Mas allá del “Y tú más” al que tan acostumbrados nos tienen, lo que hay son hechos irrefutables, hechos que todo el mundo trata de acomodar en su beneficio, pero los hechos son estos:
Durante el martes día 29 de octubre, en zonas del interior de Valencia cae un diluvio, que comienza a bajar rápidamente hacia su salida natural que es el mar.
Se sabe, pero la Confederación Hidrográfica del Júcar está “a por uvas”, comités y reuniones, todo menos vigilar adecuadamente. Tuvieron que abrir el embalse de Forata, y aun así parece ser que no vieron el peligro. Desatienden entre otras cosas, el barranco del Poyo. Cuando se dan cuenta, para intentar minimizar daños mandan un e-mail, a las 18:48. A esa hora, a L, Horta Sud le llega el agua al cuello.
Como en otras muchas cuestiones, un sistema elefantiásico, obeso e inoperante, lleno de sueldos Nescafé, se pasa la patata caliente y nadie quiere asumir responsabilidades. Se ponen de perfil amparándose en una maraña de normas y burocracia absurda.
A esas horas la gente estaba haciendo su vida con normalidad.
Pero, cuando se dan cuenta de lo que se viene, muchos intentan desesperadamente salvar sus coches, lo que convierte los garajes en especial en trampas mortales. Esto es así porque para muchísima gente el coche es vital, sin él no pueden trabajar y es seguramente una parte importante de su patrimonio. Esto, ecologistas criminales, os lo tenéis que grabar a fuego en vuestros podridos cerebros. La gente es arrastrada por la riada dentro o fuera de sus coches. El agua nos arrasa.
¿Y al día siguiente? El Armagedón.
Y entonces, cuando después de que a todos nos pillara esa catástrofe por sorpresa, aun nos quedaba una sorpresa más. La omisión de auxilio.
Valencia hace lo que puede. A los bomberos y la policía se unen miles y miles de voluntarios que acuden a pie, desde la ciudad hasta las localidades más cercanas, para ayudar. De entre estos voluntarios muchos son jóvenes, esos de los que el relamido de Pérez-Reverte decía que eran unos pusilánimes. Los chicos de Revuelta son capaces de organizarse y enviar más de mil toneladas de ayuda. De toda España comienza a llegar gente con máquinas y tractores para ayudar.
Muchos policías y militares acuden sin uniforme porque no pueden hacerlo de forma oficial. Esto deja en muy mal lugar a papá Estado.
¿Y el ejército? Buena pregunta. El ejército esperaba la orden, una orden que no llegaba porque, según el presidente del gobierno, “no se había pedido ayuda”. El ejército y la UME, dependientes del ministerio de interior, llegaron seis días después. Los que llegaron antes eran las “autoridades” que fueron recibidas por un pueblo al que habían abandonado y al que, además, impedían con su parafernalia continuar con los trabajos de limpieza. Todos fuimos testigos de lo que ocurrió.
Esto lo vio toda España. Es por eso, y solo por eso, que el lunes empezaron a llegar militares y la UME.
De no haber ocurrido, y controlando los medios como los controlan, Valencia se hubiera podrido bajo el barro hasta que el PSOE hubiera conseguido el gobierno autonómico. Aun así, Sánchez no da puntada sin hilo y vuelve a poner a la oposición entre la espada y la pared, condicionando las ayudas económicas, a la aprobación de unos presupuestos que le aseguren la poltrona.
¿Qué hará la oposición? Pues eso está por verse, pero es evidente que Sánchez miente como un bellaco una vez más.
De esa partida de dinero no va a llegar apenas nada a los afectados. Si algo llega, será como esas ayudas que pagaban las mutuas aseguradoras durante la pandemia, y que muchos, muchísimos autónomos han tenido que devolver. O como en La Palma, donde aún están esperando. Me imagino esos despachos donde se fraguan ya el destino de esas ayudas, que, como siempre, acabarán en manos de cuatro sinvergüenzas.
Aprobar esos presupuestos solo garantiza una cosa y es asegurarle el poder a una panda de corruptos.
Por otra parte, parece ser que todavía no se es consciente de la magnitud de la catástrofe. A los daños personales, hay que añadir los económicos ya que gran parte del motor económico de Valencia estaba situado en esa zona. Esto se verá claramente en unas semanas.
Y, como las desgracias nunca vienen solas, en muchos lugares, como en el barrio Orba de Alfafar, hay robos, saqueo y okupaciones por parte de los de siempre.
Otros con los que hay que tener cuidado, son las ONGs y la Cruz Roja, que solo han aparecido para “pedir perras” y mangonear una semana después.
Y qué decir de las pútridas televisiones, desinformando, lanzando bulos continuamente, intentando por todos los medios crear “el relato”.
Estamos mal, pero si se sigue “el juego de tronos” vamos a estar aún peor.
Ahora es momento de sacar el barro, pero la mierda hay que sacarla después.










