La Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA) hace un llamamiento a los consumidores para que apuesten por los productos elaborados con la algarroba cultivada en la Comunidad Valenciana y en España, cuya campaña de recolección comienza estos días en las principales zonas productoras.
La asociación prevé una recuperación parcial de la producción tras varios ejercicios castigados por la sequía, que redujo la cosecha a la mitad de su potencial. Sin embargo, diversos temporales de pedrisco registrados en primavera y verano han causado daños puntuales en comarcas de Valencia y Castellón, reduciendo las expectativas en las parcelas afectadas.
Un fruto tradicional, sostenible y nutritivo
El responsable de la sectorial de frutos secos de AVA-ASAJA, José Antonio Ruiz, que se dispone a recolectar algarrobas en Cheste, subraya que “es un fruto tradicional y adaptado al clima mediterráneo, respetuoso con el medio ambiente, de gran valor nutricional y con creciente demanda en la industria alimentaria”.
Según Ruiz, su producción, comercialización y consumo representan una oportunidad para mejorar la salud, impulsar la economía rural y generar beneficios ambientales, como frenar la erosión y prevenir incendios forestales.
Amplias aplicaciones y precios en caída
La algarroba ha ganado valor como materia prima por sus propiedades saludables, su sostenibilidad y su versatilidad culinaria. Además de su uso tradicional, es base de nuevos productos como harina para repostería, tabletas y bombones sin cafeína, bebidas vegetales, siropes, mermeladas, helados, cremas untables, infusiones y snacks saludables.
Gracias a estas aplicaciones, los precios en origen llegaron a superar los 2 €/kg, pero desde hace dos años la cotización media ha caído hasta 0,40 €/kg, cifra que en muchos casos no cubre los costes de producción. Por ello, AVA-ASAJA anima a los consumidores a seguir respaldando la demanda del producto local para contribuir a elevar el precio que reciben los agricultores.
Retos del sector
El sector se enfrenta a problemas como la competencia desleal de importaciones a bajo precio, la sustitución del garrofín por productos foráneos menos saludables, la falta de relevo generacional y las dificultades del cambio climático.
“De ahí que el compromiso de los consumidores y de la distribución sea clave para asegurar el futuro de este cultivo en tierras valencianas”, concluye Ruiz.






