La repetición de la idea central, exagerada y simplificada, de la unidad contra la amenaza revolucionaria fue el leitmotiv de la propaganda política derechista.

El editorial del periódico El Debate del 10 de enero afirmó que, tras vencer inicialmente al principal enemigo (que había sido la posible formación de un partido de centro desde el Gobierno), aparecía entonces el otro enemigo verdaderamente fuerte.

Si aquéllos eran los cómplices, importaba vencer ahora a la revolución, encarnada en las fuerzas marxistas.

Octubre era una realidad bien firme ante la que no cabía más que la unidad. Pero ¿qué significaba «Octubre» como símbolo? La estereotipación confirió a aquellos sucesos de 1934 un sentido general de amenaza y destrucción del ser de España a manos del marxismo para imponer la dictadura del proletariado:

«Podemos apreciar entonces que España está amenazada en su propio ser por las hordas marxistas, deseosas de poder cumplir la promesa que significa el octubre rojo de 1934.

Para ellas octubre es un símbolo y un anhelo fervoroso. Pero octubre es la negación de España, es la destrucción de todo espíritu de civilización, es el ataque brutal a la sociedad en sus propios fundamentos».

«Frente a las elecciones», El Debate, Madrid, 10-I-1936.

Octubre significa la persecución sangrienta de la Religión, que en su fecundidad nos ha ofrecido nuevos mártires de Cristo.

Octubre es la anarquía frente a los más elementales principios de orden social. Octubre es la depredación y la ruina; es la negación de la familia; es el triunfo de los profesionales de la revuelta, explotadores de la ignorancia de la masa.

Octubre es el grito de rebeldía contra la Patria, que encuentra el eco vergonzoso de la insurrección de Cataluña como Estado independiente. Octubre no es más que la realización práctica de los postulados marxistas. Es el intento decidido de imponer la dictadura del proletariado».  «Alta traición», ABC, Madrid, 11-I-1936, p. 17.

La propaganda empleó el procedimiento de «asociación» como estrategia emocional persuasiva; es decir, presentó juntos dos estímulos: uno, como fue la imagen de la «revolución de Octubre», con un sentido negativo muy marcado; otro, que no tenía ningún valor asociado directamente al anterior, pero que la frecuencia con que ambos se presentaban juntos hacía que el valor del primero se transmitiera al segundo.

Este fue el caso del editorial que publicó el periódico ABC el 11 de enero, titulado «Alta traición». El artículo asoció este delito de alta traición a la patria con ciertas actuaciones en momentos aparentemente de paz.

El «enemigo» empleaba medios subrepticios de captación o de injerencia en la política para torcerla conforme a sus designios o para crear un «caos» revolucionario que debilitara el Estado. Ello ocurría por estar al servicio de poderes extranjeros:  «Alta traición», ABC, Madrid, 11-I-1936, p. 17.

«Delito de alta traición es aliarse con poderes extranjeros pretextando defender ideas contrarias a las de otros grupos nacionales. Delito de alta es aceptar dinero y jefes de allende las fronteras y ser esclavo, cipayo, espía, cómplice y mano ejecutora de gente exótica y de planes desmembradores».

El uso retórico de estos disfemismos entrañaba una operación de «extrañamiento» del «enemigo interno», aun español, de lo patrio por estar al servicio de la injerencia de Moscú y la Internacional Comunista:

« Moscú está dirigiendo a los extremistas (españoles de nacimiento, no de sentimiento). Los « camaradas » del Komitern envían las consignas, los fondos y las instrucciones tácticas. Aquí los serviles al sovietismo ruso las ponen en práctica sin discutirlas, aunque significan el “ finis Hispaniae ”, la caída sin remedio en la barbarie y la secesión »16.

El periódico Die Wahrheit (La Verdad, y no Die Waherhit) fue un semanario judío que se editó en Vie (…)

El editorial difundió las supuestas órdenes del Komitern para los agentes de España, que había publicado el periódico Die Waherhit.

Tales consignas eran: llegar a la unión sindical con las organizaciones sindicalistas, pues éstas eran fácilmente desbordables una vez se obtuviera el triunfo.

Lograr un acuerdo electoral con los republicanos de izquierda.

Imponer condiciones postelectorales para facilitar un rápido triunfo del comunismo mediante el total dominio del poder. Cesar los ataques y las campañas violentas contra la pequeña burguesía durante el período electoral para evitar los recelos de los republicanos. Extremar la violencia contra la Iglesia católica, los partidos y los hombres de derecha, sirviéndose de los periódicos republicanos de la propia burguesía.

Vigilar las combinaciones electorales para evitar candidaturas que pudieran ser filtraciones.

Mantener en constante agitación las zonas fabriles y las organizaciones campesinas.

Sobre la idea de «unión sagrada», que supera las diferencias en aras a la defensa común de la nac (…)

Esta imagen de la revolución fue reiterada constantemente, apelándose a la fórmula de la « unión sagrada » (como estela del movimiento de fusión política de los franceses de todas las tendencias en el verano de 1914).

En la columna titulada « Frente a la revolución », que el pintor y colaborador de Acción Española Álvaro Alcana Galiana publicó el 15 de enero como colaborador habitual del diario ABC, se llamaba a la « unión sagrada de todos los valores nacionales » para salvar la existencia misma de España frente a la « coalición de la Antipatria », que dirigían los agentes de la « Internacional revolucionaria », puesto que el peligro era verse sometidos «al yugo de la esclavitud marxista » :

« Frente a la revolución », ABC, Madrid 15-I-1936, p. 3.

«El Ejército internacional de la Antipatria se apresta de nuevo de nuevo para otro asalto al Poder, a fin de saciar después sus feroces instintos de venganza y de rapiña.

En sus vanguardias figuran esos desamparados republicanos izquierdistas del bienio, que, con tal de verse ahora encasillados, están dispuestos a actuar de efímero Gobierno Kerensky y abrirle las puertas a la revolución.

Jalea a este insignificante grupo que pretende “rescatarla República”, esa vocinglera Prensa burguesa, pero antipatriótica y disolvente, que desde los tiempos del ¡Maura, no! y del ¡Ferrer, sí!, envenena a las masas lucrándose en el turbio negocio de la agitación revolucionaria.

Y tras este camuflage viene el verdadero ejército socialista rojo de mano de los comunistas y anarco-sindicalistas y toda la horda de asesinos, incendiarios y bandidos, que anhelan repetir en grande las salvajadas de Asturias.

Este conglomerado de la Internacional III recibe inspiraciones y dinero de la poderosa liga judaico-masónica-marxista que va alargando sus ávidos tentáculos por los Estados de la cristiandad ».

La teoría de la conspiración, que amalgamaba a judíos, masones y marxistas en un poderoso grupo «oculto», fue presentada como el origen de la amenaza revolucionaria también en España.

La injerencia de la masonería internacional fue denunciada en el diario La Época, periódico monárquico que se aproximó a Acción Española, como publicó en su editorial de ese mismo día 15 de enero :

« No se trata ya de aquella masonería romántica del primer tercio del siglo XIX, sino de una masonería siniestramente actuante contra la civilización cristiana contra dos mil años de cultura.

Por una serie de inhibiciones contra las que reacciona valerosamente el fondo milenario de España, la masonería ha plantado sus tiendas sobre la piel de toro, justamente cuando ha sido desalojada de otros países (Alemania, Portugal, Italia, Turquía) al soplo recio de recuperaciones nacionales.

Cualquier país que parte para la reconquista de su propio espíritu, desplaza como primera medida a las logias, enemigas de todo lo nacional y fuerte, satánica polarización del espíritu del mal, de la destrucción y de la negación

En sus manos está hoy España, con declarado cinismo. De las logias extranjeras parten consignas y “ hermanos ”: se eleva aquí a los puestos de mayor responsabilidad histórica a los masones más calificados y funcionan a toda presión “tenidas” y “conventos” en que el nombre de España circula como una golosina para las fauces del monstruo.

Se trata de adueñarse del baluarte occidental de la civilización y de la cultura mediterránea. Es el único campo libre de occidente.

« Frente a las elecciones », El Debate, Madrid, 10-I-1936.

Sobrecoge pensar en la perversidad o en la imbecilidad de los españoles que son capaces de abrir el portillo para que penetre en España el virus de la masonería internacional, que es a la postre abrir la puerta de la fortaleza al enemigo y cometer el más odioso de los delitos : el de traición a la patria ».

La difusión del manifiesto del Frente Popular, suscrito el 15 de enero y que se publicó al día siguiente en El Socialista, fue la prueba que se adujo sobre las verdaderas intenciones de los partidos firmantes.

El editorial del diario católico La Cruz, de Tarragona, del 17 de enero, volvía a simplificar el sentido de la votación.

El artículo comentaba que si en las elecciones del 12 de abril de 1931 se votó la transformación política, en esas elecciones del 16 de febrero se dilucidaría sobre revolución o contrarrevolución en un «choque legal entre el ser y el no ser, entre dos culturas, entre España y anti-España».

Era la hora de votar a España o a Rusia, tesitura en la que se buscaba crear un «movimiento nacional» con todos los que sintieran el patriotismo.

En la misma portada de ese número del periódico se afirmó que el manifiesto de las izquierdas era el anuncio de «una horrible hecatombe», en la que ni la vida ni la hacienda serían respetadas, y que todo quedaría expuesto a la «Dictadura roja», que suplantaría a la republicana.

Según la redacción del ABC, que tituló «Cartel revolucionario» el editorial del periódico de 17 de enero, los fines del programa pactado eran legitimar y recompensar la revolución de Octubre y continuarla en el poder, si lo conquistaban los coaligados.

El compromiso de aprobar una amnistía y reformar la Ley de Orden Público evidenciaban esos fines, como también la intención de devolver la autonomía a Cataluña.