Desde hace ya algún tiempo nos estamos enterando de que muchos políticos, de cualquier bando, se inventan o falsean su curriculum.
Uno que dice que es abogado, pero jamás ejerció. Otra que dice que era médica y resulta que era administrativa en un hospital. Otro que dice que es licenciado en Marketing… Y los que dicen que “tienen estudios” o lo que es lo mismo, carreras sin acabar. Y eso no es lo peor.
Lo peor es que no tienen ningún tipo de experiencia ni bagaje. Hay quién solo cuenta con un trabajo como monitora en un parque acuático o como cajera en un supermercado. Sin ir más lejos, aquí hemos tenido a “Periquitín” llevándose una leña de sueldo y sin tener titulación. ¿Cuántos habrá como él? Más de lo que imaginamos, seguro.
Pero es algo que pasa desde hace décadas, porque no se comprueba nada y cuando se descubre, muchas veces quien lo descubre, tiene que valorar si le vale la pena airearlo o callarse. Nunca sabes a qué político te van a poner al mando y te pueden defenestrar.
Lo que permite que esta cochambre llegue al poder, es que hemos tragado con una ley de partidos y unas normas del juego que están hechas para que esto ocurra.
Esta semana veíamos el famoso vídeo del “Comité del tangazo” del PSOE. Tras diez años de aquello y viendo donde nos ha llevado, ya podemos hacernos a una idea de lo que es el partido. Han quedado bien retratados todos.
Gente que como se decía antes, “han echado los dientes” en la sede del partido.
Gente que milita desde muy joven y su vida transcurre en esa corte.
Muchos no trabajan. ¿Para qué? el sueldo, el puestecito o el carguito se lo va a proporcionar el partido. Y si no trabajan ¿cree usted que muchos estudian o terminan sus carreras?
Lo que ahora abunda en política son los cortesanos de partido. Esos que se afiliaron con dieciséis años y estuvieron en “las juventudes.” Esos que no saben casi nada de cómo funciona el mundo. Esos que en vez de formación y experiencia tienen ideología. Los que no podrían sobrevivir fuera de la política porque no saben hacer la O con un canuto.
Y ojo, esto no es exclusivo de un partido. Esto ocurre en todos.
Podríamos decir que cuando una familia pudiente tiene un hijo un poco tonto, lo meten en un partido y así, en vez de mangonear en los negocios familiares, se lo mantenemos nosotros. Porque son esos – no se equivoque – los que escalan puestos. Juanito Pérez, el hijo del fontanero, jamás llegará a nada más importante que ser concejal en el ayuntamiento de un pueblecito.
Las “oportunidades” no son para todos. Eso es tan falso como decir que todos somos iguales. En los partidos esto está muy presente, porque cuando hablamos de política hablamos de dinero y el dinero siempre es para los mismos.
Los partidos son agencias de colocación que cada vez son más grandes. Constantemente se crean puestos, se sobredimensiona cualquier cosa y cuando no basta con eso, se crean chiringuitos. Esto, que lo tenemos a nivel nacional, además se ha multiplicado por diecisiete. El “nido” es inmenso y no deja de crecer. Y lo más triste, es que, entre tanto parásito, ni por casualidad entra alguien competente.
La entrega de ministerios es una rifa en una tómbola.
En Transportes un abogado o un profesor de instituto, en Sanidad te puedes encontrar con un licenciado en filosofía y si me apuran, como presidente tenemos a un jugador de baloncesto.
Hay muchas cosas que cambiar en este país y de las más urgentes es la ley de partidos y por descontado la ley electoral que es totalmente injusta.
Nadie se dejaría operar a corazón abierto por un charcutero (con todos mis respetos al señor charcutero) pero nos dejamos gobernar por gente sin formación y lo que es peor en mi opinión, sin experiencia de ningún tipo.
Las listas cerradas solo son el reparto de puestos a los cortesanos.
Estamos en manos de esa gente, por eso cada vez España está peor. Por eso se cae a pedazos. Y lo más triste, es que en vez de ir a exigir a los que tenemos más a mano (ayuntamientos) perdemos el tiempo miserablemente con la política nacional, donde podemos tener (visto lo visto) tanta influencia como un ácaro.
Ya hemos visto lo que valen nuestros votos. Pactos entre partidos, la mayoría votados por cuatro gatos, han decidido por nosotros.
Pero lo peor de esta situación es que como los partidos son “empresas” y la mayoría de los que los componen no tienen otro modo de vida, tragan con lo que sea. ¿Qué se fomenta con eso? Lo que tenemos a raudales. Corrupción.










