Hemos asistido a uno de los episodios más negros de este país durante estos días. No, no voy a pronunciarme sobre la eutanasia, pero sí sobre la ley. Es un coladero. Ha quedado patente.
Sin embargo, de todo el horror visto estos días, de las opiniones, los “relatos” los bulos interesados de un bando u otro, de las mentiras y verdades del caso, lo peor ha sido el trato mediático. Lo peor ha sido el programa asqueroso de esa señora que parece que lleva un pájaro atropellado en la cabeza. Esa periodista “hija de” su señor padre, fiel servidor del régimen. Esa señora a la que le han dado un Premio Planeta que apesta a “pago por servicios prestados”. Esa señora que ha montado un show con la muerte sin ningún recato.
Desde que Nieves Herrero nos ofreciera, allá por los noventa, el “Alcásser Show” no habíamos asistido a nada tan degradante. Desde aquel “no me llores” no habíamos visto ni oído algo tan grotesco y envilecedor.
Hacer un espectáculo morboso con la muerte de una chica joven, con el contubernio de parientes y conocidos, es repugnante. Y lo peor es la audiencia. Sin audiencia, estos circos del horror no se producirían. Sin la audiencia de miles de personas totalmente abducidas y atontadas estas cosas no sucederían.
De forma pornográfica esta periodista amante del morbo ha entrevistado a una madre que se prestó al show, una abuela y por lo visto a todo aquel que era feliz con un micrófono delante. Esto es aprovecharse de la desgracia ajena. Esto es hacer caja con la muerte.
El lamentable espectáculo no solo era eso, un espectáculo. En mi opinión la publicidad y visibilidad que se le ha dado a este caso es una Ventana de Overton.
Un pasito más a la normalización de la nueva eugenesia.
Que algo sea legal no quiere decir que sea bueno, ni mucho menos justo. Casos hay muchos. Hace décadas castrar químicamente a los homosexuales era legal.
“Por un bien mayor” o por “tu bien” o por “el bien de la mayoría” se han cometido todo tipo de atrocidades. Basta con revisar la historia reciente.
Una de las palabras más prostituidas de nuestra democracia es “derecho”. Te ofrecen como un derecho la muerte, como si esa “prerrogativa” le correspondiera al Estado. Te ofrecen constantemente derechos que ya poseías cambiándoles el nombre y ocultando tras un relato manipulado, la derogación de facto de ese mismo derecho. Ejemplo claro es la ley de vivienda, que lejos de garantizarla ha convertido el robo en algo legal.
La ley de eutanasia es un queso de Gruyere, está repleta de agujeros y coladeros para que se puedan cometer todo tipo de tropelías. Y lo veremos.
Veremos cosas muy feas porque hasta en esta desgracia hay polarización. Si o no, pero sin condiciones, comprando un pack indisoluble de ideas.
Para que esto ocurra nada mejor que un buen Show televisivo. Para que esto ocurra no falta gente como la del pájaro muerto en la cabeza. Gente muy bien pagada y no solo con su nómina. Gente sin escrúpulos. No solo ella, el elenco de periodistas, opinadores y tertulianos que se han prestado a esta macabra representación, son igualmente mercenarios del poder.
Que las televisiones son un brazo propagandístico ya no puede dudarlo nadie con dos neuronas que se hablen.
No es por la audiencia por lo que se montan esos circos, es por la propaganda. La audiencia de las televisiones ahora mismo es muy inferior a la que por ejemplo pueden tener algunos youtubers.
Que un programa como este fuera emitido ayer es una vergüenza nacional. Que tras lo visto hace treinta y cuatro años se haya caído en la misma ignominia, es desolador. Si tras el vergonzoso show montado en Alcásser, la periodista tuvo su escarmiento en forma de vacío, esta no merece algo mejor.
Si como sociedad no somos capaces de ver lo nauseabundo que fue el espectáculo de ayer, es que estamos peor de lo que parece.
Si en vez de la polarización, la opinión, los relatos y los circos interesados, este caso se hubiera tratado de otra forma, como por ejemplo montando una plataforma de ayuda médica, psicológica y económica para amparar a esta chica, por la sociedad civil, las cosas hubieran sido muy diferentes. Pero en vez de eso, una sociedad enferma y mermada se entretuvo en opinar y posicionarse, dando por sentado la muerte de la muchacha.
El Estado ha fallado una vez más, como viene siendo costumbre. La sociedad también. De haber actuado ofreciendo la ayuda que el Estado no brindó, las cosas habrían sido muy distintas, estoy segura. Al Estado eso de que la sociedad civil se organice y lo deje al margen no le gusta nada. Lo pone en evidencia como al obeso inútil que es. Por eso necesita propagandistas y trileros de la información, para garantizarse no solo la obediencia perruna, sino un lavado de cara cuando es necesario.












