Hace tan sólo 2 días que acabaron las Fallas y la resaca emocional siempre es mucho peor que la física, esa que sufren ahora mismo todos los valencianos. Las Fallas son ese momento en que Valencia se viste de gala y viste a su Virgen con un manto de flores.
Es ese momento en el que la ciudad se convierte en pueblo
Todos los vecinos se reúnen, viejos amigos y nuevos conocidos. Todos bajo la tela de los casales, que hoy se siguen viendo por las calles de nuestra ciudad y se ven como esqueletos, la prueba de un cuerpo que antes estaba lleno de vida. Dicen que, si te acercas, aún se escuchan voces cantando “La mediterránea” y el sonido de una rasera rascando la paella.
Se han acabado las Fallas, pero sigue su recuerdo en cada calle por la que pasas
Ya sea por historias que has vivido: aquél baile en Giorgeta, aquella torrá en Dómine Port, el concurso de paellas en Archiduque Carlos, esa discomóvil a cielo abierto donde esperabas muchas cosas, menos reencontrarte con amigos de la infancia. Los churros con chocolate de resaca, ir a la ofrenda con un traje tradicional y gafas de sol, aunque esté nublado.
Y es que la magia de las Fallas es eso: su fuego, quemar todas las naves en una semana
Un fuego que arde con tanta intensidad, tanto dentro como fuera, en las calles y en el alma. Siempre es difícil decir adiós, las despedidas, pero las Fallas son una prueba de vida, de que, para que algo nuevo se cree, antes tiene que destruirse el pasado, quemarlo, purificarlo. Es prepararte para la vida. Las Fallas se queman con la fuerza del que sabe que el año que viene será mejor, de que el fuego no acaba con todo, sino que lo repone.
Sólo aquel que es capaz de deshacerse de su mejor obra podrá tener duende para crear de nuevo
Las Fallas no solo son cultura valenciana, sino que son la muestra del espíritu valenciano, un espíritu que no se doblega ante ninguna catástrofe, que no se rompe, que resurge más fuerte que nunca, como el ave fénix de sus cenizas, que hace que sean llevaderos los peores momentos, como se demostró tras la DANA.
Es esta pasión que siente el pueblo valenciano la que llena de vida cada año sus calles, la que colma de alegría sus casales y la que, año tras año, sigue inquebrantable, pase lo que pase. Es esa germanor la que nos hace únicos.
Y, como cada año, esto no es un adiós, es un hasta pronto.












