En estos últimos días se está hablando mucho de la extraña mancha fría al sur de Groenlandia y de un posible colapso de la AMOC: analizamos los impactos en el clima de Europa y España.
Uno de los temas más comentados en las redes sociales está siendo la presencia de la mancha fría en las aguas situadas al sur de Groenlandia e Islandia, un fenómeno que despierta intensos debates entre aficionados y profesionales.
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No han tardado en salir algunas hipótesis sobre su relación con el posible colapso de la circulación de vuelco meridional del Atlántico (AMOC, por sus siglas en inglés).
Por este motivo, tres meteorólogos de Meteored (José Miguel Viñas, Andrea Danta y el que escribe estas líneas) hemos decidido aclarar algunos conceptos relacionados con la mancha fría del Atlántico norte, la AMOC y posibles impactos futuros en el clima de Europa. El vídeo con el análisis lo podéis encontrar en la parte superior de la noticia, pero a continuación comentaremos algunos detalles sobre este tema que se ha hecho viral.
¿Qué es esta mancha fría y por qué ha aparecido al sur de Groenlandia?
Los científicos llevan más de una década siguiendo el descenso de la temperatura en una región oceánica al sur de Groenlandia e Islandia. Según las estimaciones, dicha anomalía está en torno a -1 ºC respecto a los niveles preindustriales, algo que desafía al calentamiento generalizado del resto de la Tierra, tanto en tierra como en los océanos. No se trata de ningún error, ya que este sector está muy monitorizado por una densa red de boyas.

Esta anomalía se conoce como ‘cold blob’, literalmente como mancha fría. No hay unanimidad en absoluto entre meteorólogos, climatólogos y oceanógrafos, pero la teoría más aceptada es que el debilitamiento de la AMOC es el principal responsable del desarrollo de esta mancha fría. Hay que recordar que este sistema dirige aguas cálidas desde los trópicos hacia el norte del Atlántico, como si de una cinta transportadora se tratara.
La acelerada fusión del hielo de Groenlandia a consecuencia del calentamiento global habría provocado una desaceleración de la AMOC, como preveían algunos modelos y estudios. Si el agua superficial del Atlántico norte se vuelve menos salada a consecuencia del deshielo, no es lo suficientemente densa como para hundirse e impulsar la AMOC. Si esta situación se mantiene en el tiempo, podría debilitarse aún más e incluso acabar colapsando.
Sin embargo, hay estudios recientes que apuntan a que cambios en los patrones atmosféricos a gran escala podrían desempeñar un papel igual de importante en la formación de la mancha fría, en concreto variaciones en la NAO (Oscilación del Atlántico Norte), cuya fase positiva se ha reforzado en el último siglo. Por tanto, como vemos se trata de algo extremadamente complejo en el que intervienen una serie de factores interrelacionados entre sí.
Los posibles impactos del colapso de la AMOC en el clima de Europa y España
¿Qué pasaría si la AMOC finalmente acabara colapsando? Lo primero que queremos dejar claro que no todo el ámbito científico coincide en esto, con investigaciones que arrojan resultados dispares. Hablamos de un supuesto basado en simulaciones y proyecciones sobre el escenario más extremo, y que puede no ocurrir. Por ahora, las probabilidades parecen muy bajas en este siglo.
En caso de colapso total de este sistema, el oeste de Europa sería la zona que más notaría los efectos del colapso de la AMOC por cercanía geográfica, con un clima que se volvería bastante más frío que en la actualidad. Los modelos estiman descensos de entre cinco y diez grados de la temperatura media en Groenlandia, Escandinavia, Islandia y las islas británicas, en especial en invierno: el hielo ártico podría llegar a ciudades como Ámsterdam, Bruselas o Londres.

En el caso de la España peninsular, el descenso sería más moderado, entre dos y cuatro grados en general, más acusado en el norte y en la mitad occidental, notándose menos en las comunidades mediterráneas y en el sur.
Canarias las temperaturas bajarían, los alisios se podrían reforzar y cambiarían las corrientes marinas. En el resto del hemisferio norte, la temperaturas cambiarían poco o nada, según las proyecciones.
En lo que respecta a las precipitaciones, la mayor parte de Europa se volvería más seca. Sin embargo, el sur de Francia, la Península Ibérica y parte de la cuenca mediterránea podrían experimentar la situación contraria debido al desplazamiento al sur del chorro polar, que además se intensificaría, con temporales de lluvia, nieve y viento más frecuentes y extremos.
El hipotético colapso de la AMOC no sería súbito
La otra cara de la moneda se daría en el hemisferio sur, donde se produciría un repunte acusado y generalizado de la temperatura al quedar retenido el calor destinado al norte. El ecuador térmico se posicionaría más al sur, lo que alteraría el régimen de precipitaciones globales: llovería mucho menos en el Caribe, dándose el escenario opuesto en Indonesia, Australia y el noreste de Brasil. Por otra parte, el monzón se debilitaría en la India, China y el sureste asiático.
Eso sí, nos podemos ir olvidando de estampas como las de la película de «El Día de Mañana». La mayoría de los climatólogos coinciden en que un hipotético colapso de la AMOC no sería algo repentino que cambiase el mapa tal y como lo conocemos ahora en cuestión de horas, sino que tendría que pasar al menos un siglo. Además, no se trataría de un proceso indefinido, sino que con el tiempo la situación volvería a la normalidad, pero causando un efecto rebote en el calentamiento global.











