Ayer toda España y parte del extranjero (vecinos más próximos) pudieron experimentar por unas horas lo que – en cierto modo – sufrimos aún hoy en día en Valencia. El completo abandono en muchas cuestiones, la falta de responsabilidad y la desinformación.
En España no existen las responsabilidades para la gente en puestos de poder.
Están blindados. Lo están porque saben que en un momento u otro tendrán responsabilidad. Saben que el 90% de las instituciones y puestos importantes están (o han estado) ocupados por auténticos inútiles. Un licenciado en filosofía era ministro de sanidad durante una pandemia. Un abogado que cito textualmente desde Wikipedia: Ejerció como abogado en un estudio jurídico madrileño desde 1995 hasta 2015, no indica en cual) es ministro de transportes (así va la cosa).
Una mujer que prácticamente no ha trabajado en toda su vida es vicepresidenta. Una niñata que trabajó dos meses, ministra de igual-da malgastando un presupuesto desorbitado en estupideces. Y para muestra, un botón. ¿Quién está al cargo de Red eléctrica? Beatriz Corredor. Jurista y registradora de la propiedad. Se ve que en el PSOE no tienen ingenieros, ni siquiera entre los mil y pico “asesores”.
La lógica más elemental nos dicta que un puesto de esas características debería ser ocupado por una persona con formación adecuada.
Debería tener una amplia experiencia demostrable y ser, en definitiva, el mejor en lo suyo. ¿Pero qué tenemos? Inútiles, gente que no tiene ni repajolera idea, “trepas” de partido. El amigo, el compi del Pilar, el vecino y el chico de fulano. Y por si esto no fuera bastante, además del chico de fulano, incluso tenemos “fulanas” y no en cualquier sitio. En empresas públicas que pagamos todos.
Lo sorprendente es que España no esté ya absolutamente colapsada.
Antes que votar a esta gentuza, deberíamos arrancarnos las piernas a mordiscos. No podemos votar ni siglas ni colores. Menos aún programas, porque como venimos comprobando durante décadas, ¡se los pasan por el arco del triunfo! ¿porqué? Porque no tienen responsabilidad alguna.
Empecemos por los ayuntamientos, y preocupémonos por el “quién es quién”. preocupémonos de si un pueblo pequeño necesita un concejal de juventud, turismo y festejos (solo nos falta un “agitador cultural”).
Preocupémonos de quién es la alcaldesa, quizá comprobemos que, como ocurre en uno de los pueblos más afectados por la riada, es una señora que fue despedida de un supermercado por ser, literalmente, incapaz de llevar a cabo su trabajo. Su nivel de razonamiento, su intelecto, era insuficiente. Y ahí está, cobrando un sueldo público. Como el teniente de alcalde, un señor que lleva más de diez años encostrado en el ayuntamiento.
Un partido político, unas siglas o una ideología no sirven para gestionar. Un país es como una empresa en muchos aspectos. Si tienes a la gente equivocada en puestos de responsabilidad, inevitablemente se hundirá. Y ya estamos en eso. La no gestión estatal de la riada, la caída de la red eléctrica ayer. ¿Cree usted que ha terminado? Seguramente esto es el principio.
En todas las grandes ciudades de España, ayer comprobaron durante unas horas lo que significa tener un sistema elefantiásico compuesto por los más inútiles.
Y usted se preguntará ¿dimitirá alguien? No lo creo. No va con ellos, lo suyo no es gestionar ni dirigir. Es cobrar un sueldazo por no hacer nada. Los puestos se adjudican en base al “pago de favores”, a dedo.
En España, nos dijeron por activa y por pasiva que “era imposible un apagón”. Bueno, ya vemos que esto era mentira. En Valencia en vez de hacer las obras hídricas para evitar daños en una riada (de las que sufrimos periódicamente) se hicieron carriles bici.
En España puede suceder cualquier cosa, no hay nadie al volante.
El piloto está borracho. Nadie entraría alegremente a un quirófano si lo va a operar un guitarrista. Pero tenemos semi analfabetos en ayuntamientos, pijos tontos en instituciones, tenemos un crápula (confirmado) en el congreso, la delegada del gobierno en Valencia se inventa licenciaturas. La Moncloa parece un mercado persa y si te pasa cualquier cosa, las quejas al maestro armero.
Mientras no hay problemas graves, las deficiencias pasan desapercibidas, pero cuando hay problemas, se ve claramente que pagamos impuestos para mantener a un puñado de parásitos inútiles.
Urge una limpieza a fondo. Auditar hasta el último rincón y sin previo aviso. Necesitamos saber si todos esos sueldos pagan un trabajo, si ese trabajo es necesario, y si se hace correctamente. No podemos encontrarnos con más sorpresas y conformarnos con él “y tú más” como respuesta.
Y al igual que durante la riada ¡oh sorpresa! Nos quedamos sin comunicaciones. ¡Qué casualidad! Ese es otro melón que tendríamos que abrir, pero en serio. Con pruebas de que realmente era un problema y no un “unplugged”.











