En este 2025 marcado por la corrupción y la mala praxis política, el verano tampoco ha querido quedarse atrás: ahora son los incendios, desmesurados y encadenados por toda España, los que se llevan las portadas.
Esta vez el abandono no se limita a Canarias o Valencia, sino que es una buena porción del territorio español. Y no me malinterpreten, no vengo con teorías conspiranoicas sobre Sánchez recorriendo comunidades con un mechero en el bolsillo. El conspiracionismo responde a la ignorancia, sí, pero la responsabilidad sigue ahí cuando, como en la riada, las respuestas vuelven a ser tardías e insuficientes.
Quizá, de ser un hecho aislado, el ambiente no estaría tan caldeado. Pero es la colección de inutilidades del Gobierno la que ha desatado esta oleada de reproches y hartazgo. No es la primera, ni la segunda, pero sí la tercera vez que abandona a quienes supuestamente le votaron. Y digo supuestamente, porque en realidad no nos abandona si quiera el más votado, sino el impostor de la Moncloa, que desde que comenzó su trayectoria se dedicó a cambiar las reglas a su antojo.
Es, cuanto menos, patético que la tragedia se emplee para hacer propaganda, entablando de nuevo una partida doble sobre quién es más responsable: rojo, azul, verde o morado; arriba o abajo, las ayudas siguen siendo insuficientes.
Al fin y al cabo, en España hay mucha competencia entre incompetentes.
La propaganda de justificación y mala gestión de la oposición solo evidencia la calaña que define a nuestro Gobierno, más preocupado por la opinión que por la acción. Si bien Sánchez no vale para Presidente, sería un sofista ejemplar, más hábil en la retórica que en la acción.
Muchos hablan de la mala suerte que persigue a Sánchez en su legislatura, como si el contexto sociopolítico fuera responsable íntegro de lo que sucede. Pero permítanme dudarlo, la mala suerte a la décima potencia no explica lo que vivimos los españoles de a pie. Nosotros sufrimos el mismo contexto, con recursos ridículamente escasos y gobernados por un aprendiz de estratega con manual de sofista.
“El Gobierno más preparado que ha tenido España” otra vez no estaba lo suficientemente preparado para afrontar una catástrofe de tal magnitud.
La misma hipocresía que destapó conductas machistas en un Gobierno que se decía feminista; la que permitió un secretario socialista corrupto en un Ejecutivo que presumía de anticorrupción; es ahora la que registra la mayor cifra de incendios en España bajo el paraguas de sostenibilidad. Así se dibuja una nueva grieta entre el discurso y la realidad: mientras se presume de Agenda 2030, Pactos Verdes y Cumbres Climáticas, en la práctica no hay planes de prevención ni sistemas de extinción eficaces.
Tras el escaparate de sostenibilidad se esconde la cruda realidad: el abandono del campo en los últimos años. ¿Dónde quedaron las limpiezas de montes, los cortafuegos, la reforestación o la ganadería extensiva que los ganaderos reclamaban hace meses? Probablemente en la última página de su libro (este sin riesgo de plagio porque nunca ha habido un Gobierno igual), donde se anotan las necesidades reales de España, justo después de los infinitos capítulos dedicados a lo sexy que es el ejecutivo y lo terribles que son los fachas reaccionarios.
Pero, una vez más, las demandas de los españoles han sido ignoradas, y han sido las peores circunstancias las que han sacado a la luz nuevas incompetencias del Gobierno. El Ejecutivo puede pensar que disfrutamos viendo su paulatina decadencia, pero la verdad es que lo único que desearíamos es que alguna de sus cientos de medidas tuviera un mínimo de eficacia… algo que protegiera de verdad a los ciudadanos en lugar de inflar discursos vacíos mientras España arde a su alrededor.











