Es algo muy parecido por no decir igual a una religión. Es una idolatría como otra cualquiera. Son gentes que como hacían los romanos tienen en altares a sus dioses lares. Fotos, discos firmados o camisetas. Cualquier trasto les va bien.
Otra característica es la tendencia al dogma, la idealización y la absoluta intolerancia a la más leve crítica o desacuerdo con sus dioses.
Esto del fan-atismo, tiene sus raíces en Hollywood. Al contrario de lo que muchos piensan, no es algo de los sesenta, ni de los Beatles, ni de chicas histéricas o desmayándose. Es algo que surge cuando la gente quiere olvidar su asquerosa vida, como por ejemplo durante la gran depresión. Y se entrega en cuerpo y alma a una admiración que le entretiene, y da sentido a su anodina existencia. Recordemos a Rodolfo Valentino, hubo suicidios tras su muerte.
Hollywood ha sabido explotar este fenómeno como nadie. Un fenómeno solo superado por el fútbol.
Ahora es algo que funciona muy bien en la música “popular”. Aparece un grupo o un cantante que es amplificado y exhibido hasta el hastío, de modo que no queda casi nadie sin saber quién o quiénes son, y a partir de ahí comienza “el cantar de gesta”. Que si salió de la nada, que si viene de una familia humilde… Que se crio en un barrio chungo de Barcelona… Que si sus comienzos fueron duros… Bla, bla, bla. Lo cierto es que, si se investiga un poco, se llega a la conclusión de que esta gente sale de algún sitio, sí. Pero desde luego, la mayoría, no emergen del estrato más bajo. Normalmente, es todo lo contrario.
En el caso hollywoodiense, muchas actrices famosas son hijas de productores, directores y demás gerifaltes, y al igual que muchos actores, también proceden de familias adineradas, e incluso de la aristocracia. Aquí en España tenemos muchos casos de pijos metidos a actores o cantantes, o formando grupos que “la leyenda” situaría años después como “la movida”.
Sin ir más lejos, si se buscan los orígenes (quien era el papá o la mamá) de tal o cual, pronto nos daremos cuenta de que eran gente que ya venía “dopada” de origen.
El hijo de, la hermana de… Si se indaga un poco en la “movida madrileña”, por ejemplo, se ve a la primera que la mayoría eran una panda de pijos en plan “rebelde”. Y tiene toda la lógica, porque si no eres un pijo, eso de estar de “movida” todo el tiempo, no te lo puedes permitir. La gente normal trabaja.
Es gracioso escuchar los primeros discos de algunos de estos grupos en sus inicios, antes de que papi pusiera las perras para la producción y demás. ¡Son infumables!.
- Esto funciona como todo lo demás “el que no tiene padrinos no se casa”. Si no eres nadie, si estás fuera del “cogollito”, más te vale ser el Fary.
Y todo esto que es fácil de averiguar – porque nadie lo esconde – no basta para que la gente se empeñe en endiosar a cualquiera que suelte cuatro gorgoritos.
Pero más allá del origen, lo que alimenta el fenómeno fan, son las “leyendas” que se elaboran en un principio, y luego crecen de forma autónoma.
Porque lo que se admira ya no es solo “el arte”, se admira al artista. Esto es algo muy de nuestro tiempo, el confundir lo que hace alguien con quién es.
Desde que existen las redes sociales, el fenómeno ha mutado y existen verdaderas bandas organizadas, que atacan como hienas a cualquiera que cuestione a su deidad u opine de forma diferente. Un síntoma más de lo equivocada que está la gente en cuanto a lo que verdaderamente les atañe o les afecta. Son capaces de desearle la muerte a alguien por decir que fulanita iba vestida como un payaso. Pero mientras pierden poder adquisitivo y derechos a uñas de caballo, no dicen ni mu.
- El fenómeno fan no es más que un entretenimiento. El problema es cuando deja de ser un entretenimiento, para empezar a ser una obsesión.
Admirar a alguien no te convierte en fan, ojo. La palabra fan, viene de fanatic (en inglés) que deriva de fanaticus, en latín. Esto ya debería darnos una pista.










