Es un color que ya no solo representa una causa, sino miles de historias.
Historias de mujeres que un día escucharon una palabra que lo cambió todo: cáncer. Historias de familias que aprendieron a sostenerse en la incertidumbre, de amistades que se convierten en refugio y de vidas que se reorganizan en torno a un diagnóstico. Porque aunque los avances médicos han permitido aumentar la supervivencia, el cáncer de mama sigue siendo una realidad demasiado presente, que toca de cerca a miles de hogares en todo el país.
En España se diagnostican más de 35.000 nuevos casos cada año.
Y detrás de cada cifra hay un rostro, un nombre, una historia de lucha. Todos conocemos a alguien que lo ha vivido: una madre, una hermana, una amiga, una vecina. Nadie queda al margen. El cáncer de mama no distingue entre clases sociales ni ideologías, y por eso la respuesta tampoco puede depender de gestos aislados o de campañas pasajeras.
Conviene recordar, además, que aunque el cáncer de mama afecta de manera abrumadoramente mayoritaria a mujeres, también los hombres pueden padecerlo, representando aproximadamente el 1 % de los diagnósticos. En ellos suele detectarse más tarde por falta de información y de campañas dirigidas a su realidad. Reconocerlo no resta protagonismo a la lucha femenina: lo amplía, recordándonos que la prevención, la investigación y la empatía deben alcanzar a todos. Sin embargo, son las mujeres quienes cargan con el mayor peso físico, emocional y social de esta enfermedad, y hacia ellas debe dirigirse el grueso de los esfuerzos.
La lucha contra el cáncer de mama no se gana solo con esperanza; se gana con ciencia, con inversión y con compromiso político. Y en eso, todavía fallamos. No podemos permitir que sean las asociaciones, las fundaciones o las donaciones particulares quienes soporten el peso de la investigación y del acompañamiento emocional. La solidaridad ciudadana es admirable, pero no puede ser la base de una estrategia nacional de salud pública.
Cada euro invertido en investigación biomédica es una inversión en vida.
No hay dinero mejor empleado que el que se destina a comprender las causas, prevenir el diagnóstico tardío y mejorar los tratamientos. Sin embargo, demasiadas veces los presupuestos públicos priorizan partidas superfluas, campañas sin contenido o estructuras administrativas innecesarias, mientras los laboratorios y equipos científicos trabajan con recursos limitados y proyectos que dependen de convocatorias anuales inciertas.
No se puede jugar esta batalla sin la complicidad de quienes gobiernan. Y no se puede dejar a las mujeres al amparo de la buena voluntad de unos pocos. La lucha contra el cáncer de mama necesita políticas estables, sostenidas en el tiempo, que garanticen igualdad de acceso a la atención sanitaria, a la reconstrucción mamaria, al apoyo psicológico y a la rehabilitación integral. Porque la recuperación no termina cuando acaba la quimioterapia; continúa en la piel, en la autoestima y en la vida cotidiana.
Además de recursos, hacen falta valores: empatía, sensibilidad y respeto. No podemos seguir midiendo la vida solo en términos de costes y beneficios. El cáncer de mama nos recuerda que la salud no es un lujo, sino un derecho. Que cada mujer que acude a una revisión o a una consulta preventiva está ejerciendo ese derecho. Y que cada administración, desde la más pequeña hasta la más alta, tiene la obligación de garantizarlo.
Este 19 de octubre no debería quedarse en un día de lazos, luces o fotografías institucionales. Debería ser una fecha de compromiso real. Un día para recordar que la ciencia avanza solo si la apoyamos; que las estadísticas mejoran solo si hay inversión; y que la esperanza no se puede sostener sin hechos.
Por eso, en este Día Internacional contra el Cáncer de Mama, levantemos la voz por todas las mujeres que luchan, por las que sobrevivieron y por las que ya no están. Que su ejemplo nos sirva de impulso para exigir más investigación, más prevención y más compromiso institucional.
Porque cuando un país invierte en ciencia, invierte en futuro.
Y cuando protege a sus mujeres, demuestra su verdadera fortaleza.
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Jesús Salmerón Berga, Alcalde de Gátova por el Partido Popular y Abogado en ejercicio del ICAV.











