En España da igual que te condenen, si políticamente conviene, estarás en la calle en dos días.
Debe de ser por eso, por esa promesa, por lo que el ex ministro y su secuaz, guardan silencio. Ya se imaginará de quién hablo…
¿De qué sirven los tribunales si después el gobierno hace lo que le da la gana?
Pues eso, tiempo y dinero perdidos. Recordemos que Chaves y Griñán están en la calle disfrutando del botín y que Pujol está en su casa tan ricamente. No solo eso, se está excarcelando a terroristas día sí, día también. En estas circunstancias, delinquir en España es gratis. Si eres político o estás vinculado a cualquier interés político, tienes patente de corso.
Puede que haya sentencias condenatorias y penas impuestas, pero no se van a cumplir.
La lista es larga y lo peor, es vieja. Eso del indulto es una mala costumbre que han tenido y tienen muchos gobiernos. Entre frases bonitas, buenos deseos y brindis al sol, la “constitución que nos han endilgado” está hecha para que la oligarquía de partidos que nos gobierna pueda hacer lo que le dé la gana. Esto lo sabe hasta el concejal del pueblo más remoto. De ahí que la corrupción sea una constante en España. A esto hay que sumarle la cobardía crónica del funcionariado que hace la vista gorda, porque un sueldo Nescafé es muy jugoso y no se lo juegan por nada.
- ¿Qué hay una señorita que está cobrando un sueldo en una empresa pública pero no va a trabajar? “Yo no sé nada de eso”.
- ¿Qué aterriza la segunda al mando de una dictadura, que tiene prohibido el paso en el espacio Schengen? “Yo no he visto nada”.
- ¿Qué se quema media España o la gente está hundida en el barro? “No me han dado la orden”. Y así, todo.
El problema es la combinación entre impunidad y privilegio. Los privilegiados con la vida resuelta a costa del erario público serán como los tres monitos. Sordos, ciegos y mudos. Mientras, los que van enlazando cargos con jugosos sueldos se vuelven cada vez más codiciosos y no contentos con sueldos de más de cien mil euros, venden su influencia o roban directamente. Si el silencio no los protege y hay algún juez honrado o policías o guardias civiles que los trincan, siempre les quedará el indulto.
Delinquir en España es fácil y sobre todo barato. El carnet del partido ofrece muchas oportunidades de negocio si se llega a algún puestecito. Lo que se haga desde ese puestecito, sea legal o no, nunca será un problema, porque si tienes mala suerte y te pillan, cuando gobiernen (o no) los “tuyos”, te indultarán.
No es de extrañar que el ascenso al poder esté copado por ansiosos. La forma más segura de enriquecerse en nuestro país no es tener un negocio de éxito, ni una gran empresa. Es meterse en política.
Pero lo peor con diferencia no es la cobardía ni la impunidad. Es la falta total de crítica de los que votan.
En España no se vota “a favor de” un gobierno o un programa electoral. Se vota para que no gobiernen “los otros”.
La demostración más lastimosa y frecuente de estulticia en nuestro país, es la consabida respuesta a la pregunta; ¿qué le parece que le estén robando? El “creyente medio” responderá; “todos roban, los otros también”.
Nadie repara en la miseria moral contenida en esta frase. Con ella se acepta que nos roben y peor aún, que preferimos que nos roben los “nuestros”.
Nada cambiará si no se hace una profunda reforma de la constitución. Mientras existan privilegios como el indulto, la corrupción será incesante. Pero ¿quién o qué partido haría esto? Ninguno. Sería como cegar el pozo de la abundancia.
Entre promesas electorales y otras zarandajas, no busque usted esta propuesta en ningún programa electoral. La de reformar la constitución. Sería más fácil ver un unicornio.










