Un funeral por las victimas sin apenas familiares de las víctimas. Acudieron los pocos que seguramente pasaron el filtro, o los justos para no descuadrar las cifras.
La plaza de la virgen parecía Fort Knox. Ante un grupo de treinta personas como mucho, había cinco tarajalludos vestidos de azul, por si la chica de cuarenta y cinco kilos que gritaba indignada osaba saltarse el cordón de seguridad, y llegar hasta alguna autoridad. Patético.
Conté cuatro furgonetas de la policía Nacional en la misma plaza y un montón de policías, incluyendo policía secreta y escoltas trajeados. Más dos ambulancias de la Cruz “Moja”, que me imagino que estaba para atender el ataque de pánico de alguno de los asistentes.
Para concentrar algo de gente en la entrada, supongo que hicieron una encuesta. ¿Es usted monárquico?. No se explican de otro modo los aplausos que venían de esa dirección. Los que no estaban tan cerca eran los que abucheaban y llamaban asesinos a los asistentes a esta pantomima cruel. Los buitres de la televisión buscaban en este sector a las personas afectadas, a las que lloraban. Eso les da audiencia, pero luego hacían su crónica con los “aplausos” a sus majestades.
Supongo que tenían que hacer algo para lavarse la cara frente al resto de España. Supongo que deben respaldar su “relato” de que las cosas se hicieron y se están haciendo bien. Tienen que engañar a millones de personas. Incluyo a gente que había por allí, de Valencia, pero que ven esta catástrofe como si estuviera en otro planeta. Ante la desesperación de una señora que lloraba, una arpía le gritó “corta el rollo que pareces un disco rayado”. Esa es la empatía que sienten algunos. Pero que no representa en absoluto a los miles de voluntarios que anduvieron kilómetros para auxiliarnos, a los que llevan más de un mes con nosotros. Lógicamente, si había que hacer algo de cara a la galería no iba a ser en la zona afectada. Hay barro y las autoridades no quieren mancharse los zapatos. Y además de haberlo hecho, por ejemplo, en Paiporta o Alfafar, montar el cordón de seguridad hubiera resultado muy complicado. No querían otra lluvia de barro que se pudiera ver en el resto de España.
También calcularon muy bien la asistencia, las razones son obvias. Acceder a Valencia desde las zonas afectadas es complicado en muchos casos, no hay coches, los autobuses son pocos y el tren de cercanías solo llega a Catarroja. Pero la razón más importante, es que la prioridad de estas personas no es ir a abuchear a las autoridades. Su prioridad es intentar enmendar el enorme desastre que han provocado el abandono de éstas. Quedan muchísimos garajes aún anegados, casas completamente destruidas, gente que vive y duerme entre humedades y sin apenas enseres. Gente que limpia sus negocios como puede para poder ganarse la vida. Gente que lo ha perdido todo y está en casa de algún familiar. Familias, miles de familias sin ningún medio de transporte que les permita volver a la normalidad. Por eso, el mejor lugar para este aquelarre era la catedral.
El gran ausente fue el presidente del gobierno, que imagino temía que otro señor con una escoba le abollara el coche oficial. Dejó muy claro desde el minuto uno que Valencia le importa una higa. Que solo tiene en mente el cálculo electoral y que, si por él hubiera sido, aquí no hubiera venido ni el ejército, ni la UME ni la HUMO. Tampoco asistió Margarita, que quizá nos hubiera ofrecido una de sus broncas durante los abucheos. A Marlaska ni estaba ni se le esperaba. La que sí que acudió, y seguramente porque sacó la pajita más corta, fue la Chiqui Montero. Que espero supiera mantener la lengua dentro de la boca durante la misa.
Todo este dispositivo y este despropósito, todo este circo bochornoso habrá costado un dineral. Mejor empleado estaría si lo hubieran donado a los afectados, que buena falta les hace. Ahora mismo del Estado, como mucho, pueden esperar un aplazamiento de deudas y pago de impuestos, nada más. El consorcio paga como paga y cuando paga.
Pero como gesto magnánimo, la reina se compró unos pendientes de una marca valenciana, y su hija un vestido en Paiporta. ¡Increíble esfuerzo! (ironía on).
Y esa es toda la empatía que van a mostrar. ¿No les da vergüenza?, ¿no ven lo ridículo que es?. Están tan fuera de la realidad, que son incapaces de diferenciar entre un gesto bonito y lo que es un insulto. Tan fuera de la realidad, que montar el tinglado de ayer, priorizando su seguridad les parece normal. Tan en “su mundo” que lo único que les importa es continuar en él.












