La escenografía es muy ingeniosa. A menudo mantienen dos alturas en donde tienen lugar distintas escenas: la planta baja, un taller de muñecos de boda, una velada alusión a los planes matrimoniales frustrados. La superior, en cambio, son los aposentos del castillo en donde mora el Conde Walter. Ambos pisos están ambientados en el tránsito finisecular, a caballo entre los siglos XIX y XX. Los vestuarios están en concordancia con la escenografía.
Nos felicitamos por el regreso del iluminador jiennense Antonio Castro. El de Cambil tuvo un golpe de genialidad cuando Luisa Miller accedió al Cielo, pues tamizó el escenario con una espesa nube iluminada por detrás con una cegadora luz blanca, recordándonos el iluminador, nacido en las estribaciones de Sierra Mágina, los rompimientos de gloria y las escenografías del Barroco.
Luisa Miller contó con un maravilloso reparto canoro. La soprano calabresa Mariangela Sicilia nos volvió a deleitar con su instrumento carnoso al tiempo que hizo una buena exhibición de las coloraturas.
Muy expresiva, sin abusar del vibrato, su voz está a medio camino entre la lírico-spinto y la lírico-ligera. Espectacular el barítono argentino Germán Enrique Alcántara, tanto por sus increíbles progresiones a su registro agudo y sobreagudo como por sus rotundos y emocionantes tránsitos hacia las gamas plutónicas. La interpretación del nacido en Misiones, lacrimógena y tierna a la vez. A su vera, otro gran cantante: el bajo bergamasco Alex Esposito.
Asistido por ese fiato maravilloso, este hombre puede cantar cualquier cosa, incluso la ópera rusa, me atrevería a sugerir. La maldad que supo exprimir a su papel del Conde Walter descansó en los tintes oscuros, sepulcrales, de su voz. El tenor anglo-italiano Freddie De Tommaso es un spinto corpulento, casi perfecto, de voz poderosa. Tan sólo le falta manejar con más habilidad las medias tintas, los tránsitos del mezzoforte al forte. Con todo, cautivó merecidamente al público, siendo muy aplaudido, como el resto de los cantantes.
Muy buena la mezzosoprano siberiana Maria Barakova, en particular, al recorrer el registro grave, epatante. Finalmente, el bajo lombardo Gianlucca Burato dibujó magistralmente al malvado Wurm, gracias a ese dominio que posee del Ars canendi.
El Cor de la Generalitat Valenciana cuajó una gran actuación, así como la Orquestra de la Comunitat Valenciana. La batuta de Sir Mark Elder, un gran conocedor del teatro lírico que supo manejar con habilidad el discurso dramático estructurado en torno a la solita forma.
FICHA TÉCNICA
Lugar y fecha: Palau de Les Arts Reina Sofia, Sala Principal, sábado, 13 de diciembre, 19 horas.
Programa: Luisa Miller, ópera en tres actos con libreto de Salvatore Cammaranoy música de Giuseppe Verdi.
Reparto: Germán Enrique Alcántara, barítono (Miller); Mariangela Sicilia, soprano (Luisa); Álex Esposito, bajo (El Conde Walter); Freddie De Tommaso, tenor (Rodolfo); Maria Barakova, mezzosoprano (Federica); Gianlucca Buratto, bajo (Wurm); Lora Grigorieva, mezzosoprano (Laura); Antonio Lozano, tenor (un campesino).
Dirección de escena: Valentina Carrasco.
Escenografía: Carles Berga.
Vestuarios: Luciana Gutman.
Iluminación: Antonio Castro. Orquesta: Orquestra de la Comunitat Valenciana.
Coro: Cor de la Generalitat Valenciana.
Dirección musical: Sir Mark Elder.











