Ocho meses atrás, las imágenes hablaban por sí solas: paredes llenas de humedad y barro, instrumental y equipos destruidos y la mirada de Francisco Vázquez que repetía una y otra vez que no iba a rendirse. Hoy, esa promesa se ha cumplido. Su clínica dental, ubicada en la localidad de Aldaya y que quedó totalmente arrasada tras la DANA, ha vuelto a abrir sus puertas.
En diciembre, Valencia News pudo entrevistar a Francisco Vázquez, el propietario y odontólogo principal de la clínica. En aquel primer reportaje el doctor relataba cómo encontró su clínica la mañana del 30 de octubre: “Todo cubierto de barro, los equipos destruidos, cristaleras rotas… El desastre era mayúsculo”. En ese momento no sabía cuánto costaría rehacer lo que llevaba desde hace ocho años construyendo con esfuerzo. Pero esto era lo que le motivaba: “Este local es parte de mi historia y de la de mi familia. Por eso quiero volver a verla en pie”.

Cuesta creer que, hace más de medio año, la clínica estuviera bajo el lodo. “En cuestión de horas, todo aquello por lo que había trabajado desapareció”, aseguraba. Hoy las paredes tienen un color blanco impecable, a diferencia de aquellas llenas de humedad visible. Las salas, completamente equipadas y operativas, reemplazan aquellas que quedaron inservibles. El olor a limpio borra ya el olor a humedad que impregnaba en aquel entonces. En lugar de preguntas de sus pacientes por saber cuándo volvería abrir, hoy esperan su turno en la sala de espera.
A simple vista, parece que nada ha ocurrido y todo transcurre con normalidad, pero detrás de esta apariencia hay meses de trabajo y una gran labor de reconstrucción.
La reapertura de su clínica dental no ha sido fácil. Tampoco barata. El coste total de la reconstrucción ha rondado los 210.000 euros. Aunque una parte ha sido cubierta por el Consorcio de Compensación de Seguros, el Colegio Oficial de Odontólogos, ayudas públicas y la aportación privada del empresario Juan Roig, que fue la primera en llegar. Pero más allá de las cifras, ha sido un proceso marcado por la incertidumbre y el desgaste emocional. “Fue un shock tan grande, tan intenso, que es difícil que alguien que no lo haya vivido pueda llegar a entenderlo”, asegura.
¿Reconstruir o cerrar?
Durante semanas, Francisco se debatió entre reconstruir o cerrar definitivamente: “Me planteé no volver a abrir. Pero me sabía muy mal irme de Aldaya después de tantísimos años”. Su vínculo con la localidad y con sus pacientes, algunos de los cuales lo acompañan desde hace años, terminó por pesar más que el agotamiento.
En ese momento crítico, el apoyo de su entorno resultó crucial. Familiares, amigos, vecinos, incluso pacientes, no tardaron en presentarse para ayudar con la limpieza. Unos ofrecieron su tiempo, o simplemente ánimos, pero todos compartían una misma intención: empujarlo a caminar hacia adelante. En esos momentos, destacaba que, «gracias a ellos, la tragedia se hizo mucho más llevadera».
Asimismo, el equipo humano que acompaña a Vázquez desde hace jugó también un papel decisivo. “Tuvieron muchísima influencia. Se volcaron desde el primer momento. Me ayudaron a limpiar, me animaban, aportaban ideas. Verlas ahora tan ilusionadas, tan contentas, es muy gratificante”, declara emocionado.
Un proceso gratificante
Para el doctor, volver a levantar la persiana del local ha supuesto un reencuentro con todo lo que había construido durante años, desde cero. La clínica es, para él, mucho más que su lugar de trabajo: es un proyecto de vida, una extensión de sí mismo. Por eso, al ver de nuevo a pacientes entrar por la puerta, su emoción ahora es indescriptible. “Los pacientes te agradecen muchísimo que hayas vuelto a abrir y reiniciar la actividad”, cuenta con emoción.
“Lo que más ilusión me hace de esta nueva etapa, sin lugar a dudas, es ver de nuevo la clínica funcionando, atendiendo a pacientes. De verla totalmente arrasada por el barro y ahora verla que incluso ha quedado mejor, que es más bonita que cuando la abrí hace ocho años, pues es lo que más ilusión te hace”, declara.
Hoy, tras meses de trabajo, la clínica ha reabierto sus puertas y lo ha hecho con un diseño renovado y más moderno. Pero lo más importante es que cada rincón cuenta una historia de superación. Y aunque los pacientes ya se sientan en la sala de espera y las agendas se llenan, la mirada del doctor Vázquez es otra: “Te hace crecer como persona. Aprendes a valorar la gente, la solidaridad, los sentimientos de quienes te rodean. Supone un reto enorme y, cuando lo superas, te sientes satisfecho de haberlo conseguido”, admite.
Vázquez ya sabe lo que es perderlo todo, pero también es consciente de que ha sido capaz de reconstruirlo. Por esta razón, la clínica ahora es una promesa cumplida, es la prueba de que con ayuda y determinación se puede empezar de nuevo. Y a veces, incluso mejor.
El renacer de la clínica dental del Dr. Vázquez tras la DANA














