Fernando Sanfélix: Guerra Fría Híbrida
Hace 113 años Marruecos era un protectorado dividido entre Francia y España (1912-1956). La noción de protectorado suponía mantener las formas de gobierno tradicionales de los marroquíes, tuteladas por instituciones mixtas creadas para guiar y desarrollar la labor de gobierno por sus naturales, respetando su civilización, costumbres y cultura. Debemos recordar que, debido a la pérdida de influencia internacional de España, Francia se quedó con los territorios más fértiles y de mayores recursos naturales, dejándonos los territorios más conflictivos e inestables y con poblaciones hostiles a los españoles.
Nuestro concepto siempre fue integrar a los naturales en condiciones de igualdad como demuestra nuestro paso por el continente americano y como demuestran día a día las nuevas investigaciones históricas mediante las reliquias y relatos que poco a poco van emergiendo de las profundidades de las bibliotecas y del conocimiento de la historia. Históricamente y debido a la experiencia acumulada con las tribus nativas americanas, los españoles, con inteligencia, comprensión y no con pocas dificultades hemos adquirido un nivel negociador por encima del resto, todo esto sumado al carácter integrador antes nombrado nos hace ser unos diplomáticos de primer orden a nivel resolutivo de conflictos complejos y delicados.
Obligado es mencionar la guerra de Ifni (1957-1958) y la Marcha Verde (1975). La guerra de Ifni ocurrió un año después de la constitución histórica de Marruecos y la Marcha Verde fue un movimiento de presión de Hassan II con el beneplácito de Estados Unidos y Francia para deshacer los avances en la pacificación de la zona y beneficiarse de los esfuerzos realizados por España en favor de Marruecos. Todo esto basado en una supuesta indiferencia y entrega del Sahara por parte de España a intereses de Argelia.
Situándonos en la actualidad, muchos son ya los incidentes diplomáticos ocasionados por nuestro vecino norteafricano hasta la fecha y tolerados por todos los gobiernos democráticos españoles cegados por sus intereses personales, partidistas, malintencionados y muchas veces confundidos como pánfilos o inteligentes movimientos diplomáticos.
La presión a la que nos somete Marruecos, con cada una de sus acciones, apunta claramente al objetivo estratégico de arrebatarnos Ceuta, Melilla y Canarias. Todo indica que lo aprendido por Marruecos en la Marcha Verde se repetirá. Esta guerra fría híbrida la vemos reflejada todos los días en todos los medios y en este mismo periódico; titular a titular vamos observando una estrategia mediática, diplomática, política, migratoria y cultural que somete a los españoles a una presión cada vez más fuerte por aceptar asuntos totalmente contrarios a nuestra cultura, a nuestros intereses, a nuestra economía y que perjudica claramente nuestros intereses.
Los autónomos son el 80% del tejido empresarial valenciano y son los auténticos generadores de riqueza y trabajo en España.
Son el sector más perjudicado por esta guerra híbrida debido a la recaudación desmedida de impuestos para mantener las políticas de inmigración y el estado de bien estar falso. La degradación de nuestros barrios, la inseguridad, los robos y la inestabilidad les perjudica.
La clase media es la victima silenciosa de esta guerra fría híbrida que, para ganarse la vida, tiene que desplazarse al extranjero a realizar trabajos que benefician a los demás países europeos y nos quita la posibilidad de revertir la espiral negativa económica en la que estamos inmersos. No debemos olvidar que coexistimos en una biocenosis de países con intereses geoestratégicos dispares, en una especie de tablero de ajedrez donde otros países juegan en contra nuestra y como es lógico Marruecos no va a jugar en contra de sus intereses. Sería ilógico.
España y sobre todo Valencia disfrutamos de una localización privilegiada, un clima inmejorable, una cultura excepcional y unas gentes trabajadoras y de fácil convivencia. No dejemos de valorar lo que tantas generaciones pelearon y defendieron. Este nuevo tipo de guerra fría nos perjudica a todos. Los inmigrantes son tratados como mercancía y a su llegada no encuentran trabajo porque los autónomos y empresas privadas no pueden contratarlos; como consecuencia, muchos se ven empujados a delinquir o a vivir de prestaciones que pagamos los españoles. Este hecho perjudica a los inmigrantes que han llegado de manera legal y día a día se ganan el respeto y el cariño de la sociedad que los acoge.
Las clases medias y los empresarios ven la economía empeorar, la presión fiscal subir, la inseguridad aumentar y muchos se ven forzados a cerrar sus negocios. Su calidad de vida empeora y a la vez la economía española empeora. Los barrios se degradan, surgen conflictos culturales, los ciudadanos cada vez están más expuestos a sufrir algún tipo de delito, las mujeres, los ancianos son asaltados por delincuentes importados e inadaptados. La inseguridad también afecta a la economía y nos adentramos en una espiral negativa que nos conducirá sin remedio a un conflicto cuyas consecuencias no somos capaces de aventurar. Es la pescadilla que se muerde la cola. Todos perdemos por este nuevo tipo de guerra híbrida.











