El papa Francisco ha dejado una huella profunda en la historia de la Iglesia católica por su estilo pastoral cercano, sus reformas y su apuesta decidida por las periferias. Sin embargo, uno de los aspectos más llamativos de su pontificado es la ausencia de una visita a España, un país con una histórica tradición católica y numerosas invitaciones formales extendidas a lo largo de sus doce años al frente del Vaticano.
Pese a que los motivos y teorías son dispares, lo cierto es que el papa Francisco nunca visitó España en los 12 años en los que ostentó el mandato de la Iglesia católica, y no sería por falta de invitaciones. La primera de ellas fue formulada por el Gobierno de Mariano Rajoy, y más tarde por los reyes eméritos. La Casa Real fue, de hecho, una de las principales impulsoras de la visita: el primer viaje oficial de los reyes Felipe y Letizia fue precisamente al Vaticano. Aun así, la visita nunca se concretó.
Tampoco dieron frutos las gestiones realizadas en etapas posteriores por dirigentes como Pedro Sánchez o Yolanda Díaz. Incluso en 2015, cuando se conmemoraron los 500 años del nacimiento de Santa Teresa de Jesús, y se le invitó a participar en los actos conmemorativos, el papa declinó la invitación.
Una cuestión de prioridades
El propio pontífice explicó su decisión en una entrevista con Vida Nueva en 2023: “No voy a ir a ningún país grande de Europa hasta que no termine con los pequeños”. Así, Francisco priorizó visitas a países menos influyentes en el continente, como Albania, Macedonia del Norte o Bosnia-Herzegovina, bajo una lógica pastoral centrada en las periferias.
El papa Francisco expresó en varias ocasiones su deseo de visitar España, pero nunca se concretó una fecha. En enero de 2025, dijo públicamente: “Espero poder ir”, pero su fallecimiento unos meses después cerró definitivamente esa posibilidad.
Paradójicamente, Francisco sí estuvo en España antes de convertirse en papa. En 1971, siendo aún Jorge Mario Bergoglio, jesuita en formación, realizó la Tercera Probación en Alcalá de Henares, un período clave en la formación ignaciana. Allí, en el Hospital de Antezana, predicaba desde el pozo, siguiendo el ejemplo de San Ignacio de Loyola, a quien admiraba profundamente.
Durante aquella estancia, también visitó el estadio Santiago Bernabéu, fruto de su afición por el fútbol. Esa experiencia temprana dejó una huella significativa en su espiritualidad, y Alcalá de Henares se convirtió en un lugar especial para él por ser una de las ciudades fundacionales de la Compañía de Jesús.











