esos saraos son adoctrinadores es que cortan siempre circuitos urbanos, cuando podrían irse a un polígono industrial cerrado. Lo que importa es que se vea.
Por eso siempre se habla de “participación”. Es una de tantas tretas con la que se nos atrapa. Muy eficaz, como todas las que nos confieren una “superioridad moral” otorgada.
Usted no puede quejarse porque le hayan cortado las calles durante horas, “están corriendo para curar el cáncer”. Usted no puede quejarse si hay dos septuagenarios en medio de la carretera montados en su bici, charlando tranquilamente. Usted no puede quejarse, aunque trabaje de repartidor y lleve retraso. Usted no puede quejarse, porque los dos ancianos están haciendo deporte. Por eso, a los participantes de la maratón ni se les pasó por la cabeza parar, estaban haciendo deporte. Si el de la ambulancia moría por el retraso no era asunto suyo. Ellos habían entrenado y tenían que llegar.
Esto debería hacernos reflexionar mucho sobre cómo percibimos algunas cosas que damos por sentado. Esto debería hacernos reflexionar sobre esas “expendedurías de valores morales” con las que nos entretienen e idiotizan. La exageración y romantización del deporte, es una de ellas.










