Las estrictas medidas que se han adoptado en España para prevenir la expansión del coronavirus han hecho que se ponga de relieve en los últimos días la importancia que tiene el equilibrio emocional, especialmente en un periodo de incertidumbre como este al que se suman el miedo al contagio y un confinamiento que podría prolongarse más allá de los 15 días añadidos hoy.

Esta situación, aseguran los expertos, puede ser perjudicial para quienes ya tuvieran algún tipo de patología o de trastorno psicológico, pero también puede afectar a muchas personas que hasta el momento gozaban de una buena salud mental, si no toman medidas para prevenirlo.

“Los síntomas de la depresión son, entre otros, dificultad para conciliar el sueño, falta de energía y concentración, sentimiento de inutilidad… Y con lo que estamos viviendo es fácil que entremos en ese tipo de ideas y sensaciones.

Por eso es importante mantenerse activo y motivado de dentro hacia afuera, y tomar medidas para proteger la mente y que los síntomas no deriven en ansiedad o depresión”, explica la psicóloga Raquel Errazquin.

Un miedo social «nuevo y racional»

En cuanto al extendido temor a contagiarnos o a contagiar a nuestros seres queridos, Errazquin puntualiza que es un miedo tan nuevo como “racional”.

“Recomiendo no hacer como que no pasa nada, porque sí pasa. Es un miedo consciente que implica una responsabilidad individual y que es un motor de cambio.

Se trata de poner medidas para sobrellevarlo y comprender que la incertidumbre que sentimos se hace por un bien mayor”, precisa la psicóloga.

Esa es, a su juicio, la clave para que personas sin problemas previos de salud mental puedan sobrellevar esta circunstancia tan imprevista: asumir que estamos haciendo “algo por nosotros y por los demás”.

También es conveniente hacer caso de otras recomendaciones como levantarse temprano -dormir más de la cuenta, dice, no conviene en estos casos-, tener una rutina de ejercicio físico e informarse con moderación.

“A mis pacientes les recomiendo al menos dejar el móvil de lado varias horas al día de forma pautada.

Técnicas de meditación o relajación.

Hay que establecer tratados de paz con uno mismo, tener paciencia y empatía”, añade Errazquín, que incide también en la importancia de sacar provecho de la tecnología para no dejar de lado las relaciones sociales.

En su opinión, esta crisis “brinda a la sociedad una gran oportunidad”, la de crecer emocionalmente y haber aprendido sobre más sobre uno mismo.

Podrían acentuarse los síntomas de ansiedad, estrés o pensamiento obsesivo

También lo cree la psicóloga Marisol Uceda, especializada en intervención en crisis, catástrofes y emergencias, que en estos días ha tenido que dar pautas concretas a algunos pacientes para que aprendan a tener precaución “sin cruzar la línea del pánico”.

En el caso de los pacientes que antes de que se decretara el estado de alarma ya estaban acudiendo a terapia por algún tipo de trastorno o enfermedad relacionada con su salud mental, es aún más importante que se tomen las medidas oportunas.

“Si su enfermedad está asociada con sintomatología de ansiedad, pensamiento obsesivo o estrés, hay más probabilidad que se acentúe.

Es conveniente no suspender las terapias”, advierte la psicóloga, que en estos días está realizando parte del seguimiento de pacientes por Internet.

No a todas las personas les afecta de manera grave esta situación, precisa, pero sí considera que en muchas se está dando un aumento de la sintomatología ansiosa, explica, un malestar que no tiene por qué llegar a ser patológico y que se debe en gran medida a la obligación de permanecer en casa.

Cuidar la salud mental es crucial en estos días

“El problema es que también se agrava la sintomatología en gente con miedos y con pensamiento catastrofista y les va a resultar más difícil ponerle tope al miedo.

El hecho de que haya que tomar precauciones hay gente que lo percibe como una catástrofe mucho mayor de lo que es la realidad”, añade Uceda, convencida de que la manera en que afecte la situación a muchas personas va a depender, en parte, de sus recursos personales y de su tejido social.

No es lo mismo permanecer confinado a solas que acompañado de la familia.

Las redes sociales y el teléfono están siendo una herramienta muy práctica, siempre que se evite, insiste también, «el estar permanentemente conectado a la información”.

“La sensación de claustrofobia que dice tener mucha gente es de algún modo ansiedad porque tenemos una prohibición.

Las personas en estos días van a tener que enfrentarse a sus propios miedos y a estar con ellas mismas porque no hay vía de escape”, subraya.

Por eso pide, al igual que Errazquín, que mientras dure el confinamiento no solo se preste atención y se cuide la salud física, sino también la mental.