Las medidas de conservación y protección aplicadas en las cuevas y refugios de la Comunitat Valenciana están favoreciendo el crecimiento de las poblaciones de murciélagos autóctonos.
Los equipos de Vida Silvestre y Xarxa Natura 2000 de la Generalitat han constatado, a través del seguimiento realizado durante los últimos años, un incremento de las colonias en aquellos espacios donde se han implantado medidas destinadas a reducir las perturbaciones.
Entre las actuaciones desarrolladas destaca la instalación de vallados rígidos para impedir el acceso no autorizado a las cavidades, especialmente durante los periodos más sensibles para estas especies: reproducción, cría e hibernación.
Uno de los ejemplos más significativos se encuentra en la cueva de Macastre, donde la población de murciélagos se ha cuadruplicado en la última década.
La colonia de Macastre pasa de 1.000 a más de 4.000 ejemplares
En 2015, los censos realizados en la cueva de Macastre contabilizaban alrededor de 1.000 murciélagos.
Una década después, la colonia ha superado los 4.000 ejemplares, lo que supone multiplicar por cuatro la población registrada inicialmente.
La cavidad se ha consolidado así como uno de los principales refugios de reproducción de murciélagos de la Comunitat Valenciana, gracias, entre otros factores, a las medidas destinadas a preservar las condiciones naturales del espacio.
Hasta ocho especies autóctonas utilizan la cueva
La importancia de la cueva de Macastre no se limita al número de ejemplares. La cavidad alberga hasta ocho especies autóctonas de quirópteros, algunas de ellas incluidas entre las colonias más numerosas de la Comunitat Valenciana.
Entre las especies presentes se encuentra el murciélago mediterráneo de herradura (Rhinolophus euryale) y el murciélago de cueva (Miniopterus schreibersii).
La cavidad también constituye un refugio relevante para el murciélago ratonero mediano (Myotis myotis/blythii), el murciélago ratonero ibérico (Myotis escalerai) y el murciélago ratonero patudo (Myotis capaccinii).
Esta última especie presenta una distribución muy restringida en el Mediterráneo occidental y llegó a encontrarse al borde de la desaparición en este territorio, por lo que la conservación de sus refugios resulta especialmente importante.
Vallados para proteger las colonias durante las fases más sensibles
La Conselleria de Medio Ambiente protege estas cavidades mediante la instalación de vallados rígidos que dificultan el acceso de personas y de determinados depredadores.
El objetivo es mantener la tranquilidad y las condiciones ambientales que necesitan los murciélagos para completar las diferentes etapas de su ciclo biológico.
Las cuevas ofrecen unas condiciones relativamente estables de humedad y temperatura, lo que permite a estos mamíferos reducir su gasto energético y afrontar con mayores garantías periodos especialmente delicados como la hibernación, la reproducción y la cría.
La presencia humana en estos momentos puede provocar alteraciones en el comportamiento de las colonias e incluso el abandono de los refugios.
Más de 25 años de seguimiento científico
Los especialistas de Vaersa realizan desde 1997 el seguimiento de las poblaciones de murciélagos en diferentes cavidades de la Comunitat Valenciana.
Los censos se desarrollan mediante técnicas no invasivas, diseñadas para obtener información sobre las colonias sin perturbar a los animales, especialmente durante los periodos de reproducción y cría.
Los equipos se sitúan en las entradas de las cuevas al anochecer, coincidiendo con el momento en el que los murciélagos abandonan sus refugios para salir en busca de alimento.
35 cuevas valencianas albergan importantes colonias
La Comunitat Valenciana cuenta actualmente con 35 cuevas que albergan importantes agrupaciones de murciélagos.
Estos refugios presentan una especial sensibilidad durante los periodos de hibernación, apareamiento y cría, etapas en las que cualquier alteración puede tener consecuencias sobre las colonias.
La entrada de personas, el ruido u otras perturbaciones en el interior de las cavidades pueden provocar el abandono de los refugios y comprometer la supervivencia tanto de las crías como de los ejemplares adultos.
La experiencia de la cueva de Macastre, donde la población ha pasado de unos 1.000 ejemplares a más de 4.000 en una década, pone de manifiesto la importancia de mantener las medidas de protección y el seguimiento científico de estos espacios.












