Cómo me gustaría que cundiera el ejemplo, y que dimitiesen todos los que han mentido en cuanto a su formación.
Y que, a eso, lo siguieran las dimisiones de los que se han comprado títulos y masters. Y ya cogiendo carrerilla, que dimitiesen los que no tienen ni estudios ni experiencia laboral. ¿Y por qué? pues porque nos íbamos a ahorrar una pasta. El congreso y el senado se quedarían prácticamente vacíos, en Madrid y en el resto de España. Después de eso, una buena auditoría a los miles de garrapatas “asesores”.
Se nos iba a quedar una España limpia, como una patena.
Ya puestos a soñar, sería maravilloso que los ministerios los ocupasen gentes con formación y amplia experiencia laboral relacionada. No me valen los liberados sindicales. Sería estupendo que, por ejemplo, en el Ministerio de Transportes, a la cabeza y en los puestos más altos, en vez de abogados y licenciados en derecho (de Valladolid casualmente) estuvieran los ingenieros, que se pueden encontrar sí, pero si se bucea un poco.
Puestos a seguir soñando, también estaría de maravilla ir aligerando en cargos.
Se multiplican como los panes y los peces, y lo más relevante es lo mucho que le han dado al tarro para inventar los nombrecitos.
En Asuntos Exteriores (me gusta abreviar) tenemos un ministro, tres secretarios y un subsecretario, y eso solo en el piso más alto.
Secretaría de Estado de Asuntos Exteriores y Globales (soy yo ¿o es un poco redundante?) Secretario de Estado para la Unión Europea (que debe de estar fuera de lo que es “global”) Secretaria de Estado para Iberoamérica y el Caribe (que no debe estar en el mismo continente) y el Español en el Mundo.
Y tenemos también una Secretaria de Cooperación Internacional , que por lo visto es algo muy distinto de lo anterior, y tremendamente necesario. Y después encontramos a un subsecretario, así, sin aliño ni nada.
Si usted se pregunta cuantos cargos políticos hay en España, el número total no puede saberse. Todo muy “transparente”. Depende de si son locales, estatales o autonómicos. Es decir, que no podemos saber con exactitud, quienes se llevan esos jugosos sueldos públicos.
No podemos saber cuántos “asesores” tienen, a no ser que nos pasemos meses buscando. No podemos saber si esos “asesores” están cualificados, ni qué hacen en realidad. Y con los políticos lo mismo. Porque si se busca su currículum nada nos garantiza que lo que pone en él sea verdad.
Volviendo al mastodóntico gobierno, repasemos los nombres de sus ministerios.
- Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Traducimos. “Aplicador” de normativas europeas suicidas y aspersor de multas, amén de negociador en beneficio de paises extracomunitarios.
- Ministerio de Cultura. Aquí la cosa no requiere de aderezos en el nombre, porque cultura es tanto la sopa de ajos, como un códice medieval. Además, con repartir subvenciones y premios (subvenciones camufladas) ya van bien.
- Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes… Deportes, eso tan imprescindible para los contribuyentes.
- Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones. “Inclusión” que es aquello de “aquí metemos a todo quisque”. Seguridad Social, o cómo aprovechar las sobras. Y mi favorito, “Migraciones”. Las golondrinas y los ánades ya tienen un ministerio que vele por su bienestar, me quedo más tranquila.
- Cosa curiosa, además del anterior, también tenemos un Ministerio de Sanidad y Política Social. La Sanidad por lo visto no es cosa de la Seguridad Social y la Política Social, nada tiene que ver con la “inclusión” ni con las “migraciones”.
- Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Otro expendedor de multas y acosador del sector primario, que además tiene un desafío, que es que encontrar un español en 2050, sea imposible.
- Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública. Encargado seguramente, de repartir dinero a mansalva (entre amigos y conocidos) para la creación de aplicaciones y páginas web absurdas y farragosas, para que cada vez sea más complicado hacer cualquier trámite.
- Ministerio de Igualdad. Aquí, por no trabajar, no se han trabajado ni el nombre.
- Ministerio de Trabajo y Economía Social. Creadores de propuestas absurdas destinadas a hundir la economía y repartir limosnas (Economía Social).
- Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana. Cuyo reto es llegar a desposeer de vivienda al español medio, mediante la aplicación de su Agenda Urbana.
- Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Que es como ese primo que nadie conoce, pero está en todas las bodas.
- Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030. Y aquí es imprescindible leerlo al revés. Ministerio de anulación de Derechos Sociales de los consumidores mediante la aplicación de la Agenda 2030.
- Ministerio de Industria y Turismo. Ministerio de Hacienda (el gran exprimidor). Ministerio de Sanidad. Ministerio de justicia… Y así, hasta veintiséis Ministerios.
Llama la atención que los ministerios necesarios y lógicos, tengan nombres muy cortos y claros, y los añadidos, tengan nombres largos. Nombres absurdos muchas veces. De seguir así, en la próxima entrega de carteras ministeriales, algunos en vez de recibir un maletín van a recibir un trolley. Así acabada la legislatura, pueden reciclar y guardar en él sus abultados currículum de fantasía, para cuando tengan que buscar trabajo.












