Ya estamos casi en el nudo de la trama. Hemos tenido un trepidante comienzo, con prometedores escándalos y malos augurios. Aunque todo está en suspenso o a cámara lenta.
Justo al final de la primera temporada dejamos a Begoña sentada en un banco de los juzgados de plaza Castilla, a punto de caer al suelo. Su mirada se pierde más allá de los tacones de sus zapatos incapaz de alzar la mirada del suelo.
Pero el comienzo de esta nueva temporada nos deja atónitos.
Begoña le hace una peineta “metafórica” al juez cuando le pide el pasaporte.
-No te lo doy
– ¿Porqué?
-Porque no me da la gana ¿qué vas a hacer?
Nada, el juez, no puede hacer nada. De hecho, no se lo ha dado y no hay más que hablar.
Cambio de plano, o mejor dicho de comisión de investigación y nos encontramos a ese personaje siniestro que promete desde el primer capítulo.
ZP inmerso en dar explicaciones sobre el dudoso rescate de una aerolínea con un avión en propiedad y otros alquilados. “Estratégica” según él y algún otro interesado.
Bono, un clásico secundario también dará buenos momentos. Se halla en el punto de mira por “los milagros del jornal” ya que su fortuna parece haber surgido de la nada. Pero no se alarmen, “se está investigando”. Tendremos audios y capturas de WhatsApp durante semanas.
Aldama “sobrado” con su sobre, ese, del que tenemos tantas posibilidades de conocer su contenido, como Mercurio de albergar vida acuática.
Mientras se desarrolla este circo de tres pistas, Adif “levanta” las pruebas del accidente ferroviario de Adamuz y se las escamotea a la Guardia Civil. En España se ve que cuarenta y seis muertos no son importantes.
Rubén Gisbert, abogado representante de varias familias con víctimas en la riada, se querella con la jueza Nuria Ruiz Tobarra.
La razón principal, la injerencia absolutamente inaudita de su marido durante la instrucción, algo, que podría anular la misma. Cosa que tampoco estaría de más, ya que el sesgo político durante la instrucción ha sido más que evidente. Solo ha faltado por declarar Paquito, el gato del Ventorro. Se ve que doscientos veintinueve muertos -que se sepa- no son importantes.
Por si todo esto no fuera ya bastante entretenido, los últimos movimientos geopolíticos, es decir, la última guerra en ciernes entre Irán, Israel y Estados Unidos ha brindado a Pedro “el flaco” una nueva oportunidad de dejar a España en el peor lugar posible. Negándose a que se utilicen las bases de la OTAN en suelo español y haciendo unas declaraciones totalmente absurdas. Apelando a eso de “la legalidad internacional”, eso tan real como un unicornio. Es curioso como apela Pedro a la legalidad internacional y como se pasan él y su señora la legalidad nacional por el arco del triunfo.
Pedro no parece haberse enterado de que la “legalidad internacional” la tiene el que posee la estaca más larga. Aunque si es muy consciente de quién tiene la legalidad nacional. ¿A quién pertenece? Pues eso.
Como attrezzo y para contratar a un montón de “extras”, se admiten ahora a más de medio millón de extranjeros que se triplicarán en breve. Nuestra vida empeorará por tres. Tres veces más inseguridad, tres veces más colas y retrasos en los servicios y tres escalones más baja la educación “para no dejar a nadie atrás”.
Los médicos de huelga porque la ministra de sanidad no quiere pagarles las guardias entre otras muchas cosas. Si el personal de limpieza se pusiera en huelga y Mónica fuera la responsable, haría declaraciones tirando la ceniza de un puro al suelo mientras los servicios mínimos pasan la escoba.
Y España observa con fascinado horror todo esto sin darse cuenta de que puede empeorar y mucho.
¿Se imaginan que el anaranjado Trump se levanta un día y decide que España ya no interesa como socio de la OTAN? Pues hay mucho creyente del credo rojo al que esto le haría mucha ilusión. Que te expulsen del grupo de los que tienen los palos más largos, no es nunca una buena noticia. Al contrario de lo que creen algunos, la paz no es una consecuencia de dejar de usar las armas, es, muy al contrario, la consecuencia de haberlas usado.
Que nadie piense ni por un momento que las bases serían entregadas a España. Correrían la misma suerte que Gibraltar. En vez de cambiarlas de lugar, se cambia el país que es mucho más fácil. Tampoco descarto que al señor Naranja se le ocurra ponernos en un protectorado con un socio mucho más afín como Marruecos. Puedo oír a Silvia Intxaurrondo recitándonos los versos de esa nueva unidad entre pueblos, justificando con “la legalidad” la ocupación de Ceuta, Melilla y las Islas Canarias. ¿Quién sabe lo que depara el destino?
Últimamente el Teide está algo inquieto. Imagínese que despierta y la “lía parda”.
No me cabe duda de que el ejército acudiría en ayuda de la población. El ejército marroquí, seguramente. ¿Qué mejor forma de entrar sin oposición? Porque el ejército español seguramente estaría muy ocupado remolcando pateras.
Todo esto que suena totalmente delirante podría ocurrir. Sería un giro de guion muy propio de la serie España. Los guionistas ya nos tienen acostumbrados a comulgar con ruedas de molino del tamaño de Canadá.
Atentos al final de temporada. Los asuntos en los juzgados tan enredados como al principio. Los protagonistas sin cambios, pero con nuevas apariciones. El imprevisible giro de guion que cambiará toda la trama nos dejará sin respiración.











