Ha llegado el frío, y hay una prenda a tener en cuenta en las tendencias de este invierno, el abrigo; se ha erigido como el rey de la temporada, en muchas y diversas líneas, extra largo, oversize, con formas escultóricas, con vuelo, tipo plumífero, ponchos; pero si hay una tendencia que lidera este ranking, son las prendas de pelo.
Cuando hablamos de pelo se disparan todas las alarmas, salvo alguna salvedad, hablamos de pelo sintético, o de algún tipo de lana trabajada con aspecto de pelo.
Diferenciemos el cuero, del pelo; el cuero sigue evolucionando en el mundo de la moda sin mayor dificultad, e incluso se espera un repunte mayor que el actual en el uso de prendas de vestir. No voy a descubrir nada de su utilización, además de la confección, en todas las prendas calificadas como complementos, bolsos, cinturones, carteras, que son trabajadas en este material. Cuando hablamos de prendas de pelo, la cosa cambia, a partir de los años 80, y mediados de los 90 del siglo pasado, una revolución cambió el mercado de las pieles de pelo, comenzó su cuestionamiento y rechazo social .
Las pieles se consideraron en la antigüedad como necesarias para abrigarse, e incluso con propiedades mágicas, posteriormente se convirtieron en un símbolo de poder y riqueza.
Puedo hablar con conocimiento de causa, he vendido mucha piel de pelo, no había ningún problema, era un comercio legal, con una larga tradición, y fue un mercado ascendente; se perfectamente los millares de prendas que se vendieron. Se manejaba como argumento de venta el origen de los animales, había centenares de granjas que garantizaban ese origen, etiquetas comerciales de alto valor, avalando un comercio justo con los animales, los zorros finlandeses, rusos o americanos, eran muy reconocidos, y lo mismo ocurría con los visones, nutrias, chinchillas, marmotas y algún otro animal.
En esos años comenzó la restricción de algunas pieles, sobre todo de fieras, como el leopardo, pieles que denominamos “manchadas” y que empezaron a estar protegidas por el peligro de su extinción.
Parecía que eran suficientes estas garantías, y que el uso de pieles era correcto, que no generaba ningún problema, además permitía, y este era otro argumento de venta, que no desaparecieran especies al seguir su cría en estas granjas. Frases como” también hay granjas de conejos” intentaba equiparar el uso de estos animales para el “lujo” humano, con la necesidad, pero al fin y al cabo, era simplemente un ejercicio de vanidad, o demostración de estatus social.
- En visitas a poblaciones de nuestra comunidad en fiestas, encontraba más prendas de pelo por metro cuadrado, especialmente visones, que estrellas en el firmamento.
Escuché años después una frase de Milan Kundera: “ La verdadera prueba moral de la humanidad, su prueba fundamental, consiste en sus actitudes hacia aquellos que están a su merced: los animales”. Así lo considero con el paso del tiempo, pensar en animales tan impresionantes como los zorros, en sus distintas variedades, animales preciosos, hacinados y utilizados como objetos de decoración, creo que justifica su protección.
La moda evolucionó con la sociedad, y el rechazo creció de menos a más a una velocidad impresionante, mermó la venta y la industria; muchas personas recordarán importantes peleterías en Valencia, de las cuales, no ha quedado ni el recuerdo, desaparecieron hace ya mucho tiempo, e igual ocurrió en la mayoría de las ciudades españolas y europeas.
El mercado no ha terminado, sigue habiendo países con un consumo muy alto de piel de pelo, sigue habiendo granjas muy importantes en Europa, Canadá, Estados Unidos, Rusia o China.
Lo que voy a detallar ahora, va a poner los pelos de punta a muchas personas; para un solo abrigo, se pueden utilizar 300 chinchillas, 250 ardillas, 60 visones o martas, 6 leopardos, o 20 zorros. No comparto a estas alturas este uso comercial, y que siga la utilización de estos animales para un uso exclusivamente estético; la mayoría de diseñadores así lo entendieron, los retiraron de sus colecciones, y el mercado de la piel sintética da una respuesta más que suficiente con imitaciones magníficas. Sin duda algo que hace muchos años era socialmente normal, hoy en día me causa rechazo, “ aprender sin pensar es tiempo perdido, pensar sin aprender es peligroso”(Confucio).












