Y por fin dio el pistoletazo de salida la Feria de Julio, con un cartel que prometía mucho, con nombres de la tierra: un Román que venía de abrir la Puerta Grande más cotizada de todo el circuito, la de Las Ventas, en una corrida de Victorino Martín. La joven promesa del toreo, Nek Romero, de la Escuela Taurina de Valencia, buscando celebrar en la plaza donde recibió la alternativa de manos de Ponce. Y Olga Casado, quien se postula como futura figura del toreo, con presencias como novillera en grandes plazas.
Román buscó la oreja desde el primer toro
Román recibió a “Marqués”, el primer toro de la feria de la ganadería de José Enrique Fraile, corniveleto y algo cerrado de pitones. Tenía muy buena presencia y se dejó ver distraído por la plaza. Román comenzó la faena con unos trincherazos, buscando ver la movilidad del toro.
En el primer tercio se midió muy bien el castigo por parte del picador, y Nek Romero, ciñéndose a su derecho de realizar unos quites, dejó de pie a parte del público con sus gaoneras. En el segundo tercio, el primer par fue algo caído, pero bien pinchado, seguido de un segundo par con mucha profesionalidad al cuarteo y un tercer par donde no se consigue pinchar.
Y llegó el turno de Román, quien no quería decepcionar en su casa, por todo lo alto. Comenzando de rodillas cerca de las tablas y varios pases que dejaban en claro la actitud del torero y lo que había venido a buscar, acabando con redondos de rodillas y un pase de pecho que arrancó la ovación del público.
Lo colocó en el centro de la plaza y comenzó su recital, consiguiendo que el toro humillara. Tras una buena tanda de naturales muy templados y cogiendo el ritmo del toro, comienza a torear abriendo el compás al ritmo de la música y los vítores del público.
Al toro comienza a faltarle la fuerza para la segunda tanda de naturales por la exigencia de Román, pero aún responde y consigue terminar de sacarle una buena faena. El toro comienza a revolverse en los últimos capotazos y el matador decide ejecutar la suerte final, no sin antes darle una serie de manoletinas. Se lo juega todo en la estocada y convierte con la fuerza de toda la presión de la plaza, teniendo un pequeño percance y cayendo al suelo, pero levantándose intacto y con los aplausos como respaldo. Finalmente, descabella y, tras una oleada de pañuelos blancos en todos los tendidos, el presidente decide marcar el listón muy alto y no concede la oreja. Aunque la plaza le exige una merecida vuelta al ruedo, que cierra al primer toro de la tarde.
Para su segundo toro buscaría la oreja que antes no pudo llegar a recibir. “Dudaguapo” sería el siguiente toro que enfrentaría el valenciano. Un toro hecho, con peso, cornicerrado, buenas hechuras y que embestía con fuerza, pero sin casta. Román se ve obligado a perseguirlo para comenzar y comienza la faena de capote sin poder bajar mucho las manos. Le dedica el toro a un torero de plata de su cuadrilla.
En el primer tercio el castigo fue severo y con muchos pitos por parte de la plaza. Pero el toro sorprende al volver con mucha bravura al mismo lance con el caballo y esta vez sí se controla más el castigo.
Nek se reafirma en los quites y deja unas chicuelinas para la posteridad, ajustadas a más no poder, siendo movido por la fuerza del animal varias veces y manchando el capote. En el segundo tercio destaca el tercer par de Ángel Gómez.
Comienza la faena y consigue arrancar al toro, que parece que ya comienza a distraerse por la plaza, no pudiendo retenerlo en la muleta. Arranca algunos pases y consigue enfocar al toro un poco, pero vuelve a su querencia y, finalmente, será en las tablas donde consiga afianzar su faena y terminar sus tandas. Lo más reseñable, los redondos con los que consigue terminar. Al ir a por la espada mueve la cabeza con cierto gesto de negación, distraído hasta la muerte. Justo antes de que el matador se posicione, se adelanta. Bien al entrar a matar, con una buena estocada, y tras el primer descabello consigue cerrar la faena con una oreja.
Nek se consolida como futuro del toreo tras una tarde memorable
Por su parte, Nek Romero enfrentaría a Carafino, de 538 kilos, corniveleto y zaino, algo complicado de torear por su naturaleza, con cierto peligro sordo. La picada es buena, aunque algo trasera. Cuesta sacarlo del caballo porque se encela. El toro es muy reservón y con peligro, yéndose por dentro, donde los banderilleros hacen un tercio muy torero y con mucha profesionalidad pese al toro.
Nek brinda el toro a Román y comparte con él un momento muy emotivo en la plaza. Comienza a buscarlo en los medios, esperando que se arranque, y, una vez ya lo tiene, con estatuarios y pases cambiados por la espalda consigue la ovación de Valencia, que aprecia su valor. Cerrando con un redondo y mirando al tendido, para comenzar su tanda de naturales, donde poco a poco y con temple consiguió ir arrimándoselo y toreando muy lento. El público lo celebra; sin embargo, el toro comienza a embestir de otra manera y deja momentos de tensión por el pitón derecho.
Termina la faena con redondos y entra a matar a suerte contraria. Pincha en la primera y, tras un buen estoconazo casi entero, no tarda en caer el animal. Sin embargo, el pinchazo condena a Nek y lo deja sin triunfos.
Frasquito sería su segundo toro, misma cornamenta que sus hermanos y de 577 kilos. Y, tras unas chicuelinas para dejar al toro en el caballo, el jinete lo pincha midiendo el castigo, cambiando de tercio en el segundo puyazo. Los dos grandes banderilleros de su cuadrilla, Víctor del Pozo y Fernando Sánchez, ejecutan un segundo tercio muy estético al cuarteo.
Nek brinda el toro a Vicente Mompó, presidente de la Diputación y quien ha hecho posible el cartel. Y le dedica una faena donde, tras una primera tanda larga, ya comienza a sonar la música. Lo torea llevándolo bajito y midiendo la embestida. Se pone de rodillas y de pie la plaza, y con cuatro pases y un redondo de rodillas demuestra que busca la oreja que no pudo cerrar antes. Una larga serie de naturales conectando con el toro y el público, que lo ovaciona cuando va a por la espada.
Tras una última tanda emocionante y ceñida, con mucha torería, entra a matar. Le cuesta cuadrarlo y no consigue terminar de encontrarle el punto hasta que lo lleva al centro de la plaza y clava una buena estocada, pero insuficiente. Descabella por segunda vez y la plaza pide una oreja que es concedida por el presidente.
La mala fortuna se cebó con el lote de Olga Casado
La novillera dejó una actuación de entrega y personalidad ante dos novillos de Montalvo faltos de fuerza y transmisión, imponiendo su concepto del toreo por encima de las limitaciones del ganado.
El primer novillo anunciado, «Pólvora», de 539 kilos, fue devuelto tras recibir un excesivo castigo en varas. En su lugar salió «Bombón», de 490 kilos, un ejemplar terciado y serio de cara, pero muy justo de fuerzas. La cuadrilla brilló en banderillas, especialmente con un tercer par de gran ejecución. Con la muleta, Olga tuvo que ponerlo todo ante un novillo descastado, al que toreó con mucho temple y paciencia, sacando cuanto llevaba dentro. Mató de una estocada efectiva, aunque necesitó el descabello.
Con el cuarto, «Listo», de 540 kilos, Olga firmó lo mejor de la tarde. Comenzó la faena con gran torería y estilo, pese a que el novillo también llegó mermado tras el paso por el caballo. Construyó una labor de mérito que fue creciendo hasta dejar una brillante tanda de naturales, rematada con un pase por la espalda y un vibrante final por manoletinas. El primer pinchazo enfrió los ánimos, pero una gran estocada en el segundo intento puso el broche a una faena que mereció mejor premio.
Olga Casado volvió a demostrar que posee recursos, temple y una personalidad muy definida, dejando una excelente impresión pese a un lote que apenas ofreció posibilidades.








