Hoy, 9 de Octubre, la Comunitat Valenciana celebra su día grande. Pero este año, el protagonismo se lo ha querido apuntar, otra vez, Pedro Sánchez con un tuit de esos que parecen escritos por su equipo de comunicación para quedar bien en todas las comunidades:
“En este 9 d’Octubre, día grande del pueblo valenciano, quiero expresar mi admiración y afecto por una tierra que ha sabido levantarse con dignidad y coraje tras la DANA. El vostre esperit solidari i resilient és un exemple per a tota Espanya.”
Perfecto para las redes y lleno de palabras vacías. Pero también una falta de respeto para quienes hemos vivido en primera línea la indiferencia institucional. Porque si hay alguien que no puede hablar del sufrimiento de los valencianos ni de su coraje, ese es Pedro Sánchez.

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¿De verdad tiene el valor de felicitar al “pueblo que se levanta con coraje”? No, señor Sánchez. Los valencianos nos levantamos a pesar de su abandono, no gracias a su ayuda.
Admiración… afecto… se pueden pronunciar con facilidad en un tuit, querido Sánchez. Pero la auténtica admiración se gana cuando, durante la DANA, el Gobierno central, en lugar de mirar hacia otro lado, asume responsabilidades, coordina ayudas, agiliza recursos y no deja a los valencianos solos. Que durante esos días hubo silencio, lentitud y excusas baratas.
Ha usado usted estas palabras: dignidad, coraje, resiliencia. Sí, esas virtudes las tiene nuestra gente. Son nuestras, no suyas. Yo las he visto en jóvenes que sacaban barro, en vecinos que abrían casas a extraños, en agricultores que veían como perdían sus tierras, en voluntarios que dejaron sus quehaceres para mirar por los demás. Esa dignidad no la tiene un presidente desde su despacho en Madrid. La resiliencia es mérito nuestro, señor.
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La Comunitat Valenciana no busca aplausos desde Moncloa. Lo que exige es que seamos tratados con justicia, no con compasión.
Y cuando usted habla de “ejemplo para España”, permítame sugerirle que el ejemplo lo dé usted. Que el Gobierno central sea un ejemplo de responsabilidad, que de verdad ayude cuando se le necesita, que no traslade culpas a otras administraciones. Ese debería ser el verdadero ejemplo.
Pero la falta de empatía de este Gobierno no termina en la DANA. Hace ya un año que conocimos el caso de Ángela Agudo, la joven valenciana que sufrió un grave accidente en Tailandia. Su familia tuvo que recaudar más de 300.000 euros para repatriarla después de que el Ejecutivo se negara a enviar un avión militar medicalizado. Y por si fuera poco, Hacienda ha exigido a sus padres la mitad en impuestos por esas donaciones. Ni una muestra de sensibilidad, ni una excepción, ni una palabra de apoyo. Nada. La misma indiferencia de siempre.
Mientras tanto, los integrantes de la llamada “flotilla humanitaria”, retenidos en Israel, sí han contado con el apoyo económico y diplomático del Gobierno, que les ha pagado el billete de regreso a España. ¿En qué se basa este Gobierno para decidir quién merece ayuda y quién no? A una familia valenciana desesperada se le da la espalda, y a un grupo de «activistas» les pone una alfombra roja al llegar a España.
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Y luego, Sánchez se atreve a hablar de “afecto” y de “espíritu solidario”. Esto no es afecto. Es cinismo.
Por eso, su felicitación de hoy suena a burla. Porque sus palabras nos recuerdan a los días en que no vino nadie, con las ayudas que tardaron en llegar, con las familias que siguen esperando justicia. Nos dedica un “Bon 9 d’Octubre”, pero lo que necesitamos no son felicitaciones, sino hechos. Queremos que el Estado esté presente cuando hace falta.
El cariño, señor presidente, no se demuestra con tuits. Se demuestra con gestión, con empatía y con responsabilidad. Cuando un Gobierno responde a una tragedia con silencio, pierde el derecho a hablar de dignidad. Y cuando una familia tiene que endeudarse para traer a su hija enferma porque el Estado mira a otro lado, pierde usted toda autoridad moral para pronunciar la palabra solidaridad.
Feliz 9 d’Octubre a todos los valencianos. Porque nosotros sí sabemos lo que significa la resiliencia, la solidaridad, la dignidad y el coraje.












