Según el Observatorio del Ferrocarril -OFE- (https://www.transportes.gob.es/ferrocarriles/observatorios/observatorio-del-ferrocarril-en-espana).
En su informe de 2024, la inversión pública bruta en infraestructuras ferroviarias en España alcanzó los 4.890,8 millones de euros. Supuestamente, la cifra suponía un aumento impulsado por fondos europeos, pero, aun así, quedó muy por debajo de las de otras economías europeas.
Alemania destinó 12.715 millones de euros a su red ferroviaria y Francia, 12.440 millones. Incluso Italia, con unas circunstancias parecidas a las de España, superó los 11.000 millones: más del doble de lo invertido por Pedro Sánchez y Óscar Puente.
España es la tercera economía de la Unión Europea que menos invierte en mantenimiento, con un gasto de 45,5 millones de euros por cada mil kilómetros, la mitad del promedio europeo (80,6 millones), y se queda lejísimos de países como Holanda o Reino Unido, que superan los 300 millones.
En gobiernos anteriores, por ejemplo, entre 1990 y 2018, se destinaron 55.888 millones de euros al AVE y 3.650 millones a Cercanías. En su día, la gente protestó argumentando que solo el 5 % del total de usuarios utilizaba el AVE, frente al 90 % que utilizaba Cercanías.
Los gobiernos de Felipe González argumentaron que debíamos actualizar o adecuar la infraestructura ferroviaria al nivel europeo.
Recordemos también que, en 2005, Renfe se dividió en una operadora (Renfe), que gestionaría los trenes —junto con la marca AVE—, y Adif, que se ocuparía únicamente del mantenimiento de las infraestructuras. Y, como ocurre con todo lo relacionado con el PSOE, en 2016 fueron arrestados catorce empleados de Adif de Madrid y Barcelona por el sobrecoste del 34 % de su construcción: 82 millones de euros, que se dice pronto, pero son muchos millones.
Bueno, pues aún no hemos aprendido.
A principios de este año, después del accidente de Adamuz, medios oficialistas afines al Gobierno defendían y justificaban al ministro de Transportes diciendo que el problema no era cuánto se gastaba, sino en qué contexto se gastaba: «Hace 20 años, la red era más reducida y el tráfico, notablemente inferior. Antes de la liberalización ferroviaria, la alta velocidad transportaba a 11 millones de pasajeros y, en 2026, la cifra es de 22 millones; además, se ha multiplicado por 17 desde 1992».
José Manuel Vassallo, catedrático y director del Centro de Investigación del Transporte, llegó a declarar para ese medio: «Estamos gastando mucho, pero porque tenemos que adaptar una red que se diseñó para unos niveles de tráfico mucho menores».
Cómo no, este medio nos regaló un análisis histórico nada ideologizado:
- La gran expansión (2000–2008): durante los gobiernos de José Luis Rodríguez Zapatero, la inversión ferroviaria pasó de 4.898 millones a 9.288 millones de euros, un aumento cercano al 90 %. Se inauguraron corredores clave y se desplegó gran parte de la red de alta velocidad.
- Los recortes (2012–2018): con la crisis y el Gobierno de Mariano Rajoy, el gasto cayó hasta los 2.356 millones anuales, un recorte de alrededor del 60 %, que afectó tanto a las nuevas inversiones como al mantenimiento. En 2018, el gasto era incluso inferior al del año 2000.
- La recuperación (2018–actualidad): con el Gobierno de Pedro Sánchez, la inversión ha vuelto a crecer. De 2.300 millones en 2018 se ha pasado a 3.525 millones, con el objetivo declarado de acercarse a los 4.500 millones.
Sé que nunca trabajaré para este medio ni para ningún otro similar al que cito y cuyo enlace les dejaré a continuación para que vean que no les miento. Pero considero que ha llegado la hora de exigir responsabilidades y señalar algunas publicaciones de periodistas o medios de comunicación. Hay muchas noticias, artículos, tertulias o programas de radio totalmente inofensivos y triviales. Pero el periodista y el medio tienen que ser muy conscientes de las repercusiones morales de lo que defienden, comentan, apoyan o justifican.
Las vidas de las personas no tienen precio. La mala gestión y la mala política tienen consecuencias. Recordemos quién tiene responsabilidades; recordemos quién justificó, quién robó y quién colocó a «sobrinas». Recordemos que la corrupción mata, que robar mata.
Hay cosas injustificables. Que cada palo aguante su vela.










