El público valenciano tiene la gran suerte de disfrutar de esta producción de la Ópera de Colonia, una auténtica joya, acaso sea de las mejores puestas en escena que hemos contemplado (y escuchado) en nuestro Palau de Les Arts. Todo salió a la perfección.
Hay que ver con qué escasos elementos del atrezzo puede conseguirse una escenografía tan resultona: unos triángulos de madera pintados de negro para simular las pirámides del Egipto faraónico; vídeos proyectados sobre el tul con paisajes semidesérticos, en donde no faltan las palmeras; y una suave brisa que hacía ondear un pañuelo celeste sobre una espada a guisa de estandarte de Sesto. Y no hizo falta nada más. Otro estandarte, la trompa natural en lo alto, jugaba con el símil del cazador (Tolomeo) cazado por Julio César, que ya se menciona en el aria central del militar romano, <Va tácito e nascosto>. La iluminación, correcta. En los vestuarios hubo derroche de imaginación, desde la emulación de la toga togata de Julio César (el grueso fajín cruzado rosa plateado) sobre la coraza toracata, emulando su doble condición de político y militar, hasta los miriñaques negros de las figurantes, quienes se inclinaban hacia delante para convertirse en mobiliario humano. La máscara de Aquilas tal vez pretenda simular el cambio de bando postrero a favor de Cleopatra.
El director de escena brilló al conjugar los movimientos de los personajes durante los ritornelli de las arias da capo
Los cantantes, sencillamente maravillosos. El contratenor norteamericano Aryeh Nussbaum Cohen, quien canta en esta ópera de Haendel 8 arias da capo, las cuales engloban casi todas sus variantes (excepto el aria da capo cantábile, únicamente acompañada por el Bajo Continuo), encarnó el papel masculino estelar, Julio César, que, en su estreno, fue interpretado por el gran castrado Senesino (Francesco Bernardi). En la mayoría de las arias, Cohen fue mesurado en los ornamentos y coloraturas del da capo (tercera sección, A’), salvo en el aria di bravura o d’agilità, en donde echó el resto, y el aria con violín solista obbligato, (aria da capo d’imitazione), en la cual ambos bromearon musicalmente (el célebre efecto en eco del Barroco), provocando la hilaridad de los aficionados asistentes a la representación. Y, por si fuera poco, dos recitativos accompagnati. ¡Casi nada! Aryeh Nussbaum Cohen tiene una técnica y unas facultades canoras extraordinarias.
Este capolavoro de Haendel ha supuesto la coronación, el estrellato de la soprano valenciana Marina Monzó. Fue ella la que arrancó los vítores más emotivos del respetable. Su papel estelar, Cleopatra, partenaire de Julio César, es, asimismo, sufrido: Ella canta ocho arias da capo y dos recitativos accompagnati. A sus grandes dotes canoras, con bellísimas coloraturas, jugando con su voz fresca, flexible, Marina Monzó unió su gracia interpretativa, como actriz.
La contralto italiana Sara Mingardo viene avalada por su currículum discográfico, galardonada con el Premio Grammy a la mejor grabación de ópera, amén de una luenga carrera internacional.
Experta en la ópera barroca, la veneciana acometió con hondura un papel trágico, melancólico, como es el de Cornelia, siempre ensimismada por la muerte de su esposo, Pompeyo. La Señora Mingardo manejó para ello con suma habilidad las medias tintas y el sottovoce. El dúo con su hijo Sesto, papel interpretado por su compatriota, la soprano Arianna Venditelli, consiguió emocionar profundamente a los espectadores, hasta casi hacerlos llorar por la belleza que desprende. Por su parte, la señorita Venditelli es un auténtico comodín, muy versátil, con una amplia paleta de colores en distintos registros.
El contratenor persa Cameron Shahbazi tiene una voz muy voluminosa, ideal para el papel que acometió, Tolomeo, que destila mezquindad y ambición. En cambio, el bajo-barítono quebequés Jean-Philippe McClish fue, -dentro de la excelsa calidad general-, el eslabón más débil de la cadena. Es verdad que atacar las coloraturas tan rápidas para la voz del bajo no es nada fácil. Tan sólo le faltó más claridad en los fraseos veloces, al ejecutar los ornamentos.
Muy dignos los papeles secundarios, el del bajo Bryan Sala (Curio) y el de la mezzosoprano rusa Lora Grigorieva (Nireno), concebido para un castrado contralto.
La Orquestra de València cuajó una de sus mejores actuaciones, animada por esa mágica batuta, la de Marc Minkowsky, que descargaba su energía en los ritornelli de regreso al Da Capo y en los conclusivos.
Enhorabuena al Palau de Les Arts. Probablemente, no se pueda hacer mejor.
FICHA TÉCNICA:
- Lugar y fecha: Palau de Les Arts, Sala Principal, domingo, 8 de marzo, 18 horas.
- Programa: Giulio Cesare in Egitto, ópera seria en tres actos con libreto de Nicola Francesco Haym y música de Georg Friedrich Haendel.
- Reparto: Aryeh Nussbaum Cohen, contratenor (Giulio Cesare, papel para castrado contralto); Marina Monzó, soprano (Cleopatra); Sara Mingardo, contralto (Cornelia); Arianna Venditelli, soprano (Sesto); Cameron Shahbazi, contratenor (Tolomeo, papel para castrado contralto); Jean-Philippe McClish, bajo (Achilla); Bryan Sala, bajo (Curio); Lora Grigorieva, mezzosoprano (Nireno, papel para castrado contralto).
- Dirección de escena: Vicent Boussard.
- Escenografía: Frank Philipp Schlösmann.
- Vestuario: Christian Lacroix.
- Colaborador de vestuario: Robert Schwaighofer.
- Iluminación: Andreas Grüter.
- Vídeo: Nicolas Hurtevent.
- Coreografía: Svenja Gottsmann.
- Orquesta: Orquestra de la Comunitat Valenciana.
- Dirección musical: Marc Minkowski.
- Producción: Oper Köln.












