Vivimos en democracia y tenemos una constitución. Esa “constitución” que lleva sin cumplirse desde su nacimiento.
Durante casi medio siglo nos han estado contando ese cuento de navidad de “la democracia que nos hemos dado” la sacro santa Constitución y toda la retahíla de mantras y slogans, con los que nos vienen machacando desde los tiempos de Victoria Prego.
Pero la realidad, la cruda realidad, es que esta “democracia” tiene mucho de dictadura. La realidad, es que todo el sistema está plagado de instrumentos y resortes para anular la voluntad del pueblo, hasta en lo más insignificante.
- Un partido gana las elecciones y no cumple su programa electoral ni en un 10% y no hay consecuencias.
Un gobierno está hasta las orejas de corrupción y no hay forma de librarse de él. Usted como ciudadano no puede hacer absolutamente nada. Puede olvidarse del tema, o esperar sentado durante años, a ver si la justicia hace algo, o ver, como en el caso de Pujol, como se esperan veinte años para no hacer nada y dejar que el investigado se muera de viejo.
Hay una catástrofe sin precedentes y se niega el auxilio desde el gobierno central y las instituciones – esas que cumplen las órdenes de ese gobierno incumpliendo su deber- y no pasa nada, todos siguen en sus puestos y cobrando su sueldo Nescafé. Y no solo eso, a usted, sufrido ciudadano, ni se le ocurra hacérselo notar y mucho menos criticarlos, ¡que son nuestros bravos Cuerpos y Fuerzas de “Seguridad para el Estado”!
Usted solo está para pagar y ser el sorprendido e indefenso espectador de todo este circo.
No importa cuantos casos de corrupción aparezcan, ni en cuantos partidos. No hay nada que hacer mientras no exista un control de verdad. Un cortafuegos, que debería ser el desmantelamiento inmediato de cualquier partido donde surja uno de estos casos. Sin contemplaciones. Un sistema donde realmente exista una separación de poderes. En España no puede existir desde que pactaron alegremente repartirse los jueces del supremo, algo completamente aberrante. Algo que ningún español votó jamás.
El actual gobierno, usa y abusa de reales decretos sin mesura ni oposición, da la impresión de que todos están de acuerdo en las mismas políticas, porque a pesar del “espectáculo” al final lo que hacen unos no se deroga por los otros y viceversa.
- ¿No les recuerda esto a una dictadura?
¿En qué se diferencia una dictadura de una “democracia” donde usted pinta menos que un vegano en una charcutería? Para lo único que contamos los simples ciudadanos, es para refrendar esta tomadura de pelo con nuestro voto, cada cuatro años. Solo para eso. Lo demás está preparado para que el bando vencedor haga lo que le venga en gana y los perdedores sigan viviendo a cuerpo de rey mientras esperan su turno.
Lo único que le interesa al Estado de usted, es que pague puntualmente.
Ese estado que se alimenta de los impuestos que le requisa, es el que puede que acuda en su ayuda o puede que no- si lo precisa- dependiendo de lo que decida el gobierno. Usted ni pincha ni corta.
Si, por poner un ejemplo reciente, al gobierno se le ocurre que cinco días sin auxilio tras una catástrofe, le favorece para recuperar un gobierno autonómico, no existe ningún control que pueda evitar que esta decisión inmoral se cumpla. Al contrario, “se cumplieron órdenes”.
- Ninguna institución se reveló lo más mínimo.
¿Qué había gente atrapada agonizando? Se cumplen órdenes y si la orden es no ir, pues no se va. ¿Hay saqueos, robos y todo tipo de tropelías? Se cumplen órdenes y si te ordenan que no vayas, pues no vas.
El gobierno de turno es el dueño del Estado y hace con sus instituciones y medios lo que le viene en gana, porque no hay forma de oponerse. Nadie tiene la fuerza para oponerse. Lo que menos les preocupa a unos y otros, es el pobre paganini que va cada cuatro años a las urnas para hacer “el canelo”.
Piénselo sufrido ciudadano. La solución no pasa por cambiar de partido en el gobierno, la solución pasa por cambiar el sistema totalmente. Otro cambio urgente, es sanear las instituciones y purgar a todo incompetente o cargo político que no tenga formación ni experiencia acorde con el puesto que ocupa.
- Piénselo muy bien antes de continuar solo en el peor de los casos y mal acompañado en el mejor.
Tras los últimos desastres, incendios, riadas, erupciones volcánicas o terremotos, la actitud del Estado ha dejado muy claro que usted no importa. Que “se cubre el expediente” tarde y mal, o ni siquiera se cubre.
Piénselo mientras hace su declaración de la renta o la trimestral, mientras le cobran un 21% de IVA hasta en lo imprescindible, o cuando tenga que pagar el IBI de esa casa destruida por una calamidad. Piénselo durante la campaña electoral, mientras le “vocean” desde un atril en un mitin lo que quiere oír pero que jamás se va a cumplir. Elegir entre malo y peor no es ninguna solución. La solución es dejar de elegir y empezar a exigir.












