Casos como el de Alcalá de Henares o Sabadell no son ni aislados ni puntuales.
La criminalidad, a pesar de lo que diga Javier Ruiz, crece en nuestro país y se extiende como la mala hierba. Y no es por casualidad. Es porque importamos crimen y lo legalizamos. Y eso no es de ser buenos, es de ser absolutamente imbéciles.
Desde África nos llega de todo y de todas partes.
Las redes de tráfico de personas son negocios boyantes, de los más lucrativos que existen ahora mismo. Y lo son porque ahora, cuando la materia prima de estas “empresas” llega a Europa, se legaliza y se les da apoyo, eso sí, un apoyo puntual.
Cobrado el dinerito del Estado, las “ONG” regadas con abundante dinero público, les dan la patada y meten una nueva remesa.
El africano o el pakistaní o el magrebí, se queda en la calle con una mano delante y otra detrás. Cómo su estancia en el centro de acogida han sido unas vacaciones de meses sin tener ninguna necesidad, no han aprendido el idioma ni nada útil. De repente se ven en la calle. Sin oficio ni beneficio, de repente se dan cuenta de que el traficante que le trajo a Europa le ha tomado el pelo. Lo han estafado y además de desesperado, está muy cabreado. A partir de ahí todo va cuesta abajo y sin frenos. A esto debemos añadirle que muchos llegan de paises con costumbres y culturas absolutamente opuestas a nuestros valores.
Gente que no entiende que abusar sexualmente de una mujer es un delito, y no un derecho.
Y cuando la gente, desesperada por la situación protesta ¿qué hace el Estado?. Repartir leña, en vez de solucionar el problema. No interesa solucionar el problema porque es un gran negocio. Tampoco interesa que se produzcan enfrentamientos y batallas como en Sabadell, porque supone un desperdicio de consumidores. El rebaño tiene que estar bien estabulado para seguir produciendo.
¿Qué hacer? Pues algo debemos hacer. No sirve protestar porque te apalean. No podemos ponernos de acuerdo porque estamos absurdamente polarizados políticamente. No podemos solucionarlo rápidamente, pero podemos hacer algunas cosas. Las promesas electorales suelen ser cantos de sirena, así que tampoco podemos confiar en ellas. Hay demasiados intereses entre políticos y delincuentes como para que la solución venga de ahí.
Pero podemos poner nuestro granito de arena.
Un ejemplo claro. Esos bares y chiringuitos que ayudan y acogen a un señor que va vendiendo cosas en las playas. Ese es un señor que no cotiza, que no paga impuestos, pero usa y disfruta de todo lo que nosotros pagamos. Es un señor que, si se pone enfermo nos cuesta la pasta. Es un señor que no contribuye. Al contrario que los dueños de esos bares y los camareros. Y se puede dar el caso de que ese señor cometa un delito, creyendo que lo que hace es normal. Ese señor puede estar agazapado detrás de una palmera, esperando abalanzarse sobre una mujer porque en su cabeza, una señora en bikini “va pidiendo guerra”.Y para él es perfectamente normal, puesto que una mujer es el equivalente al ganado.
Pongamos nuestro granito de arena. No compremos nada ilegal, no se lo pongamos tan fácil. No es un pobrecito que se gana la vida como puede.
Es un miembro de una mafia que gana millones vendiendo cosas sin pagar ni un solo impuesto. Al enemigo, ni agua. No seamos bobos. Y si usted piensa que con eso no hacemos mucho, se equivoca. Si nadie, o mucha gente, deja de comprarles, el negocio (que es mucho) se les va al garete y pierden millones.
- Esos centros de menas, repletos de veinteañeros los pagamos nosotros.
Debemos acabar con el efecto llamada. Lo primero es dejar de difundir vídeos (por muy indignados que estemos) del típico inmigrante alojado en un hotel de cinco estrellas, mostrando lo bien que se vive aquí entrando ilegalmente. Solo echamos gasolina al fuego. Muy al contrario, debemos mostrar la verdad de lo que les ocurre cuando ya han servido de materia prima a las mafias.
Debemos mostrarles cómo se les abandona a su suerte.
Es preferible que se larguen a tener que echarlos. En nuestra mano está empezar a cortar el grifo. Si no hay nada para ellos en nuestro país, pronto se irán a otro. Y si, ya sé que muchos pensarán que entonces, si les cortamos el grifo, el crimen todavía aumentaría más, pero tengo que decir que mantenerlos los atrae y no te salva del crimen como estamos viendo. Frente a eso, estamos solos.
- Que nadie piense que el Estado se va a poner las pilas, nada de eso. Si te pasa algo, apáñate.
Las instituciones que están para estos casos están repletas de funcionarios temerosos de perder su sueldo Nescafé y en muchos casos de ser defenestrados. Por ejemplo, un policía que usa la fuerza para detener a un criminal tiene muchas posibilidades de acabar en la cárcel, mientras que un delincuente tiene muchas posibilidades de salir a la calle en dos días. Sin embargo, esa misma fuerza aplicada a los españoles que protestan no se cuestiona casi nunca.
Así están las cosas.
Hagamos de la incomodidad nuestra principal arma, dejemos de ser caritativos. La caridad es eso, caridad, no es una obligación. Debemos respetar la ley, pero no estamos obligados a ser cordiales. No estamos obligados a mantener con nuestras compras las redes de manteros. No estamos obligados a comprar loterías, no estamos obligados a dar dinero a esas asociaciones. Ya les damos bastante involuntariamente gracias a nuestros políticos.
Acabemos con el buenismo y apliquemos el sentido común.










