Enrique Arias Vega: El cáncer del absentismo
No estuvo afortunado Núñez Feijóo cuando aludió al cáncer del absentismo para referirse al abandono temporal del trabajo de quienes se acogen a una baja médica.
La frase, monda y lironda, podría interpretarse como una culpabilización de los afectados, como si éstos se acogiesen a la baja sin merecerla. La intención del líder del PP, al parecer, fue otra y se refería al drama económico que supone un coste de 33.000 millones de euros a sufragar entre el Estado y las empresas. El fenómeno se hace más preocupante por su aceleración, ya que hace siete años era menos de la mitad.
Estaremos de acuerdo, pues, de que esto se trata de un auténtico drama, sobre todo para quienes sufren la incapacidad temporal, por una afección u otra. El ahí donde reside el problema, pues en principio cabe suponer que nadie quiere enfermarse.
A la hora de poner remedio al problema no ha sido muy explícito el señor Feijóo, teniendo en cuenta que en la falta de prevención de accidentes laborales y otras patologías médicas está la raíz del escándalo de estas cifras. Ésta es, por consiguiente, una asignatura pendiente, tanto por la administración como por el mundo empresarial.
Otro elemento clave de la cuestión son las trabas sanitarias y administrativas en resolver las enfermedades, por las listas de espera y el papeleo subsiguiente a la dispensación del tratamiento.
O sea, que nos hallamos ante una cifra superior a la de los países de nuestro entorno y no todo puede ser buscar en la picaresca y el fraude, que también los hay, el origen del escándalo. Lo innegable, quiérase o no, es que el problema, mejor o peor formulado, existe.










