Lo peor de cada casa

Durante la semana que termina, a los españoles les ha sido dado vivir una polémica nacional, un “todos contra todos”, en el que las autonomías y los partidos se han visto envueltos en un despiadado debate a cuenta de la financiación. Lo peor de cada casa ha salido a relucir.

Si nos atenemos a lo escuchado, si nos olvidamos de la parte de simulación y teatralidad que sin duda hay en el perverso juego, pocas veces ha estado tan en entredicho el proyecto constitucional de España como esta semana. Porque las autonomías, a cuenta de la financiación que hay que cuadrar para el ejercicio de 2014, han dado un triste espectáculo. Donde todo, al final, ha sido puesto en tele de juicio.

Comenzó, si es que queremos ponerse un principio al asunto, el presidente de Extremadura. Aliado a Izquierda Unida para gobernar, lo que no deja de ser una estrambótica rareza, el señor Monago anunció una bajada de impuestos, pretexto que utilizó, desde un populismo pocas veces visto, para señalar a las autonomías que “no han hecho los deberes” como los ha hecho él en su región. Su jugada es limpia y legal: en el tramo del IRPF que le corresponde, puede aumentar o reducir la cuota. Y alentado por un excedente no previsto, ha anunciado que los extremeños pagarán algo menos este año.

Son unos pocos euros, no llega a 40, por familia. Pero con eso se pueden hacer verdaderas maravillas en el plano de la propaganda. Y al mismo tiempo… incendiar un bosque en el que Mallorca y Cataluña han puesto el grito en el cielo, Valencia ha protestado y todo el gallinero de las autonomías, con las nacionalistas en primera línea, han calentado el ambiente hasta extremos pocas veces visto. Los que pagan y los que cobran, los que se sienten mal financiados y los que de verdad han tenido exceso de protección, subdesarrollados y desarrollados… todos, tanto los que dan como quienes toman, se han sentido en la necesidad de  decir la suya, que nunca ha sido la más bella.

La prensa regional ardía un día tras otro, azuzando agravios. La oposición ponía retos sobre la mesa. En Valencia, el PSPV-PSOE llegó a poner sobre la mesa de les Corts la hipotética reclamación de una deuda histórica de 11.000 millones de euros que, como es más que natural, el presidente Fabra no ha querido reclamar con la explicación (pretexto para quienes se le oponen), de que no es el momento adecuado para una cuenta de ese tipo.

Cuando no hay harina, todo es mohina. Al final de la semana, por si faltaba algo, el PSC, que cada vez está más alejado de la corriente general del socialismo, formulaba un envite a la mayor: lo que hay que hacer es reformar el cuadro entero, empezando por eliminar los privilegios fiscales del País Vaso y Navarra, origen de todos los males, recelos, ejercicios de perversa comparación de la España más llena de agravios que hemos podido configurar desde la Constitución de 1978.

Curiosamente, el socialismo catalán ha venido a entroncar una parte de la opinión nacionalista española. Aunque fue Franco el primero que consagró ese modelo, y lo mantuvo durante toda la dictadura, la foralidad vasca y navarra repele en los sectores más integristas de la derecha española. Pero esa forma de ver y entender una nación justamente financiada ha recibido miles de nuevos adeptos, procedentes del centro o incluso de la izquierda. Que ven el sistema como una antigualla medieval que debe ser desterrada por injusta.

Con la prensa regional llena de tablas comparativas, con páginas dedicadas a glosar cuadros, nuestra Valencia resultaba malparada, mal financiada, se tomara el modelo que se quisiera consultar. Y, claro está, se pedía más energía y menos tibieza en la Generalitat y en el partido que la gobierna, en un proceso de aumento del ruido muy pocas veces contemplado. Del que se deduce, sin duda, que nos estamos acercando a la necesidad de una reforma de la Constitución, también en este peliagudo campo… aunque el clima, desde luego, nos señala que no hay, ni de lejos, el ambiente de consenso que hizo posible que los constituyentes de 1977 encontrasen campos de acercamiento, no vamos a tenerlo en los próximos lustros.

Ácido, desagradable, malencarado, el panorama nacional va a requerir que el pulso de Rajoy, su templanza de Don Tancredo, haga el milagro. ¿Le va a ayudar el ministro Cristóbil Montoro, que descalifican todos los diarios que  quieren llevar el estandarte de todas las autonomías agraviadas? A lo mejor, sí. A lo peor es esa medicina, la de la estaca, la que se acaba imponiendo en el patio de vecinos gritones. Aunque se ha hecho obvia una realidad: aunque en los partidos existan todavía los miedos ancestrales a plantar cara a los privilegios vascos y navarros, la opinión pública está perdiendo el respeto y empieza a decir lo que también debe ser dicho.

PACTO EUROPEO.- Curiosamente, este griterío, esa exhibición de “lo peor de cada casa”, se ha dado en la semana en que PP y PSOE han escenificado un pacto de Estado para acudir a la cumbre europea de finales de mes con la doble fuerza política que da la suma parlamentaria de las dos formaciones. Ese tipo de salidas políticas, que debería haber estado en uso normal desde que en 2008 empezó la crisis a bandearlo todo, ha resultado ser, paradójicamente, el hazmerreir de todos los editoriales y comentarios. Se ha dicho, y es verdad, que el PP no necesita que el PSOE le ayude a nada. Pero se ha dicho mucho más: que era versallesco y teatral, que era pastelero y cursi el romance parlamentario entre dos líderes que se prodigaban besos para pedir a Europa que aplique políticas de incentivo al empleo. Y al final, el observador, piensa también que el encono popular a los partidos es el que propicia tanta chacota.

CANDIDATOS.- Durante estos días han comenzado a proliferar los rumores y comentarios sobre gente nueva y joven del PP que podría estar postulándose en el palenque de la sucesión al presidente Fabra. No ha sido inocente, en ese sentido, la reaparición de Eduardo Zaplana, que ha empezado a ejercer como el “consejero” no llamado de la presidencia. Del mismo modo que Aznar ha levantado una opción crítica ante Rajoy, Zaplana persigue hacerlo con el presidente Fabra, según parece.

REPUBLICA.- Finalmente, la broma semanal. Nos referimos a la escisión que ha habido en las filas del socialismo, en las Cortes Valencianas, cuando cinco diputados han votado a favor de una proposición de la izquierda en la que se pondera la República Española. El debate sobre el tradicional republicanismo del PSOE es la guinda que le faltaba a un partido desorientado, negativista, desnortado y cada vez más desconectado de la realidad a la que los valencianos aspiran.

HAMBRE.- Todo cuanto vemos comentando, desde el debate autonómico al republicanista, se ha dado en una atmósfera donde la Casa de Caridad, el Banco de Alimentos y otras muchas instituciones que trabajan en silencio a favor de los necesitados están dando crecientes voces de alarma en torno a la extensión del hambre en nuestros pueblos y ciudades. Es demagógico, sí, señalar que los políticos andan perdiendo mucho tiempo en asuntos superfluos. Pero el periodista, si quiere ser medianamente ecuánime, no debe dejar de consignarlo. Hay hambre y algunos están perdiendo el tiempo.