Aunque la campaña para las elecciones generales del 10N no arrancará oficialmente hasta el 1 de noviembre, los partidos ya perfilan sus estrategias y ponen en marcha la maquinaria de campaña.

Reproches mutuos y una lucha por el relato sobre la culpa del fracaso de la pasada legislatura y el hecho de que el PSOE no lograra formar gobierno.

Ante el peligro de que aumente la abstención, las formaciones se postulan a su vez como la mejor opción para los votantes de ‘centro’.

El PSOE ha reunido este jueves a su Ejecutiva Federal para analizar la situación y afrontar la próxima campaña tras dar por perdida la investidura y la constatación del bloqueo político.

Su secretario de Organización, José Luis Ábalos, ha dado después las claves de las que será la campaña de Pedro Sánchez.

Los ejes empiezan por reivindicar la victoria del 28A, «usurpada» por Podemos y por el bloque PP-Cs, y mostrarse como la «izquierda útil» para canalizar una «mayoría rotunda» con la que nadie pueda «bloquear» un Gobierno progresista formado, en exclusiva, por el PSOE -Ábalos ha insistido en que la opción de la coalición fracasó después del tanteo de julio-.

Entre tanto, los socialistas mantendrán su mensaje, el de decidir sobre el «avance o el retroceso».

A diferencia entre la anterior campaña, donde PSOE y Podemos se guiñaban entre ellos y sus menciones mantenían un tono conciliador, la guerra entre ellos copa ya gran parte de los discursos con reproches cruzados.
Ambos aseguran que no temen la posibilidad de que el ex de Podemos Íñigo Errejón dé el salto a la política nacional.
Y mientras el PSOE carga contra el bloqueo de Podemos, éstos lo hacen contra la intención de mantener los «privilegios» propios del bipartidismo a los primeros.

Así lo exponía este jueves la portavoz parlamentaria de la formación morada, Irene Montero, en Los Desayunos de TVE.

Su discurso cuenta con un doble enfoque. Por un lado, incidir en que tras las crisis económica los «viejos partidos» no han asumido la nueva «realidad» del multipartidismo, que pasa por aceptar que los ciudadanos «piden» un Gobierno de coalición.

La otra parte que mantienen los dirigentes de la formación morada es la de ensalzar los «sacrificios» hecho en Podemos por las «excusas» del PSOE para una coalición, destacando el paso al lado de su propio líder, Pablo Iglesias, y trasladar la visión de que lo que ellos quieren no son «sillones», sino «cambiar la vida de la gente».

PP y Cs se alejan de Vox

Con un resultado en el que no se prevén mayorías absolutas y donde los partidos parecen condenados a entenderse para formar un Gobierno, el politólogo de la Universidad de Barcelona Jesús Palomar considera que PSOE, PP y Ciudadanos van a «confluir» en su lucha por el centro político para ganar más votantes.

Considera que quien lo consiga, «ganará las elecciones»: «No hay que olvidar que tanto PP como Cs regalaron el centro al PSOE al escorarse a la derecha en las pasadas elecciones para intentar ganar el espacio que Vox parecía ocupar».

También fuentes socialistas aseguran a EFE que el PSOE prepara un giro al centro para buscar el voto de los indecisos de Ciudadanos.

En el bloque de centro-derecha se dá un doble filo que pasa por alejarse de Vox.

Por un lado, demostrar que PP y Ciudadanos son partidos moderados capaces de negociar y evitar el bloqueo político del que culpan únicamente al líder socialista, Pedro Sánchez.

Pero por otro, ambos partidos tratarán de captar votantes del contrario y de Vox y de evitar la fuga de los suyos propios.

A las puertas de la sentencia del ‘procés’ y con la sombra de una nueva recesión económica, Cataluña y las políticas económicas centrarán previsiblemente gran parte de su discurso.

El propio Pablo Casado (PP) ha reconvertido su imagen tras el hundimiento popular del 28A -de 134 escaños a 66-  en la de la moderación.

Ha pasado de calificar como «felón» y «traidor» al líder socialista, Pedro Sánchez, a reunirse con él en las rondas de contactos y suavizar sus intervenciones públicas y en el Congreso.

Tras reunir este jueves a su grupo en el Congreso y en el Senado, Casado ha reclamado un voto constructivo que sirva para un «proyecto integrador y verdadero» y que, por tanto, no vaya «contra nadie» ni sea el del «miedo» o el de la «ira».

También ha prometido una campaña de «juego limpio» y «sin patadas». El PP insiste en incorporar a Ciudadanos en la marca ‘España Suma’ para repetir la fórmula que ha funcionado en comunidades autónomas como Madrid, Murcia o Andalucía, donde gobiernan en coalición.

El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, está también dispuesto a entenderse con Casado pero no renuncia a su marca, por lo que descarta cambiar sus siglas por las de ‘España Suma’.

Sin embargo, ha prometido que si suma junto al PP «un escaño más» que el bloque de izquierda, España tendrá Gobierno «en menos de un mes».

Tras reunirse también con su grupo parlamentario este jueves, ha pedido el voto para «conjurarse contra la jugada de Sánchez», a quien sitúa fuera del «constitucionalismo» que, a su juicio, necesita España.

Su giro en los últimos días del ‘no es no’ a Sánchez al ofrecimiento de una solución para la investidura da más argumentos a Rivera para negarse a pactar con el socialista y le permite reconducir una postura que le ha valido la fuga de varios dirigentes políticos.

Precisamente se desconoce si habrá reformulación de sus listas electorales. Tampoco Casado se ha postulado al respecto, mientras que PSOe y Vox han informado de que no habrá grandes cambios en las mismas, que se publicarán como tarde el 7 de octubre en el BOE.

Mientras, Vox busca diferenciarse de PP y Ciudadanos reprochándoles su «complejo respecto a la izquierda» por cuestiones como la «ideología de género».

Un ejemplo ha tenido lugar este jueves, cuando el portavoz parlamentario de Vox, Javier Ortega Smith, ha acudido al minuto de silencio por la mujer asesinada por su pareja con una contrapancarta que afirma que «la violencia no tiene género».

La batalla independentista a las puertas de la sentencia del ‘procés’

Los partidos nacionalistas catalanes librarán su propia batalla para liderar el independentismo en una campaña condicionada por la inminente sentencia del ‘procés’, que se espera para mediados de octubre.

El discurso sobre el «derecho a la autodeterminación» y la existencia de «presos políticos» sigue centrando el discurso de JxCat y ERC.

Sin embargo, las diferencias entre ambas formaciones se agranda cada vez más a raíz de sus discrepancias en Cataluña, donde gobiernan en coalición sin haber podido ponerse de acuerdo para sacar adelante los presupuestos autonómicos, y donde no se ponen de acuerdo sobre la conveniencia o no de convocar elecciones autonómicas.

Este jueves, la portavoz parlamentaria de JxCat, Laura Borrás, ha considerado que «sería mejor» que los presos independentistas no concurrieran a las generales, como sí hicieron en las del 28A.

No está de acuerdo, sin embargo, el presidente de la entidad independentista Òmnium Cultural, Jordi Cuixart.

A su juicio, la sentencia del Supremo, que puede suponer la inhabilitación de los presos, no debe suponer «ningún freno, sino todo lo contrario».

Tras fracasar en las pasadas elecciones la idea propuesta por el expresidente catalán huido a Bélgica Carles Puigdemont, de una confluencia –‘Crida per la República‘- que aunara a las fuerzas independentistas, ERC y JxCat volverán a concurrir por separado.

Esquerra espera, sin embargo, volver a liderar el independentismo como hiciera en las generales del 28 de abril y en las autonómicas del 26 de mayo.