Es lugar común la cita de John F. Kennedy, cuando en la campaña electoral en la que fue elegido presidente de Estados Unidos, afirmaba “no pienses qué puede hacer tu país por ti, piensa más bien que puedes hacer tú por tú país”.
Y es que parece que estamos como un poco abotargados, acostumbrados a que las cosas sean como son; y no nos planteamos que puedan ser de otra manera. Porque quien no adelanta, ni progresa, se paraliza, se acartona y, como las casas viejas que, con los años, si no se reparan las goteras, terminan arruinándose por completo.
Para que lo anterior no suceda en la sociedad, es necesario que ‘la casa’ esté habitada, que la sociedad esté viva, que haya cercanía entre unos y otros; entre los gobernantes y los gobernados.
He estado escuchando la última entrevista realizada al Molt Honorable President de la Generalitat, Juanfran Pérez Llorca, quien ha hecho referencia a su interés -que es lógicamente el nuestro- de “ser buen presidente”. Me ha encantado también la conveniencia de que cuente con respaldo social -entre otras cosas, ha auspiciado si es posible la celebración de un congreso del PP de la Comunitat- y por supuesto ha requerido la opinión de los ciudadanos, si estiman que lo ha hecho bien.
No pretendo corregir lo dicho, que me parece de cajón, pero sí incluir también la necesidad de una regeneración de la vida política, pues tal y como están las cosas, el desafecto hacia la clase política es desmesurado; y eso no es bueno para nadie, porque todos perdemos.
Por esta razón me gustaría señalar que, en mi opinión, se hace preciso una mayor cercanía entre gobernantes y gobernados. Eso significa también un mayor seguimiento de las soluciones a las necesidades y carencias que nos afectan a todos. Pérez Llorca ha hecho afirmaciones interesantes acerca de la vivienda -la Comunitat Valenciana dispone de 8 millones de metros cuadrados edificables ya-; así como las necesarias obras de lo que ya se ha llamado el segundo plan sur del Sur de Valencia.
Pero para poner patas a todo no es suficiente el empeño del político y del partido que le ha encargado esa función, necesitamos de toda la sociedad, pues queremos lo mejor para todos, que nos vaya bien. Por ejemplo, viviendas asequibles para que los jóvenes puedan independizarse y formar un hogar, o la reconstrucción de los daños provocados por la DANA del 29 O.
Que los políticos sean cercanos, accesibles, que podamos hablar con ellos. Si los políticos han de hacer y gestionar, antes, y es lo primero, han de escuchar; y no solo a los subordinados o a los funcionarios, sino a toda la sociedad, a los distintos colectivos. Para llegar al evento en el que entrevistaban al president he tenido que tomar un taxi.
Hablando con el taxista, éste ha contado cómo en los últimos años la ciudad se ha puesto “imposible” con el tráfico con las consiguientes molestias para todos y la pérdida de tiempo, recursos, etc., (y no digamos de los accesos a Valencia), pero ha señalado que las cosas se hacen en un despacho: si hablasen “conmigo”, y en ese conmigo incluía al gremio de los taxistas, arreglábamos enseguida el problema (del tráfico), porque nosotros sabemos dónde están los cuellos de botella, los nudos, en dónde el tráfico rodado se atasca, me decía. Esta es solo una muestra de la necesidad de escucha activa por parte de los políticos y esa escucha se hace cada vez más necesaria ante tanta desafección y ruido.
Alejandro Mendoza
Presidente de la Asociación para el Fomento de los Políticos de Confianza






