Que provocan autismo o desencadenan enfermedades son algunas de las afirmaciones falsas más repetidas

El Colegio de Médicos de Barcelona ha elaborado un estudio que pretende «desmontar» estas teorías

El Colegio Oficial de Médicos de Barcelona (COMB) ha elaborado un documento con el objetivo de evitar que se extiendan bulos y rumores que perjudiquen el empleo de vacunas. En el estudio se recogen siete noticias falsas sobre las vacunas, después de conocer un informe del Consejo del Audiovisual de Cataluña (CAC), que ha estudiado diez vídeos en las redes sociales sobre este tema.

Las vacunas contienen sustancias tóxicas

Según el Colegio de Médicos de Barcelona, las vacunas son los fármacos sometidos a más control por parte de las agencias reguladoras de los medicamentos.

Además, las vacunas incluidas en el calendario de vacunaciones en el caso de Cataluña son monodosis y no contienen mercurio, aunque algunas sí contienen compuestos de aluminio como adyuvante para aumentar la respuesta inmunitaria y la cantidad presente en las vacunas está muy por debajo de los niveles considerados tóxicos.

Las vacunas causan autismo

Esta falsa afirmación se sustenta en un artículo publicado el año 1998 en la revista «The Lancet» por el exmédico británico Andrew Wakefield, que asociaba la vacuna triple vírica (sarampión-rubeola-paperas) con el autismo.

Esta relación «nunca ha sido demostrada por ningún estudio posterior, al contrario», precisa el Colegio, que recuerda que el año 2004 diez de los doce autores del artículo original publicaron otro artículo en la misma ‘The Lancet’ en el que se retractaban de las conclusiones del primero.

Estudios posteriores, como el realizado en más de medio millón de niños daneses, demostró que los niños no vacunados de triple vírica tenían la misma probabilidad de desarrollar autismo que los vacunados.

Las vacunas desencadenan enfermedades crónicas y alergias

No existe ninguna evidencia científica que demuestre que una vacuna haya sido la causa o el desencadenante de una enfermedad crónica, y tampoco hay evidencia científica de que las vacunas provocan o empeoran enfermedades alérgicas, como el asma o el eccema, según afirma el COMB.

Los efectos adversos de las vacunas a menudo se silencian

La mayoría de las reacciones adversas a las vacunas «son leves y transitorias«, como dolor en donde se ha puesto la inyección o febrícula.
La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios es la responsable del sistema español de farmacovigilancia, encargado de evaluar y registrar las sospechas de reacciones adversas a vacunas en una base de datos común.

La disminución de las enfermedades infecciosas no se debe a las vacunas

Con la vacunación se evitan más de 35.000 casos anuales de enfermedades que afectaban a niños en Cataluña hace tan solo treinta años.
El COMB cita que la viruela se erradicó en el mundo el año 1979 gracias a la vacunación, cuando antes mataba a casi 5 millones de personas cada año, una situación parecida a la de la poliomielitis, que está erradicada en Europa desde el año 2002 y solo se dan casos en Pakistán y Afganistán.

Las enfermedades para las que nos vacunan son benignas

El sarampión causa un caso de encefalitis y un fallecido por cada mil diagnosticados, la meningitis meningocócica deja secuelas como sordera, amputaciones y problemas cognitivos a entre el 10 % y el 30 % de los casos y causa la muerte en un 10 %, y la difteria puede causar complicaciones cardíacas, renales y neurológicas, además de la muerte entre el 5 % y el 10 % de los afectados.

Estos ejemplos ilustran que las vacunas «protegen frente a enfermedades que pueden ser graves e incluso causar la muerte» y «las personas que no se vacunan no solo ponen en peligro su salud sino que pueden transmitir la enfermedad a otras personas vulnerables, como los bebés, las personas mayores o los pacientes inmunodeprimidos, que tienen un riesgo más alto de padecer complicaciones graves.

Tras las vacunas se esconden intereses económicos

No se puede relacionar beneficio económico con mala praxis, según el Colegio de Médicos de Barcelona, que indica que la industria farmacéutica «se ha regir por una ley de transparencia y los nuevos medicamentos han de ser evaluados por las agencias de regulación».