Lo que ahora, muy erróneamente llamamos izquierda, es algo totalmente opuesto.
Es un engrudo ideológico que predica una cosa y hace otra, que puede contener en el mismo pack, una cosa y su contraria. Es una contradicción constante. Pero más allá de esto, es una “izquierda” heredera de ideólogos e “intelectuales” que predicaban y hacían conversos desde la seguridad que Europa les proporcionaba.
Ningún admirador y vocero de Mao se fue a vivir a China. Ningún amigo del ayatollah se fue a vivir a Irán.
Lo suyo más bien era una pose para resultar “interesante”, o por lo menos lo que para ellos era ser “interesante”. Y lo cierto es que son culpables de esta degradación. Son los culpables de haber colocado a una clase pija y privilegiada, al mando de los partidos que se suponía que representaban los derechos de los trabajadores.
¿Cómo va a representar esos derechos una gente que jamás ha trabajado?. Pues de ninguna manera.
El resultado de esta “suplantación” es la lamentable panda que ahora se identifica a sí misma como izquierda. Gente ridícula en el mejor de los casos y peligrosísima en el peor, pero todos tienen un denominador común y es la hipocresía.
Cuídense de aquellos partidos que se dicen de izquierdas o contengan la palabra obrero en sus siglas. Normalmente son todo lo contrario.
Gente que levanta el puño luciendo un Cartier. Gente que aboga por “lo público” pero que utiliza lo privado en cuanto cata nómina pública. Gente que te da limosnas mientras te sangra. Gente entre la que hay, seguro, alguno que ha leído a Maquiavelo, y con lo que se ha quedado es con aquello de “róbales todo a todos, luego escoge al más miserable de ellos y dale algo. Así serás considerado un príncipe generoso.”
¿Les suena? Este es el modo de operar de Yolanda y toda esa tropa. Es lo que consiguió endilgarnos Podemos, es lo que hace el PSOE.
Cuídense, porque los nuevos partidos de izquierdas que están surgiendo, son muy parecidos. Lucen la palabra obrero en sus siglas, pero obreros, lo que se dice obreros, no hay muchos entre sus filas y por descontado, ninguno entre sus líderes. Son otro tipo de ideólogos. Los que por un lado reconocen los problemas que tenemos, pero solo ofrecen la misma receta inútil de siempre.
Otros que solo aspiran al sistema y a poder aposentar sus universitarios traseros en el congreso. Muy parecidos a esos “liberales” que culpan al pueblo de todo. A esos que piensan que son los únicos que pueden solucionar el problema, pero que claro, como somos tontos y no les ponemos a ellos a la cabeza, la cosa no tiene solución.
Eso que ahora se denomina izquierda es un meme, en el mejor de los casos y en el peor son traidores. Así como suena. Son traidores porque defienden políticas absolutamente suicidas.
Traidores que bajo el paraguas de la solidaridad y la lástima inducida nos conducen al desastre. Y estos traidores son seguidos por gente lobotomizada a golpe de slogan y aspiraciones que jamás se realizarán. Gente desnortada que por miedo a perder lo que erróneamente cree que son “sus ideas”, comulga con ruedas de molino. Un ejemplo clarísimo es, apoyar el feminismo y a la religión más machista del planeta a la vez. No hay por dónde cogerlo, y lo saben. Si se quiere ver colapsar a uno de esos lo mejor es planteárselo y divertirse viéndolo hacer filigranas para sostener algo insostenible.
Lo más lastimoso, es que estas personas que te hablan de “sus ideas” o su “ideología”, normalmente son personas que nunca han tenido un pensamiento propio, y que como el que se hace seguidor de un equipo de fútbol, “se apuntan”.
Ojo, lo que llamamos derecha no está mejor pertrechada de fieles. La polarización ya se encarga de eso. Gente que está aceptando un pack de ideas que en algunos casos los perjudica. El ejemplo más claro, es que los predicadores del liberalismo de You Tube, tienen no pocos seguidores entre gente que depende de un trabajo y al que estos predicadores, no dudarían en dejarlo sin un solo derecho.
¡Sálvese quien pueda!
No se afile a ningún grupo, no se crea nada de lo que le cuenten. Compruebe, haga el seguimiento de quién cumple y quién no.
Si usted se identifica como obrero o de clase obrera, no le dé ni un voto al que viva como un señorito a su costa. Tampoco se crea los cantos de sirena de los que pretenden arreglar el mundo “liberalizando” y privatizando todo. No le conviene en absoluto.
Unos y otros solo tienen un objetivo y es, la mayoría de las veces, vivir a su costa.
Pensemos muy bien que debería ser ahora una izquierda que velara por los derechos de los trabajadores. Una izquierda que en vez de demonizar a la clase empresarial pudiera llegar a acuerdos con ella, porque sin empresas no hay trabajo, eso es muy fácil de entender. Pensemos una izquierda que no le diga a la gente cómo tiene que vivir, que no le haga tragar esta papilla infame. Una izquierda que no traicione a su propio país.












