Ante el actual bloqueo político, algunos agitan la posibilidad de nuevas elecciones generales como una amenaza. ¿Desde cuándo elegir a nuestros representantes es un problema? Durante el franquismo nos pasamos cuarenta años sin votaciones y, a lo peor, echamos de menos el que sean otros quienes decidan por nosotros.

Votar las veces que haga falta para esclarecer la voluntad popular es, en principio, un acierto, aunque en el ínterin no haya Gobierno o, en el mejor de los casos, un Gobierno en funciones, como el actual. Le pasó lo mismo a Rajoy, antes de ahora, con sus sucesivas investiduras fallidas, y sin embargo hemos llegado hasta aquí.

Si alguien tiene aún alguna duda, que les pregunte si no a holandeses o belgas, demócratas de primera, según decimos, porque Bélgica ha llegado a ostentar, no hace tanto, el récord de 225 días sin Gobierno. ¿O es que preferimos estar con dos (o tres) Gabinetes enfrentados miliarmente, como Libia, o vivir bajo la férula autócrata del coreano Kim Jong-un?

En el otro extremo, Italia llegó a tener 65 Gobiernos en el medio siglo posterior a la II Guerra Mundial, es decir, uno cada 8 meses. Y eso no le ha impedido poseer una economía fuerte, un régimen de libertades y ser uno de los países importantes de la UE.

En cualquier caso, unas nuevas elecciones clarificarán las cosas de quién está sobrerrepresentado y quién no, de quién está perdiendo el favor de los electores y quién lo gana. Eso le favorecería a Pedro Sánchez, quien subiría quizás hasta la mayoría absoluta en unos próximos comicios, y al PP, cansado el personal de tanto nuevo partido que, según apreciación de muchos votantes, no hace más que enredar.

Todo es posible.