En estos días de agosto, recluido de manera más que voluntaria en un territorio limítrofe a nuestra Comunitat Valenciana, he caído en la cuenta, una vez más en como los medios de comunicación, sobre todo, en clave nacional, actúan por capas que van solapando a la que primaba el día anterior, como ese clavo que saca otro clavo. Y hemos constatado como el fuego que arrasa y afecta el noroeste español ha acabado ‘secando’ el drama producido por el agua y silenciando ese lento proceso de reconstrucción que hastía a los vecinos de las comarcas valencianas arrasadas tras la DANA y su posterior riada.
Pero lo más triste de todo, escuchando informativos, tertulias o leyendo las informaciones que llegan a mi mano, hay un dato que me estremece, pese a lo opuesto que son elementos como el agua o el fuego y es que resulta que estamos reproduciendo a diario desde Castilla y León, Extremadura o Galicia, lo que los valencianos ya hemos vivido.
Estamos escuchando la misma crispación, el cruce de acusaciones, administraciones locales y, por ende, vecinos y vecinas abandonadas en áreas rurales; gestión de administraciones autonómicas a las que se les ven las costuras, soporte estatal que, pese a que me demuestren lo contrario, resulta rácano, si tenemos recursos inmovilizados y aceptamos ayuda de países terceros; decisiones y declaraciones que cambian al igual que va cambiando ese desaforado viento que arrasa montes y las actividades propias del entorno rural, además de sus viviendas, en algunos dramáticos casos.
Los valencianos no es que nos sintamos abandonados, seguiremos lamiéndonos nuestras heridas, lo que lamentamos es que el foco del problema, ya sea por agua o por fuego, incluso por aquel apagón que se sigue investigando y del que nadie se hace responsable, el foco del problema, como digo, sigue siendo el mismo y habrá que ponerle remedio.
Un problema que arranca de la incompetencia autonómica y al que cabe sumar la inacción del Estado y todo por un rédito político que pasa por no pedir la Emergencia Nacional en forma y tiempo (no más de las 48 hrs.,) por ese miedo a reconocer tus limitaciones y la callada de papá Estado, al que no le interesa tomar el mando cuando el ánimo popular ya está caliente… no sea cosa que nos hagan responsables.
No me negarán que eso los valencianos ya lo hemos vivido. ¡Qué pena!
Cuánto se habla de prevención, ya sea para limpiar montes, en caso de incendio o para limpiar barrancos o prever infraestructuras, si de agua estamos hablando, pero que poco interesa invertir en ello cuando se está gobernando. ¡Qué triste y cortoplacista es todo esto!
Unos pocos datos: en Grecia el pasado 22 de junio, debido a incendios que estallaron en la isla de Chios, el gobierno declaró el estado de emergencia en la isla, tras evacuar a varios municipios afectados por las llamas.
Chipre, aunque no se explicita, realizó una declaración formal de «estado de emergencia nacional», en julio tras el devastador incendio en Limassol que causó la muerte de dos personas, la evacuación de más de una decena de comunidades y requirió asistencia internacional.
En Italia el presidente regional de Sicilia pedía al primer ministro declarar un “estado de movilización del servicio nacional de protección civil”, tras registrarse más de 160 incendios en un solo día. Esto equivale a solicitar una emergencia a nivel nacional.
Albania solicitó ayuda al Mecanismo de Protección Civil de la UE (rescEU) tras un incendio en Finiq. Se desplegaron dos aviones de extinción, aunque no se reportó una emergencia nacional formal.
Bulgaria y Montenegro también son ejemplos de recibir apoyo europeo para combatir incendios, mediante el mecanismo de cooperación civil.
Por último, aunque parte está en Europa, Turquía declaró zonas afectadas por incendios como “zonas de desastre”, lo que equivale a una emergencia nacional.
Todo ello este verano, no sé si la constitución de estos países será más o menos diferente, laxa o práctica. Lo que sí considero es que nos hace falta cultura de la prevención, invertir más en aquellas obras o trabajos que no se ven, es algo que siempre escucho a mis buenos amigos ingenieros de Caminos, Canales y Puertos y por último que la función pública, en los foros en los que se tomen decisiones, cuente con políticos que además de políticos, estén preparados.











