Soy de esos «locos» que para realizar las tareas del hogar en vez de poner música «Remember», escuchan conferencias de filosofía, historia, política o sociología.
Sobre todo, las de la fundación Gustavo Bueno como algunos de ustedes ya sabrán. Aprendo una barbaridad de cada una de ellas y sobre todo son una herramienta para mi vida. En la última sobre «fundamentalismo democrático» la periodista y filósofa Sharon Calderón, al final interviene mencionando el refrán del título para señalar el problema de los políticos actuales: El eufemismo.
Si somos bien pensados, los eufemismos pueden ser entendidos como ciertas palabras o frases que sustituyen a las que pueden resultar demasiado hirientes para quien las va a escuchar.
Mucha gente no repara en el sentido o en el contexto en el que se están utilizando, y solo escuchamos o entendemos la parte más bonita de las palabras.
Hay algunas que suenan muy bien, palabras que llevan adheridas connotaciones positivas, que al utilizarlas nos abren las puertas de quien nos escucha. Palabras de una gran carga sentimental, como Amor, libertad, bien, ayuda, solidaridad, derechos, caridad.
¿Qué padre no le ha dicho a su hijo?: «Es por tu bien hijo» para imponer su autoridad, pero sin explicarle el porqué de esa imposición. Porque no deja de ser una imposición, aunque el padre sepa que es bueno de verdad para su hijo. Por desgracia esto nos ha ocurrido a todos y lo curioso es que no es por imponer; muchas veces lo hacemos por resumir y ahorrar tiempo para poder solucionar otros problemas urgentes de la vida, de la casa o del trabajo. Pero esto no es usar un eufemismo.
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Lo que sí es eufemismo, y que todos hemos aceptado, es el de los contratos «fijos discontinuos».
Si es fijo quiere decir que es permanente y si es discontinuo quiere decir que es interrumpido o no continuo. No sé, según la RAE. No creo que esté equivocada en definiciones de palabras y su correcto uso.
¿Quizás el gobierno nos quiere decir que nos acostumbremos a mendigar días sueltos de trabajo?; ¿quizás nos quiere decir que se ha terminado la seguridad laboral?
Siguiendo la idea del eufemismo como herramienta para manipular a las personas, por ejemplo, es utilizado como excusa por los maltratadores, hombres o mujeres, que les dicen a sus parejas, hombres o mujeres, después de agredirlas física o psicológicamente: «es por tu bien cariño», «lo hago porque te quiero». y en la misma línea iría la ocultación de la infidelidad. Normalmente en estas situaciones suelen decir: «Te quiero tanto que no quería hacerte daño.»
- ¡Qué bien, que bonito! Si aun tendré que darte las gracias.
Por este camino llegamos a la conclusión de que hay que ir con cuidado al interpretar las palabras y los sentimientos. Por amor también se mata. No se olviden que el asesino de su pareja puede llegar a sentir verdadero amor (mejor dicho, creer que lo siente), o que la víctima por sentir ese amor soportó cosas que no debía. Así que cuidado.
En lo político los eufemismos pueden parecer menos peligroso o dañinos, pero posiblemente lo sean mucho más o por lo menos muy perjudiciales. Pongamos un ejemplo: la prevención de la violencia sexual.
Todos estamos de acuerdo en el enunciado, es importantísimo prevenir o erradicar la violencia sexual. Es un hecho despreciable y particularmente cualquier pena que se le aplique a un violador me parece poca. Pero aquí estamos hablando de la manipulación de las palabras, del uso de eufemismos.
Si realmente se desea la prevención, ¿por qué los delitos no bajan, sino que aumentan al aplicar las leyes?, ¿cómo es posible que se termine liberando o reduciendo las penas de abusadores sexuales de cualquier tipo?, ¿por qué no legislan endureciendo las penas?, ¿por qué no los castigan con cadena perpetua? Al menos, para persuadir a los que se lo estén pensando; es lo que se llama en derecho penal, prevención especial.
La Ley de «solo sí es sí en España» o «Ley Micaela en Argentina«.
Son claros ejemplos de estas políticas eufemísticas, con la única intención de manipular la sociedad a su antojo y lograr el voto de las mujeres. Las dos leyes tenían como objetivo culpar al hombre, no pretendían erradicar la violencia sexual. Como padre de dos hijas ya adultas, siempre les he dicho que estas leyes perjudicaban a sus abuelos, tíos, padres y hermano. No a los violadores.
El violador va a seguir cometiendo el delito, sean sus víctimas hombres o mujeres: no olviden ustedes que entre homosexuales también hay agresiones físicas, sexuales, psicológicas, etc. Estas leyes dejan fuera todos los casos que no sean hombre agrede a mujer. ¿No tiene derecho una víctima hombre que ha sido violado por su pareja?, ¿No tiene derecho una víctima mujer que ha sido golpeada por otra mujer? Pues no. Eso no es violencia de género, eso no es violencia sexual.
El agresor no realiza las agresiones por pertenecer a un sexo, las realiza por agresor, por violento. Así que cuidado con los eufemismos y los sentimientos positivos adheridos a las palabras, que pueden esconder intenciones oscuras.
Por falta de espacio no trataremos el tema cultural de otros países que, es otro de los factores diferenciales en el aumento de violaciones.
Como habrá comprobado, los refranes surgen del acopio de sabiduría popular de varias generaciones, y se interpretan en sentido figurado. Por antiguos que sean siempre son aplicables en el día a día. Hasta el grandísimo Cervantes lo dejó reflejado en el Quijote: «Paréceme, Sancho, que no hay refrán que no sea verdadero, porque todas son sentencias sacadas de la mesma experiencia, madre de las ciencias todas «.









