Juan Carlos Martínez Jiménez: El modelaje: cambio de paradigma
Aunque parezca, a priori, una profesión algo banal, requiere de preparación, disciplina, desarrollar habilidades para posar, desfilar, alcanzando un nivel alto de naturalidad, desde luego hay que formarse, acudir a escuelas de modelos, y ser una persona muy constante, ser modelo, no es tan sencillo.
La disciplina no solo entra en la formación, hay una derivada que conlleva un esfuerzo extraordinario, mantener tu cuerpo, una alimentación cuidada, y un mantenimiento que implica el ejercicio físico, teniendo en cuenta, además, que suelen ser carreras cortas; hasta ahora, está era una definición bastante ajustada, pero se encuentra en un momento de evolución.
Tampoco es una carrera sencilla, no solo sirve ser guapa, o guapo, la competencia es muy alta, conlleva moverse, relacionarse para darse a conocer, entrar en los circuitos para llegar a las empresas de modelos prestigiosas, si quieres realizar una carrera brillante y lo más exitosa posible. Aunque existen muchas variantes, me centraré en mi campo, las modelos de moda; he conocido muchas por el bagaje profesional, y siempre hay un pellizco en el estómago cuando están desfilando, el propio de la modelo, el de los diseñadores, o responsables de firmas, que dejan la imagen de su marca por unos minutos, o en una campaña, en manos de la profesionalidad de estas personas, que en ese momento los representan.
La historia considera que la mujer de Charles Frederick Worth, Marie Augustine Vernet, fue la primera modelo de pasarela, Charles es considerado el padre de la alta costura, y el primero que presentó sus colecciones mediante una modelo en París, sobre 1.850, utilizando un nuevo concepto de maniquí humano. Este concepto se fue desarrollando, y existen infinidad de modelos míticos en distintas épocas de la historia, hasta llegar a nuestro tiempo, pero hay algo que está costando desterrar de esta profesión junto con el tema racial, aunque va lentamente revirtiendo, las tallas, y el edadismo.
En los últimos años hay avances importantes en esta materia, a los últimos desfiles que he asistido, por fin, aparecen mujeres de distintas edades y tallas en las pasarelas, esta corriente, también empieza a implantarse en desfiles de alto nivel en todo el mundo. Si os fijáis, no solo ocurre en las pasarelas, se está implantando en cualquier tipo de actividad relacionada con la estética, belleza o imagen.
Parece que las firmas comienzan a entender que el estándar de talla, edad, raza, queda totalmente fuera de cualquier sentido razonable, incluso comercial; no se puede seguir manteniendo mensajes dirigidos a un perfil concreto, cuando realmente el común de los mortales, tenemos configuraciones físicas de todo tipo, incluso, cuando la edad media de las poblaciones cada vez está más envejecida.
Se ha invisibilizado durante mucho tiempo a segmentos importantes de población, creando un ideal, un estereotipo dirigido a minorías. Mi primer contacto con la moda de mujer fue en las llamadas “tallas grandes”, y el desconcierto, la frustración, de este sector es muy importante para su público objetivo, muy complejo de hacerles entender porque no podían encontrar mayor variedad, y modelos más sofisticados, reduciendo el surtido a los llamados “básicos” de moda. Al final no dejan de ser prejuicios, estereotipos de cánones de belleza, como si la vida real no estuviera formada por una evolución personal, que se modifica físicamente con el paso del tiempo, o simplemente a una estructura morfológica que no es la esencia de la persona, y que te deja fuera de un estándar social creado artificialmente.
Cuando se habla de políticas de inclusión, poco oigo hablar de medidas reales, que consigan canalizar una industria de la moda que debe dirigirse a todo el abanico social, no generando perfiles, que causan frustración, imponiendo una imagen estandarizada, que las propias firmas construyen. Hay ejemplos importantes como la firma Elena Miró, del grupo Miroglio, que lleva más de treinta años trabajando en el marco de las tallas grandes, desfilando con su marca en la pasarela de Milán desde 2.005; existen ya modelos definidas como “curvi”, de un gran prestigio internacional, y que no deja de ser otra línea más dentro de la moda; esto demuestra que es una cuestión de voluntad empresarial y de normalización social. Estas barreras están cayendo definitivamente, y nos dirigimos hacia un concepto más realista, porque estar, ser, o sentirte guapa, o guapo, no es una cuestión de talla o edad, más bien, de evitar que te señalen por una condición física o personal.















