Pues de ahí surgieron muchos de nuestros actuales problemas. De la mansedumbre con la que aceptamos una medida totalmente demencial, como lo fue el confinamiento.
De cómo aceptamos unas medidas que a todas luces eran completamente inútiles y muchas veces, ridículas. De cómo dejaron que los voceros nos metieran el miedo en el cuerpo, hasta convertir a los más idiotas en los “capos del campo de concentración.” De cómo normalizamos que la policía detuviera a gente por salir de casa a unas calles vacías. De cómo se podían derribar puertas si se sospechaba de una reunión, pero que aún hoy no se derriban si lo que hay dentro son okupas.
Recuerden el cachondeo de las mascarillas.
Ese robo por el que Ábalos ha sido condenado a 24 años, su asesor a 19 años y que el empresario que ha tirado de la manta se ha librado por colaborar. Recuerden que nos la impusieron por la fuerza durante casi dos años. En espacios cerrados e incluso en nuestro coche, aunque solo estuviéramos nosotros dentro. Que no podías entrar en ningún sitio sin llevarla.
- Que si estabas sentado comiendo te la podías quitar, pero si estabas sirviendo mesas, no.
Que nos indujeron a pensar que eso protegía a quien la llevara puesta, porque de habernos convencido de lo contrario, -que “protegía” a los demás- No hubieran tenido ni la mitad de éxito. Recuerden que, al principio, cuando los que necesitaban el material de protección eran los sanitarios, esta gente ya estaba haciendo negocio. Y no solo recuerden, piensen, además, porque estoy segura de que alargar los estados de emergencia, las imposiciones absurdas respecto a las mascarillas, la movilidad y todo ese tipo de medidas eran básicamente para poder trincar.
Veremos ahora esos “rescates” de empresas.
Veremos ahora cuantas se rescataron de forma legítima y cuantas se rescataron para cobrar comisiones, veremos incluso quien “montaba empresas” para recibir esos rescates.
La pandemia les abrió las puertas del gallinero a muchos zorros. No había control, el congreso cerrado y todo a golpe de decretazo. Estaban flotando en “dictalandia.” Se vieron tan impunes que perdieron el norte.
La mayoría de la gente obedeció ciegamente.
Los únicos que podían salir a trabajar eran los de “servicios esenciales.” Claro, cómo no. Mientras la gente tuviera lo imprescindible se aseguraban la obediencia. Esos “esenciales” eran los sanitarios, como no, los transportistas y los de supermercados. Incluso, los estancos. Tampoco olvidemos a Griso, sonriente diciéndonos que era muy afortunada de poder salir a trabajar al plató de su programa, mientras, nosotros estábamos encerrados. Lo suyo, era un trabajo “esencial.”
- Que se tuvieran que tomar medidas para atajar los contagios y las muertes por el virus, no quiere decir que todo lo que se hizo tuviera esa razón, ni siquiera que tuviera algún sentido que no fuera el de aprovecharse.
Se alargó el cautiverio sin razones médicas demostrables, se abusó de la población mediante el miedo y se hizo negocio con todo. Mascarillas, PCR (que eran como tirar una moneda al aire) los laboratorios que analizaban esas PCR o los respiradores que después no servían…
La pandemia en España fue un Buffet libre para el latrocinio y el abuso. De aquellos polvos estos lodos.
¿Y por qué sale todo esto ahora? Pues porque esta gente que nos gobierna creía que podían hacer lo que les diera la gana y han querido ir a por el poder judicial. Y otra cosa no, pero sacar la suciedad y la corrupción en España es facilísimo.
- Basta con levantar cualquier alfombra.
Estaría bien, que ahora que se están levantando esas alfombras, la cosa no quedara solo ahí. Estaría bien, que otras muchas cosas se investigaran con la misma diligencia. Aunque creo que eso no ocurrirá.
¿La riada? Pelillos a la mar, fue una catástrofe natural. El abandono y la incompetencia también fueron muy “naturales.” ¿Los incendios? Mala suerte. ¿Los accidentes ferroviarios? Pues eso, accidentes.
¿Sabe usted que tienen en común estas “alfombras”? Que solo afectan a los españoles, al pueblo. Por eso jamás se levantarán, ahí están todos de acuerdo.










