La batalla para reducir la contaminación que produce la industria textil no tiene fin, la investigación está en pleno apogeo, con un cliente cada vez más concienciado en la compra de prendas que no empeoren nuestro hábitat, convirtiéndose en una necesidad empresarial para no perder cuota de mercado, y que estos mismos clientes no los abandonen buscando prendas más sostenibles.
Las nuevas generaciones, lentamente, van siendo más exigentes con el origen de los textiles, de su composición, unido a los procesos de fabricación, y de las condiciones laborales, siendo más críticos con una industria textil descontrolada, con empresas muy centradas en el beneficio, causando un daño irreparable para el medio ambiente.
Uno de los avances más importantes se centra en las fibras biobasadas que se desarrollan de materias primas con origen biológico, que se desarrollan de plantas, animales o microorganismos.
Una de sus principales bondades es que son biodegradables, materiales que son capaces, en ocasiones, de descomponerse en poco tiempo sin dejar residuos tóxicos; existe una gran variedad, papel, cartón, restos de alimentos, maíz, yuca, las llamadas fibras vegetales, provenientes de la celulosa, como el modal, viscosas, o el tencel; aunque no todas las fibras biodegradables son biobasadas, y en ocasiones necesitan condiciones especiales para eliminarlas. Las algas marinas se están posicionando como una nueva fórmula muy interesante, biodegradables, antibacterianas naturales, mejorando el contacto con la piel, requieren menos agua y productos químicos, aunque su mayor dificultad, de momento, se encuentra en un elevado coste de producción.
Esta es la parte técnica, el objetivo es reducir el altísimo nivel de contaminación que produce la industria textil, y sobre todo ir eliminando las composiciones puramente sintéticas como el nylon, poliéster, o poliamidas, con tiempos de eliminación en vertederos de 20 a 200 años.
Visto así, el camino tomado aparenta ser el adecuado, bastante asequible para conseguir buenos resultados, pero hay indicios que señalan dificultades bastante preocupantes; profundizando en este campo, empiezas a encontrar algunos problemas, y no son menores, algunos estudios reflejan que las fibras de origen biológico podrían suponer una amenaza mayor que los sintéticos convencionales.
¿En que se basan?: en la insuficiencia de estudios sobre su impacto, concretamente algunas pruebas sobre sus efectos en la naturaleza cuestionan su fiabilidad; utilizando lombrices de tierra, y utilizando concentración de fibras vegetales, como el lyocell, o la viscosa, estas lombrices experimentaban una mortalidad mucho mayor que con las fibras sintéticas, de un 80% en el caso del lyocell y un 60% con la viscosa. También se producía, en el caso de la viscosa, una reproducción reducida en comparativo con las fibras sintéticas, llevando a los científicos a plantear la necesidad de mayor investigación.
¿Por qué las lombrices?: por su importancia para la comprobación del funcionamiento del medio ambiente, reconocidas como “ingenieras del suelo”, realizan infinidad de funciones altamente beneficiosas, entre ellas, el reciclaje de residuos orgánicos.
Las grandes empresas perciben cada vez más el rechazo a prendas low cost y de consumo masivo, ofreciendo argumentos para convencer que sus productos y su fabricación, no son un problema medioambiental, es más, necesitan presentarse como la solución, no el problema, realizando en ocasiones, campañas maquillaje de marketing sin abordar realmente otras alternativas, con un efecto boomerang, dañinos a la postre, para su imagen.
A nivel europeo sigue la batalla para controlar esta confección masiva y sobre todo con calidades textiles más que cuestionables
El Tribunal de Justicia de París desestimó una prohibición para tres meses de la venta de productos de Shein, aunque el pulso está siendo intenso, con multas, investigaciones, y la obligación de la retirada de infinidad de productos ilegales que no reunían las condiciones adecuadas, unido a prácticas comerciales engañosas. En el caso de Francia se centra especialmente en plataformas orientales, como Shein, Temu o AliExpress, donde el precio es el caballo de batalla, pero que en muchos casos no cumplen con las normativas europeas, muy estrictas para los miembros de la Comunidad Europea, y no tan exigente hasta ahora, con estas empresas. Si la investigación tiene serias dudas sobre nuevas materias, y las leyes no ponen freno a una fabricación descontrolada con tejidos contaminantes, la solución es compleja, por no decir imposible. En política, nuestro voto es la herramienta para sacudirnos malos gestores, y embaucadores, en la moda, pasa por la exigencia a la hora de comprar, y el balón está en nuestro tejado.












